Carolina y Alberto de Mónaco a su llegada a la gala
Carolina y Alberto de Mónaco a su llegada a la gala - EFE

El genio de Karl Lagerfeld se hace presente en el Baile de la Rosa de Mónaco

El modisto alemán, recientemente fallecido, es el protagonista de una velada inspirada en la Riviera italiana y con la que se abre la temporada de primavera en el principado

Actualizado:

El Baile de la Rosa, con el que se abre la temporada primaveral en Mónaco y la Costa Azul, cerró la noche del sábado una página de su historia reciente: la escrita por Karl Lagerfeld, encargado en los últimos 20 años de inspirar y diseñar la puesta en escena de uno de los grandes acontecimientos de la jet set internacional.

El genio creador del «káiser de la moda», fallecido en París el pasado 19 de febrero, se notó en cada rincón de la Sala de las Estrellas del Sporting Club de Montecarlo, engalanada a la manera de los años dorados de la Riviera italiana, tal y como el modisto alemán pergeñó antes de su fallecimiento para esta 65 edición.

Sería su última colaboración con su fiel amiga y musa, Carolina de Mónaco. La princesa, vestida de negro y rosa, mantuvo el gesto serio y melancólico a su llegada al Sporting Club, junto a su hermano Alberto II. La Princesa Charlene de nuevo fue la gran ausente en una velada cuyo protagonismo absoluto es de Carolina.

Dimitri Rassam, Carlota y Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo
Dimitri Rassam, Carlota y Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo - EFE

El homenaje a Lagerfeld, con una clamorosa ovación de los presentes, no solo ha supuesto el cierre de una época, sino también la confirmación de las estrellas ascendentes del firmamento monegasco: los cuatro hijos de Carolina. Los tres hermanos Casiraghi –Andrea, Carlota y Pierre–, acompañados por sus respectivas parejas –Tatiana Santo Domingo, Dimitri Rassam y Beatrice Borromeo. También la más pequeña, Alejandra de Hannover.

Sucedió en 1954

Este baile es una ya larga tradición desde 1954, año de su primera edición, cuando Henry Astric, director artístico de la Société des Bains de Mer, fue el maestro de ceremonias. En aquel entonces apostó por un programa clásico, con valses, así como por una decoración cargada de rosas rojas. El éxito fue rotundo.

Más tarde, Gracia de Mónaco hizo suya la idea cuando se instaló en el principado, tras abandonar su carrera en Hollywood y contraer matrimonio con Rainiero III en 1956. En 1977 se introdujo un hilo conductor estético –en la decoración, las invitaciones, la banda sonora...–, que desde entonces ha pasado por el charlestón, Marruecos, Manhattan o la secesión vienesa.

Un cuento pop

Este primer Baile de la Rosa, sin Lagerfeld, estuvo dominado por su «espíritu» y la puesta en escena de una Riviera pop y cinematográfica, en el alba del nuevo esplendor que siguió al matrimonio del Rainiero y Gracia. Un Mónaco tocado con el aura de un legendario ladrón de joyas –Cary Grant, filmado por sir Alfred Hitchcock–, cuando el rock todavía era una musiquilla de acomodados adolescentes poco rebeldes. La Riviera imaginada por Lagerfeld para esta primavera es un cuento de hadas pop.

Carolina de Mónaco mostró un gesto melancólico
Carolina de Mónaco mostró un gesto melancólico - EFE

Fallecido el «káiser de la moda», su leyenda será muy perdurable, pero su «puesto» como hombre orquesta de este acontecimiento queda provisionalmente libre. Aunque la Princesa Carolina pudiera ser su «heredera» natural frente a la creciente influencia de Charlene de Mónaco como «consejera» de su esposo, el Príncipe Alberto.

Alejandra de Hanover con sus hermanos y sus respectivas parejas
Alejandra de Hanover con sus hermanos y sus respectivas parejas - EFE

Entre todos los nietos de Gracia de Mónaco, los hijos de Carolina ocupan, quizá para siempre, el puesto de honor que les corresponde en el ranking protocolario y a través de su linaje paterno. Los Casiraghi son una de las grandes fortunas de la Italia del norte, tan próxima a la Casa de los Grimaldi, los aristócratas italianos que conquistaron el peñón de su futuro principado a punta de espada siete siglos atrás.

El «reinado» de Carlota

En ese marco familiar, Carlota Casiraghi está llamada a ocupar un puesto luminoso y central. Ella es, desde hace años, la animadora de otra cita clásica: las jornadas filosóficas de Mónaco-Montecarlo. Si el Baile de la Rosa es un jalón canónico en la temporada primaveral del glamur de la Costa Azul, las jornadas filosóficas concebidas por Carlota son un must que el Príncipe Alberto II cuida con mucho mimo. Se trata de «abrir» Mónaco a «nuevas imágenes» para el siglo XXI, de la ecología «bien entendida» –y compatible con una ampliación urbanística en las fronteras marítimas del principado–, a la filosofía más «humanista». Anoche, se lució como una estrella del Hollywood dorado y evidenció que entre ella y Rassam no hay crisis de pareja, pese a la repentina cancelación de su boda.