Controles de acceso al Mad Cool en el primer día del festival
Controles de acceso al Mad Cool en el primer día del festival - Maya Balanya

El Mad Cool se reconcilia con el público en su cuarta edición

La accesibilidad, principal problema del festival, que transcurrió sin graves incidencias

MADRIDActualizado:

El Mad Cool puso la noche del sábado el broche de oro a una edición –la cuarta– que consiguió hacerse con el perdón del público y reconciliarse con los asistentes tras las numerosas críticas recibidas en 2018. Sin graves incidentes, la accesibilidad sigue siendo el talón de Aquiles del espectáculo, que este año reunió a 186.200 personas, una media de 46.000 diarias, bastante por debajo y alejadas de las 80.000 que se concentraron cada día del pasado año en el recinto de Valdebebas.

Darwin cargó las tres últimas jornadas sus muletas por el césped del festival. «Lo peor, sin duda, es el acceso. Cercanías y Metro están muy lejos y este año no abre toda la noche. Esto no está pensado ni preparado para las personas que tenemos movilidad reducida», aseguró el viernes, bocadillo en mano, en la explanada de tierra, antesala del decorado recinto, antes de ver a The Smashing Pumpkins. Preguntó si podía acceder por la zona VIP, más cercana a las paradas de taxi. Le dijeron que no. «A pesar de eso, merece la pena. Descubres grupos que no conocías y, en comparación, este año es mucho mejor. Fue un desastre, la gente se agolpaba en el túnel desde Ifema en un camino de piedras. Se me hizo muy complicado», recordó el joven.

Nada tuvo que ver el festival este año con el anterior. El mal sabor de boca que quedó entre los fanáticos se diluyó a medida que se sucedieron los acordes. Aunque algunos acusaron a la organización de rebajar el nivel del cartel, lo cierto es que desde la entrada, flanqueada por la silueta de la conocida noria –no fue la única atracción: también hubo coches de choque para elevar la diversión– el público consiguió vibrar. No hubo colas ni caos; el descontrol no se apoderó esta vez del festival. No solo se redujo el aforo a 75.000 personas, sino también los escenarios, pasando de siete a seis, lo que facilitó la comodidad del público, con más espacio disponible. «Venimos, principalmente, por The Cure», dijo Paco antes de entrar. Aunque con 20 minutos de retraso y haciéndose esperar, fue el grupo más vitoreado, una opinión compartida por la mayoría de asistentes.

«¿Una pega? El sonido. Aunque está muy bien montado, a veces se solapan las músicas de los escenarios», reconoció. Este fue el factor que más afectó a los vecinos, con problemas para conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada. «Parece que a medida que pasan las horas lo ponen más alto. Es imposible», aseguraron al respecto Abel y María, vecinos del barrio acostumbrados ya a que la explanada –que en mayo acogió a Metallica– sea un reclamo para artistas.

Precios de VTC

Sin aglomeraciones, sobresaltos ni incidencias, hubo críticas al precio de las bebidas y los VTC. «Dos euros y medio la botella de agua y 5 la cerveza... Por eso bebemos fuera», se quejó un grupo de amigos. En cuanto a Uber, los asistentes se ofendieron por el coste cerrado que ofrecieron algunos conductores: 45 euros al centro o 60 hasta la glorieta de Bilbao, cuatro veces más que los taxis.

Pese a todo, muchos van a repetir. «A ver qué nos depara la próxima edición, que ya tenemos ganas», rieron David y Juan. Una cosa ha dejado clara Javier Arnáiz, el director: en el Mad Cool no hay lugar para el reguetón.