Parroquia Ascensión del Señor, en Carabanchel
Parroquia Ascensión del Señor, en Carabanchel - ISABEL PERMUY
Iglesias de Madrid

Las preocupaciones de una parroquia de Carabanchel

La iglesia Ascensión del Señor fue en origen un colegio para la educación de niñas

MADRIDActualizado:

El 18 de marzo de 2011 se publicó en el siempre imprescindible ABC el siguiente titular « Otra profanación en una Iglesia». Había ocurrido el día 15 en la parroquia de la Ascensión del Señor, de Carabanchel, un templo emblemático de un barrio que lucha, día a día, por sobrevivir. Decía entonces el párroco, Francisco Pérez, tal como se lee en la noticia, que «nada es de valor. Aquí somos pobres. Ni el copón bendito tenía calidad material. Pero eso sí, se han llevado el Cuerpo de Cristo que andará por ahí rondando. Una impiedad».

Ocho años después Francisco Pérez recuerda cómo ese suceso ha cambiado la vida de esta sencilla parroquia. «Hubo entonces –añade– una reacción muy viva de amor a la eucaristía, que nos permitió unirnos más al Señor e iniciar un camino de comunión». Estremece el relato de cómo esta comunidad ha evolucionado en el amor a Dios, ha profundizado en la entrega y en el servicio a los hermanos, a los más necesitados, y en la comunión con el resto de parroquias del arciprestazgo, que por cierto, la mayoría llevan nombres de misterios de la vida de Jesús.

La Ascensión del Señor, Vía Carpetana, 105, en sus orígenes, fue la capilla del colegio que unas buenas señoras de la familia espiritual de Santa María Micaela del Santísimo Sacramento habían fundado en el barrio limítrofe de Carabanchel. Un colegio dedicado a la educación integral de las niñas. La capilla se llamó Santa María Micaela dado que se había canonizado a la santa madrileña en 1934. Pasó el duro tiempo de la Guerra Civil, en el que la Iglesia se convirtió en cuartel de los milicianos, y después de la reconstrucción, con la reorganización diocesana de monseñor Casimiro Morcillo, se convirtió en parroquia, a la que hubo que cambiarle el nombre ya que existía otra en Madrid con tal denominación.

Altar del templo
Altar del templo - ISABEL PERMUY

Hoy es una comunidad sencilla en la que el párroco, especialista en Biblia y persona de trato entrañable, Francisco Pérez, está acompañado del sacerdote Ciprián García Moraño. Esta parroquia no se entendería sin la generosidad de las Hijas de la Caridad que regentan el colegio adjunto, Santa Micaela, un centro educativo de referencia en el barrio. La generosidad de las hermanas no solo se manifiesta en la ayuda pastoral, alcanza también a la cesión de los locales y espacios que utiliza la parroquia.

Estamos en un barrio con graves problemas. El primero es el crecimiento de las casas de juego, incluso en el entorno de los colegios e institutos, al filo de la legislación. Y el segundo es la vuelta de la droga, que rememora el efecto devastador de los ochenta. Crece la presencia de narcopisos, de los pisos ocupados, y de la pequeña delincuencia contra los vecinos como consecuencia del comercio de droga. Dos fenómenos que preocupan, y mucho, a la comunidad cristiana.

Este barrio también tiene uno de los mayores índices de inmigración de Madrid, personas procedentes de Latinoamérica, del norte de África y del Este de Europa mayoritariamente. Una parroquia volcada en lo social que no limita su acción a lo social, que desborda lo social. Es innegable que la Cáritas ocupa un lugar destacado entre las actividades, entre otras razones por el grupo de voluntarios que colaboran en este servicio pastoral. Atiende con alimentos a doscientas familias cada mes, que ofrece clases de español para los vecinos y que acompañan y hacen un seguimiento de las necesidades especiales de personas y familias.

Integración de inmigrantes

La integración de los inmigrantes es una de las prioridades de la parroquia. Es muy importante la labor de la Asociación Juan XXIII, con sus retiros de anuncio primero del Evangelio a través de un cursillo de fin de semana. Un anuncio que cambia la vida de las personas. También hay que destacar el trabajo de la Asociación de la Medalla Milagrosa, del grupo de visitadores de enfermos y ancianos, del grupo de las personas mayores, del de Santa María de Betania, que ayudan al servicio del templo y su cuidado.

La catequesis habitual y la prioridad de trabajo con los jóvenes son dos añadidos de vida. Durante estos días celebran las merecidas fiestas de una comunidad de sencilla vida de fe y de natural inserción social.