Marta Ortega y Crlos Torretta llegando al Club Náutico de La Coruña - EFE/ Vídeo: EP

Marta Ortega y Carlos Torretta, una boda en blanco y negro

Se dieron el «sí, quiero», al mediodía de ayer, en la casa coruñesa de Amancio Ortega. Por la noche, la pareja reunió a 400 amigos en el Real Club Naútico. Hoy continúan los fastos nupciales en Casas Novas

La CoruñaActualizado:

Con el horizonte salpicado de los mástiles del puerto deportivo de La Coruña y el sol rompiendo en las fachadas de piedra y galerías blancas del paseo de la Dársena, Marta Ortega y Carlos Torretta se dieron ayer el «sí, quiero» sobre las 13.00 horas. Unos 50 invitados se congregaron en la casa del Parrote de Amancio Ortega para ser testigos de un emotivo «sí, quiero» pronunciado ante el notario, Francisco Manuel Ordóñez, el guardián de los secretos patrimoniales de la familia. El trasiego de operarios, curiosos y fotógrafos era patente desde primera hora de la mañana. Unos minutos antes de las doce se abrían los portones negros de la vivienda. Salían en este momento tres jóvenes perfectamente uniformados con abrigo oscuro, sombrero de copa, guantes de cuero y paraguas, a pesar de los 20 grados que marcaban los termómetros y los cielos completamente despejados. Los paraguas no estaban destinados a proteger a los invitados de la lluvia, sino de los flashes de los fotógrafos. El ritual se repetía una y otra vez. Al acercarse una furgoneta o vehículo con los cristales tintados a las puertas de la casa, los azafatos creaban un pasillo de paraguas blindando a los invitados y colmando la paciencia de los reporteros que se disponían a retratarlos. Los esfuerzos para preservar la privacidad han sido mayúsculos y todos los involucrados en los preparativos han firmado contratos de confidencialidad.

De los primeros en llegar, el cocinero Pepe Solla, encargado de diseñar el almuerzo servido en la casa tras el enlace. Posteriormente, aparecían Loli Ortega -sobrina de Amancio Ortega- con su marido, Juan Carlos Rodríguez Cebrián, y el hijo de ambos, Antonio, entre otros familiares. Por parte del novio, se dejaron ver el conocido decorador Pascua Ortega, así como sus padres, Roberto Torretta y Carmen Echevarría, o su hermana María Torreta y su marido Javier Rey. El matrimonio Torretta, muy cordial a su llegada, sonrió a los medios, aunque de nuevo el equipo de seguridad de la puerta les instó a entrar rápidamente a la casa. Las mujeres de la familia del novio lucieron creaciones de Roberto Torretta, mientras que Massimo Dutti vistió a los niños presentes en la ceremonia y a los testigos por parte de la novia. A la una menos veinte, accedió el notario por el garaje, para oficiar la boda en separación de bienes.

Los novios, así como Amancio Ortega y Flora Pérez, durmieron en casa, por lo que no se les vio acceder. Hubo que espera hasta la cinco de la tarde para que el equipo de comunicación de Pontegadea distribuyese las primeras imágenes de los recién casados, firmadas por el alemán Peter Lindbergh. Grande entre los grandes de la fotografía de moda, contribuyó a asentar el fenómeno de las supermodelos en los años 90 y Marta confió él para este día.

La novia vestía un diseño exclusivo de la firma Valentino diseñado por Pierpaolo Piccioli y unos salones escotados de piel en el mismo tono que el vestido. Marta llevaba como únicas joyas su anillo de pedida y unos sencillos brillantes rosas como pendientes. En su muñeca, un hilo azul cumplía con la tradición de llevar algún detalle en este color. Y el maquillaje lo dejó en manos de Pablo Iglesias, uno de los más demandados por las estrellas de cine. El novio apostó por un traje clásico en color azul medianoche, confeccionado a medida por una sastrería de Savile Row. El ramo de novia, obra del florista francés Thierry Boutemy, estaba inspirado en los colores de la naturaleza gallega. Discreto y rico al mismo tiempo, es más un ejercicio vegetal que floral. Según el propio Boutemy, el concepto del ramo era «una referencia a Marta, a su sensibilidad natural y su conexión con la naturaleza».

Sobre las siete y media de la tarde, la actividad se trasladó a 300 metros de la casa de los Ortega, al Real Club Náutico de La Coruña. Dos hileras de faroles formaban un pasillo por el que fueron desfilando los casi 400 invitados, que aterrizaron en la ciudad herculina entre el jueves por la noche y el viernes por la mañana. Entre ellos estaban, el presidente de la Xunta Alberto Núñez Feijóo y su mujer, Eva Cárdenas; Pablo Isla, presidente de Inditex; la modelo Eugenia Silva con su marido Alfonso de Borbón; Jon Kortajarena; Marco Severini, Alonso Aznar, Carlos Cortina Lapique, Rosauro Varo y Amaia Salamanca; Rafael Medina, acompañado de su mujer, Laura Vecino; Athina Onassis o Sofía Sánchez de Bétak, más conocida como Chufy y quien, por cierto, se le había olvidado el vestido antes de tomar en avión con destino a La Coruña.

La mayoría se hospeda en los hoteles NH Finisterre o NH Atlántico y a su llegada las habitaciones se encontraron con un exclusivo estuche de cuero con un pintalabios, recargable, de La bouche rouge y que lleva las iniciales MC (Marta y Carlos). Además han dejado un libreto, en el que como buenos embajadores de La Coruña, invitan a descubrir la «ciudad en la que nadie es forastero», con la Torre de Hércules, Picasso y «la revolucionaria María Pita» en primer plano.

Durante el cóctel en el Náutico degustaron las creaciones del gallego Javier Olleros, de Culler de Pau, y Ricardo Sanz, de Kabuki. En sus propuestas para esta ocasión destacó el protagonismo de los vinos blancos gallegos. El ambiente musical estuvo a cargo de tres grupos de jóvenes artistas: The Bluebirds, Watermat y Sam French.

Los fastos continúan esta tarde en el club hípico de Casas Novas, donde la fiesta se prolongará hasta la madrugada. El broche final a una historia de amor que comenzó en 2016 y ahora abre un nuevo capítulo.