Brigitte Macron
Brigitte Macron - AFP

Brigitte Macron, víctima de los chalecos amarillos

La «moda» de la franquicia se ha transformado en una pesadilla para la primera dama de Francia

Corresponsal en ParísActualizado:

Desde el estallido de la crisis, a mediados del mes de noviembre pasado, el amarillo ha comenzado a «desteñir» de mala manera en la vida diaria y familiar de la esposa del presidente de la República.

Brigitte Macron solía salir de compras, los sábados, sola o acompañada, escoltada, siempre, por su servicio de seguridad personal. Costumbre abandonada sine die: los sábados se han transformado en París en día de líos, crisis, barricadas, intervenciones de los anti disturbios que complican muy mucho las salidas «entre amigas», en barrios casi siempre tomados por la furia amarilla de cada sábado.

La primera dama francesa solía pasar muchos fines de semana, sola o con su esposo, en la residencia familiar de Le Touquet, una ciudad en la Costa de Ópalo, en el norte de Francia. Hasta que bandas más o menos incontroladas de algunas franquicia de chalecos amarillos, de extrema derecha o de extrema izquierda, decidieron lanzar campañas de acoso y escrache contra los Macron y su familia.

Era tradición que los Macron pasaran muchos fines de semana en la residencia presidencial de La Lanterne, en Versalles. Hasta que los parajes también sufrieron diversos intentos de aproximación de bandas de chalecos amarillos, dispersadas con celeridad por los antidisturbios. Pasar un fin de semana rodeados de los blindados de las fuerzas anti disturbios tampoco es una garantía de «reposo, paz y tranquilidad». Brigitte Macron solía salir sola a comprar pan o pasteles en alguna panadería. Se acabó, por ahora, al menos. El ministerio del Interior ha aconsejado muy vivamente que la primera dama reduzca al mínimo sus salidas personales, para intentar evitar sustos imprevisibles.

El riesgo del acoso callejero, si sale de compras o paseo, el fin de semana, el riesgo de escraches, si se realiza una escapada a una playa del Norte, han modificado la vida de Brigitte Macron, víctima de muchos otros tipos de acciones, de lo trivial e impertinente, lo impertinente y grosero. No se cuentan los chistes y groserías que los chalecos amarillos se han «divertido» en hacer circular. La repetición de insultos y amenazas salaces se suceden casi a diario.

Emmanuel Macron comenzó al martes una serie de viajes personales, por toda la geografía nacional, con el fin de defender personalmente su programa de Gran Debate Nacional, una suerte de consulta nacional, a la que han sido invitados a participar los 67 millones de franceses. El ministerio del Interior ha aconsejado que el presidente viaje solo, para reducir los riesgos de tensión.

El resto de la familia de los Macron también es víctima de acosos de muy diversa naturaleza. Un pastelero de Amiens, en el norte de Francia, familia de la primera dama, ha sufrido «visitas» intempestivas de chalecos amarillos, de un gusto amargo y lamentable. Según las mejores fuentes, tradicionalmente bien informadas, Brigitte Macron hace una vida muy recluida en el palacio del Elíseo, reduciendo al mínimo sus salidas personales, tomándose la crisis en curso con melancólica paciencia, esperando que llegue una todavía lejana primavera.