EFE

Los Hannover se dan una tregua en la boda limeña

Ernesto de Hannover reaparece en el enlace de su hijo Christian, tras sus notorios desencuentros familiares por la gestión del patrimonio de la Casa Güelfa

MADRIDActualizado:

El Príncipe rebelde ha vuelto a escena. El incorregible Ernesto de Hannover, de 62 años, amante de la vida ociosa y el bebercio, ha interrumpido su larga y misteriosa reclusión. Hastiado de la constante persecución de los fotógrafos, el cabeza de la Casa Güelfa decidió hace algo más de una década que no quería seguir viendo sus andanzas diseccionadas día sí día también en la prensa. Sus diez años de convivencia marital con Carolina de Mónaco le colocaron en el foco mediático. Ella ponía el glamour y él los títulos. Tras su separación en 2009 -aunque nunca firmaron los papeles de divorcio- desapareció del mapa. Solo trascendió alguna escapada a Ibiza y algún titular de la prensa alemana alertando sobre su estado de salud. Costaba encontrar una imagen reciente de él. Ni siquiera la boda de su primogénito Ernesto Jr. y la diseñadora de origen ruso Ekaterina Malysheva, el pasado mes de julio, propició su esperada reaparición. Tampoco se presentó en el enlace civil de su segundo hijo Christian de Hannover y Alessandra de Osma en Londres en noviembre. El pasado viernes, por fin, regresó al primer plano.

Melena despeinada, mofletes rojizos y la misma mirada pícara y de bon vivant que exhibía antaño. Ernesto de Hannover ha reaparecido en Lima para asistir al enlace religioso de Christian y Alessandra. Sin duda, la gran sorpresa de la ceremonia puesto que muy pocos contaban con su presencia. El pasado viernes ya se le pudo ver a la entrada del restaurante Osaka, ubicado en el céntrico distrito limeño de San Isidro, donde se celebró una cena previa al enlace. Y este viernes, enfundado en su chaqué y unas llamativas gafas de sol, que igual ocultaban algún nuevo exceso nocturno, volvió a desfilar ante las cámaras a la entrada de la basílica menor y convento de San Pedro para arropar a Christian, el segundo de los dos hijos que tuvo con la suiza Chantal Hochuli, quien llevó del brazo al novio al altar.

Ernesto de Hannover en la boda de su hijo Christian
Ernesto de Hannover en la boda de su hijo Christian - EFE

Las más pequeña del clan Hannover, Alexandra, -la hija de Carolina de Mónaco y Ernesto- ejerció de dama de honor, al lado de la novia en todo momento y se encargó de llevar la cola. La joven de 18 años, a la que irremediablemente comparan con Carlota Casiraghi, acudió con su novio, el jugador de baloncesto Ben-Sylvester Strautmann.

Difícil reencuentro

La asistencia de Ernesto de Hannover a la boda no sólo supone su regreso al primer plano, sino que además escenifica una suerte de tregua familiar. Ernesto de Hannover se enfrentó el pasado año públicamente a su primogénito y heredero, Ernesto Jr. Se opuso rotundamente a su matrimonio con Ekaterina y anunció que iniciaría acciones legales para recuperar todos los bienes que le cedió en 2005, entre ellos el castillo de Grünau en Austria, el castillo de Marienburg en Alemania y otras propiedades. «No ha sido fácil tomar esta decisión porque involucra a mi hijo. Pero me he visto obligado a hacerlo porque está en juego la preservación de los intereses de la Casa de Hannover, incluidos valiosos bienes culturales que son propiedad de la Casa desde hace siglos», declaró entonces.

Ernesto Augusto teme que en caso de un hipotético divorcio de su hijo, parte de los bienes de la Casa Güelfa queden en manos de Ekaterina Malysheva. Pero además, de alguna manera se sintió destronado en vida. En 2012, le destituyeron como presidente de la Fundación Herzog von Cumberland para poner en frente a Ernesto Jr. Le duele que los miembros de la fundación y su familia le hayan dejado de lado. Ante este complejo panorama, nadie contaba con Ernesto de Hannover en la ceremonia. Ayer volvió a mirar de frente a ese hijo, que según él, le ha apartado de la primera línea de la Casa Güelfa, una de las familias más antiguas y encumbradas de la realeza del Viejo Continente.

La modelo Kate Moss también acudió como invitada
La modelo Kate Moss también acudió como invitada - EFE

Ernesto Jr. acudió sin su mujer Ekaterina Malysheva, pues hace sólo unos días daba a luz a su primer hijo. Entre la nómina de invitados royals destacó la presencia de Beatriz y Eugenia de York, Marie Chantal y Pablo de Grecia con su hija Olimpia. Se echó en falta la presencia de Andrea Casiraghi y Tatiana Santo Domingo. Desde España viajaron algunos de los amigos de los contrayentes, como Tamara Falcó, Luis Medina, Luis Yanguas y Alejandra de Rojas.

Los fastos de la boda se prolongarán durante todo el fin de semana y los Hannover, al completo, brillan como una de las familias aristocráticas más nobles de Europa. Con razón, la astuta Carolina de Mónaco se resiste a firmar el divorcio que le despojaría de su título de Alteza Real la Princesa de Hannover.