El rostro de Gallego, tras salir en libertad en 2013 - ABC
«Violador del ascensor»

El «violador del ascensor» raptaba a sus víctimas en Madrid y las agredía en Segovia

Les tapaba los ojos, las obligaba a subir al coche, las llevaba a su piso y tras la agresión, las traía de vuelta a Madrid

MadridActualizado:

Era cuestión de tiempo. Pedro Luis Gallego Fernandez, de 59 años, el bautizado como «violador del ascensor», fue detenido el pasado miércoles acusado de cometer dos agresiones sexuales consumadas y otras dos en grado de tentativa en las inmediaciones del hospital madrileño de La Paz, de ahí que se le conociera también por ese apodo. Estos hechos habían levantado cierta psicosis en la zona, si bien, a raíz de salir a la luz pública cesaron.

Llevaba cuatro años y medio en libertad, al ser derogada la doctrina Parot que puso fin a su encarcelamiento previsto hasta 2022. Ahora, está a la espera de ser puesto a disposición judicial. Su arresto se produjo en plena calle, en Segovia, ciudad en la que residía, en presencia de su pareja, que se quedó estupefacta. Ignoraba quien era su novio. Gallego no se esperaba que los agentes sospecharan de él aunque se mostró frío y tranquilo.

Sin embargo, poco tiempo después de que se produjeran las primeras denuncias, entre diciembre de 2016 y abril de 2017, se convirtió en uno de los sospechosos. Y el «violador de la Paz» resultó ser también el «del ascensor».

Abordaba a mujeres jóvenes en las inmediaciones de dicho hospital, en la calle del Arzobispo Morcillo, situada junto a un parque y el Campus de Medicina de la Autónoma, desierto por las noches. Cerca de un aparcamiento, con el rostro tapado por un antifaz, salía de su vehículo, intimidaba a sus víctimas -de aspecto similar, morenas y aniñadas- con un arma de fuego por la espalda, las raptaba, les tapaba los ojos con una cinta, las maniataba con bridas y las obligaba a subir a su coche. Después, las trasladaba a un lugar indeterminado en donde consumaba la violación.

Fuentes de la investigación averiguaron que las conducía hasta su refugio segoviano para después regresar a Madrid, donde abandonaba a las aterrorizadas muchachas en la misma zona del distrito de Fuencarral-El Pardo. Demasiado trajín y demasiado riesgo de ser sorprendido por alguien o delatado por las mujeres. Tal vez, con tanto desplazamiento trataba de que la Policía pensara que el autor de estos ataques residía en la Comunidad de Madrid.

No obstante, el «modus operandi» que relataron las denunciantes, alguna de ellas menor de edad, llevó a los agentes a determinar que estaban ante un agresor sexual en serie.

Este sujeto salió a la calle el 14 de noviembre de 2013. Había sido condenado a 273 años de cárcel por cometer 18 violaciones y dos asesinatos entre 1976 y 1992 en varias provincias. Este último año fue más lejos aún en su espiral sangrienta. En enero acabó con la vida de Marta Obregón, de 22 años, a la que asestó 14 cuchilladas en la parte izquierda del pecho en su ciudad natal, Burgos. La joven estudiante de Periodismo se resistió con todas sus fuerzas a la agresión que Gallego no pudo consumar. Meses más tarde, en julio, sí lo logró con Leticia Lebrato, de 17 años, esta vez en Valladolid. A la menor la propinó once puñaladas, y tras violarla, la enterró con las manos atadas a la espalda.

Prisión permanente revisable

Sin embargo, este depredador sexual solo pasó 21 años entre rejas. La derogación de la doctrina Parot en octubre de 2013 por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo provocó su excarcelación un mes después. El criterio establecido por el Supremo en 2006 determinaba que las redenciones de condena se aplicaran sobre el total de la pena impuesta (en ocasiones miles de años) y no sobre el límite máximo de cumplimiento: 30 años entonces. Por ello, Gallego tendría que haber salido en 2022. Cuando lo hizo tenía 55 años, estaba en plena forma, pero no estaba rehabilitado y su puesta en libertad provocó una gran psicosis. Nadie le quería en su ciudad. El tiempo ha dado la razón a los que decían que volvería a reincidir.

Ayer, el ministro del Interior, Rafael Catalá, defendió la prisión permanente revisable. «No es una cadena perpetua; significa que las penas más largas por delitos más graves son revisadas cuando la rehabilitación del delincuente no se ha producido. Entonces se determina si puede quedar libre».