De izquierda a derecha, en primera fila; Emine Erdogan (Turquía), Sophie Gregoire Trudeau (Canadá), Peng Liyuan (China), Juliana Awada (Argentina), Melania Trump (EE.UU.), Lee Hsien Loong (Singapur), Malgorzata Tusk (esposa del presidente del Consejo Europeo). En segunda fila ; Kim Jung-sook (Corea del Sur), Brigitte Macron (Francia), Akie Abe (Japón), Mufidah Jusuf Kalla, (Indonesia). En la última fila; María Gabriela Sigala (mujer del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo) y Diana Carney (esposa del presidente del Consejo de Estabilidad Financiera)
De izquierda a derecha, en primera fila; Emine Erdogan (Turquía), Sophie Gregoire Trudeau (Canadá), Peng Liyuan (China), Juliana Awada (Argentina), Melania Trump (EE.UU.), Lee Hsien Loong (Singapur), Malgorzata Tusk (esposa del presidente del Consejo Europeo). En segunda fila ; Kim Jung-sook (Corea del Sur), Brigitte Macron (Francia), Akie Abe (Japón), Mufidah Jusuf Kalla, (Indonesia). En la última fila; María Gabriela Sigala (mujer del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo) y Diana Carney (esposa del presidente del Consejo de Estabilidad Financiera) - AFP

El programa cultural y feminista de las primeras damas del G20

Juliana Awada ejerció como anfitriona de un encuentro celebrado en la legendaria Villa Ocampo en Buenos Aires

BUENOS AIRESActualizado:

Las mujeres en primera línea del G20, como Angela Merkel y Theresa May, compartieron agenda con el resto de los presidentes y jefes de Estado de la Cumbre. También, la Reina Máxima de los Países Bajos tuvo un espacio político propio en su condición de asesora del secretario general de Naciones Unidas. Las primeras damas, con Juliana Awada, esposa de Mauricio Macri, que ejerció de anfitriona, se incorporaron al «Programa de acompañantes», cultural y quién sabe si más entretenido.

Sophie de Trudeau fue una excepción al tener agenda propia (la de Melania e Ivanka Trump fue secreto de Estado). La mujer del presidente de Canadá eligió reunirse con un grupo de activas feministas y periodistas que combaten la violencia de género con el lema, «Ni una menos, vivas las queremos» y defienden la legalización total del aborto (aceptado bajo determinados supuestos en Argentina). En ese marco, expresó ante sus ex colegas (fue periodista), su visión del machismo: «La desigualdad es un insulto a la inteligencia de los varones y los niños”, sentenció.

El escenario elegido por la tercera mujer de Mauricio Macri para agasajar a sus invitadas fue Villa Ocampo, la casa de la escritora Victoria Ocampo, por la que desfilaron filósofos, escritores y cualquier nombre que se preciara de ser alguien en la Argentina y el mundo de mediados del siglo pasado. Respecto a la fundadora de la histórica revista Sur, Awada declaró: «Fue pionera en la lucha por la igualdad de oportunidades entre mujeres y varones, una causa que me siento orgullosa de compartir». Con estas palabras, «la hechicera», como se refiere a la primera dama su marido, describió la mítica residencia en San Isidro, zona residencial de las afueras de la ciudad.

«Estoy convencida –dijo Awada a sus invitadas- de que la única medida para que alguien pueda llevar adelante un proyecto y lograr sus metas tiene que ser su capacidad, su talento» y por esa razón, añadió, «me pareció importante reunirnos acá, en esta casa que hoy forma parte del patrimonio de la Unesco y que sigue funcionando como una usina (motor) de ideas».

Donada en 1973 por Victoria Ocampo, la mujer que organizó las mejores tertulias literarias y políticas de la época, la casona está llena de historia escrita con la participación de Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, Julio Cortazar, Graham Green, Ortega y Gasset, Pablo Neruda, Indira Ghandi o Rabindranath Tagore, entre otros.

Entrada la tarde, ellas y ellos (los presidentes), cambiaron las letras por la música. El Teatro Colón fue el protagonista de un moderno espectáculo de luces, sonido, color y danza. Tango electrónico, clásico o bailes regionales como el «Chamamé», con paisajes de fondo, de norte a sur de Argentina, ofrecieron una imagen bellísima de Argentina. Entre las más entusiastas con los aplausos destacaba Angela Merkel, recién llegada tras la avería de su avión. De propina, el regreso al escenario de Julio Bocca. Si la idea era entretener y vender una Argentina atractiva al mundo, Macri puede decir, sin error a equivocarse, que lo logró. Quizás, por eso, por primera vez en su vida, dejó traslucir sus sentimientos... hasta las lágrimas.