Vídeo: Primer día del Mad Cool accidentado / Foto: Dos policías municipales, ayer, en un acceso al recinto - ISABEL PERMUY / Vídeo: CARLOS HIDALGO/AITOR SANTOS/JOSÉ M. SÁNCHEZ
Mad Cool 2018

Los audios de los agentes de Mad Cool: «¡El pabellón 9 es caótico, tiran las vallas y solo somos seis policías!»

Los comunicados entre los agentes desmienten la versión de Carmena de que el plan de seguridad funcionó

La caída de la red móvil motivó un colapso en el canje de entradas, que provocó avalanchas y escenas de pánico

MadridActualizado:

El Ayuntamiento de Madrid se apresuró ayer a quitarse de encima cualquier tipo de responsabilidad del fiasco en la organización del Mad Cool. Culpó directamente a los organizadores: «Desde el punto de vista policial y de seguridad, la jornada se desarrolló con normalidad y no se registraron incidencias», pese a que las comunicaciones entre los agentes municipales allí desplegados, a través de su emisora interna, desmienten esta disculpa de Carmena. Uno de los más explícitos narraba: «¡El pabellón 9 es caótico, la gente está tirando las vallas y solo somos seis policías!», clamaba uno de ellos. «Hay una concentración muy grande de personas mareadas y sin policías», llegaba en otro aviso interno.

Precisamente, el sector 9 del recinto ferial de Ifema se convirtió en una auténtica ratonera que los operarios de seguridad no pudieron controlar. Según confirmó un portavoz del festival a ABC, el colapso en el punto habilitado para canjear los tiques por las pulseras de acceso fue motivado por una caída de la red móvil. «Las PDA dejaron de funcionar», subrayaba ayer una trabajadora, que vivió «in situ» la peligrosa situación. «La gente no paraba de llegar desde el Metro y hubo un momento en que tuvimos que abrir un camino, en forma de “s”, para que tardaran más en llegar», proseguía, sin saber lo que estaba por venir. Algunos asistentes, hartos de las largas esperas al sol, derribaron las vallas y trataron de acceder al recinto por fuera del perímetro. La montonera humana aumentó el riesgo sobremanera.

La tarde empezó más o menos normal, cuando la afluencia de público tampoco era extraordinaria. Pero entre las 18.30 y las 20.30, gran parte de los 80.000 asistentes se agolpaban en una cola kilométrico y bajo un vesánico sol para poder regoger su pulsera, de hasta 190 euros por cabeza, los 3 días. Agentes allí desplegados (a muchos de ellos les hicieron doblar turno y trabajar 16 horas seguidas, y a otros, ayer y hoy, se les ha levantado su descanso semanal) explicaban cómo los ánimos empezaron a encresparse cuando «los asistentes se arremolinaban en eternas colas, ante el embudo que era el solar». «Se comenzó a palpar la desorganización. Quienes acudían en vehículos no sabían ni dónde estacionarlos. Era vergonzoso el afán pecuniario, pues los operarios registraban los vehículos como si de un control policial se tratara, con el fin de localizar bebidas que ocasionasen mermas en los ingresos por las ventas en el interior», añadió el funcionario.

Luego, afirmó, que «la gente comenzó a alterarse en el acceso, donde se produjeron avalanchas»: «Solo Dios sabe por qué no hubo que lamentar golpes y contusiones. Hubo momentos que recordaban a los luctuosos hechos del Madrid Arena». Sobre el servicio de calle de la Policía, se refirió a él «más que como Mad Cool como Madness (locura, en ingles). Desorganización total, falta de personal en cruces, sin claras directrices e improvisaciones sobre la marcha. Y esto, unido a un deambular de coches patrulla de aquí para allá sin funciones concretas y que daban la sensación de que querían alejarse de la zona».

«No podemos hacer más»

Los asistentes acabaron siendo peatones por los viales de Valdebebas, con peligro de atropello,«como si de zombies de The Walking Dead se trataran»: «Mientras, los policías, aguantando el chaparrón de un servicio que comenzó a las 15 y acabó cerca de las 7 horas. Me sentí como los remeros de Ben-Hur, donde cada cierto tiempo uno caía por agotamiento y el jefe romano miraba desafiante, sin complacencia, mientras los golpes de tambor aceleraban el paso».

En más comunicaciones por la emisora policial se escuchaba a los policías de Carmena pedir efectivos «en la glorieta de Don Juan de Borbón, porque se encuentra en estado catastrófico, esto es imposible». El mando le respondía: «Todo está caótico y no podemos hacer más». Otros, exhaustos de sumar jornadas, preguntaban qué previsión de hora había para que les relevasen. «Pues me gustaría decírselo, pero no se lo puedo decir. Hay que ver aún cómo se va desarrollando todo», fue la respuesta recibida. Entonces, cayeron comunicados similares en cascadas, más de una decena: «Estoy sin relevo y sin agua».

La zona de accesos era la peor, sin duda. Así lo comunicaba un agente por la malla policial: «A ver si es posible que se haga alguna gestión, a pesar de que ya han visto que el parking ya es suyo y se lo gestionan como quieren, que esos filtros se aligeren un poco. Se va a colapsar Madrid entero. Está afectando ya a la M-40 y a todas las unidades». Y eso que, según Carmena, el dispositivo policial funcionó como la seda.

CSIT-Unión Profesional criticó que «la falta de personal y la mala planificación hacen que estos eventos sean un desastre a nivel organizativo»: «Y se están encima vulnerando los derechos de los trabajadores de forma nunca vista en este Ayuntamiento. Los tienen secuestrados laboralmente». La asociación del Cuerpo APMU calificó lo ocurrido como «un desastre».

El representante de Mad Cool señaló a este periódico que, además de la caída de la red móvil, la previsión de movilidad trazada antes del evento no se cumplió. «Vino muchísima gente en coche, más de la que se pensaba; al ser un recinto nuevo, los accesos se atascaron», incidió, al tiempo que recomendó a los fans utilizar el transporte público. Destacó, además, la colaboración con los distintos Cuerpos de Seguridad a la hora de adaptar un dispositivo que lograra encauzar la difícil circunstancia, y asumió para el festival toda la responsabilidad de los sucedido: «Insistimos en disculparnos».

Críticas a Uber

En cuanto al tráfico rodado, las quejas de muchos de los asistentes apuntaron en una sola dirección: los vehículos de la empresa VTC Uber, que, según el testimonio de varios de los afectados, no cumplieron con lo prometido: «Nos cobraron 50 euros porque se supone que entrabas y sin colas y cuando llegamos, aparte de dejarnos a 15 minutos del festival, había una cola enorme; tanta, que tuvimos que coger un taxi para que nos acercara al recinto», afirmaba ayer Ignacio, quien, junto a sus amigos, vivió una auténtica odisea a la ida y a la vuelta.

El largo camino marcado por la organización para que los espectadores pudieran salir a la vía pública fue otro de los motivos de indignación. «No puede ser que tras 7 horas de conciertos, que estás reventado, tengas que andar más de 2 kilómetros para poder coger un taxi», criticaba el propio Ignacio, con una sentencia claramente esclarecedora: «Parecía que estábamos en los Sanfermines».

El portavoz municipal del PP, José Luis-Martínez Almeida, reconoció «que hay una responsabilidad de los promotores del festival». «Pero el Ayuntamiento no ha estado a la altura ni ha previsto las necesidades de movilidad. A última hora tuvo que pedir a la Comunidad que abriera el Metro las 24 horas. Y la Policía Municipal era insuficiente. Carmena es incapaz de garantizar la seguridad de grandes eventos».

La jefa de Cs en la capital, Begoña Villacís, dijo que el concejal de Seguridad, Javier Barbero, «está dejando vendidos a sus agentes y eso se está notando, como en Mad Cool».