Fachada de la casa de Joaquín Sorolla, hoy Museo Sorolla
Fachada de la casa de Joaquín Sorolla, hoy Museo Sorolla - BELÉN RODRIGO

La Casa Sorolla, una obra más del pintor valenciano en pleno Chamberí

Joaquín Sorolla se involucró en el diseño de la vivienda y de los jardines que encomendó al arquitecto Repullés, así como en su decoración. El palacete fue legado al Estado español

MADRIDActualizado:

A comienzos del siglo XX Joaquín Sorolla decidió construirse una casa en Madrid en la que además de residir junta a su familia pudiese tener su estudio para trabajar y guardar su obra. El pintor valenciano se instaló en la capital en 1880 y después de pasar por varios estudios y domicilios en distintas zonas de Madrid eligió el Paseo del Obelisco (actual Paseo del General Martínez Campos) para diseñar su palacete. El Museo Sorolla fue la vivienda y estudio del artista y hoy es una de las pocas residencias madrileñas conservadas que se puede visitar.

En 1905 Sorolla compró el primer solar donde se instala la casa y parte de los estudios y en 1910 el segundo que le permitiría ampliar la zona de trabajo e incorporar tres jardines.  Fue su amigo el escultor Benlliure, quien vivía en José Abascal, quien le recomendó al también valenciano Enrique María de Repullés y Vargas, autor, entre otras obras, de la Bolsa de Madrid. «Sorolla se hace una vivienda elegante en la que vivió con su mujer Clotilde y sus tres hijos, María, Joaquín y Elena, de 1911 a 1923, año en el que fallece», cuenta a ABC Covadonga Pitarch Angulo, conservadora del Museo Sorolla. El pintor valenciano se involucró mucho en el diseño de su palacete que se construyó con todos los lujos de aquella época como era la electricidad, baños o un eleva platos.

El estudio de Joaquim Sorolla conserva la disposición del pintor valenciano
El estudio de Joaquim Sorolla conserva la disposición del pintor valenciano - BELÉN RODRIGO

Por aquellos años el hoy Paseo del General Martínez Campos no tenía edificios altos sino casas bajas, similares a la de Sorolla. Entre sus vecinos estaban María Guerrero. Sorolla eligió un palacete con estancias grandes y techos altos como vivienda a los que unió tres estudios donde estaban sus talleres. Y un idílico jardín en el que no faltan motivos italianos, andaluces, un pequeño estanco y mucha vegetación. «Sorolla había viajado mucho y había visitado el Alcázar de Sevilla y la Alhambra de Granada, era un gran admirador y algunas partes del jardín se inspiraron en dichos lugares. Además en sus viajes compraba objetos para la decoración», señala la conservadora.

Antes de instalarse en esta casa la familia Sorolla vivía en la calle Miguel Ángel esquina con Fernández de la Hoz donde había alquilado una casa con jardín. Su hija María tenía la salud delicada y le aconsejaron baños de sol, motivo por el cual optó por un espacio grande ajardinado que acabó por ser inspirador de su obra. El artista valenciano lo pintó en diversas ocasiones.

Hall de entrada de la vivienda de Sorolla
Hall de entrada de la vivienda de Sorolla - BELÉN RODRIGO

«Sorolla se involucró en la decoración, compraba muchos objetos en sus viajes. Y siempre había flores frescas en casa, era una persona muy romántica», afirma la conservadora. La tradición de las flores se mantiene a día de hoy. En un primer piso estaba el hall de entrada, de recibimiento y que conecta con la zona de trabajo. «En este espacio daba clases de pintura, guardaba sus obras y también las vendía, es donde las tenía expuestas. Se ha intentado conservar la misma disposición del taller que tenía en vida», matiza Covadonga. Esta zona se divide en tres salas, la primera ya referida, donde más pintaba, la segunda, más pequeña y elegante, posiblemente para recibir a las visitas, y una tercera en la que se cree que servía de almacén, «algo que no está confirmado porque no hay documentación al respecto». La casa conserva en la medida de los posible los muebles y la decoración original que tenía la familia del pintor. Por ejemplo, las pinturas que el propio Sorolla realizó para decorar el salón comedor con guirnaldas de naranjas como protagonistas. Pinturas donde también retrata a las mujeres de la casa. «Sorolla se sentía más cómodo teniendo a la familia como modelo de sus obras, experimentaba más», comenta la conservadora.

Punto de encuentro

En su residencia los Sorolla se reunía con mucha gente. «Se cuenta que su cocinera, valenciana, hacía muy buenos arroces que tuvieron mucho éxito entre los invitados», señala Covadonga. Entre ellos estaban los reyes, Alfonso XIII y Victoria Eugenia, así como muchos intelectuales. Sorolla fue académico y estaba muy bien relacionado. Los dormitorios se encontraban en el primer piso y el del matrimonio contaba con una terraza. Una disposición que se alteró al adaptarse a museo. Y la casa tiene también un patio andaluz, en la planta baja, para proporcionar luz y ventilación en la parte trasera de la vivienda. Un patio cuadrado, pequeño y sencillo, con una fuente octogonal en el medio recubierta con azulejos de Ruiz de Luna.

Y el jardín, dividido en tres espacios, acabó por ser una obra más del pintor. Compró muchas plantas e incluso le regalaban especies que se habían plantado en la Alhambra. En Granada compró la fuente antigua que luce el jardín y las columnas de la pérgola son de Sevilla. «El primer jardín es un calco del jardín de Troya del Alcázar de Sevilla. Y en el tercero compone el eje que recuerda a las costumbres árabes», explica Covadonga Pitarch Angulo. En el segundo de los jardines que crea se encuentra la Fuente de las confidencias, que originariamente era en yeso pero al estropearse el autor la funde en bronce y se la regala. Algunas de las especies que se plantaron en el jardín se han ido cambiando dado que necesitaban mucho sol y al construirse edificios altos a la vuelta se fue perdiendo las horas de luz iniciales.

Creación del museo

En la correspondencia de Sorolla el pintor hablaba de su idea de convertir su casa en un museo «pero es su mujer quien se ocupa de todo y sus hijos lo ejecutan», aclara Covadonga Pitarch Angulo. Clotilde lega al Estado español la casa y las colecciones que le pertenecían para que se creara un museo en memoria de su marido. Se creó en 1931 una fundación de carácter privada en cuyo Patronato estaban los tres hijos del pintor y fue uno de ellos Joaquín, el primer director del museo que abrió las puertas al público en 1932 y fue inaugurado por Manuel Azaña. Joaquín vivió en la casa hasta que falleció en 1948. Con él se conservó la casa museo como tal y a la vez se iniciaron las primeras labores museográficas que se vieron interrumpidas por la Guerra Civil. Hubo que cerrar el museo y desmontar las salas y el museo reabrió en 1941.

Desde 1970, por los cambios en las legislaciones de fundaciones y museos, pasó a existir el Museo Sorolla, dependiente del ministerio de Cultura y Deporte, y la Fundación Museo Sorolla, entidad privada en cuyo patronato están cuatro miembros de la familia del pintor. «Todos los hijos del pintor recibieron formación artística», afirma Covadonga, aunque ninguno de ellos llegase a dedicarse de forma profesional como su padre. Tanto María como Elena se fueron de casa al casarse aunque siguieron residiendo en Madrid.

Vista de la casa desde el exterior del Paseo del General Martínez Campos
Vista de la casa desde el exterior del Paseo del General Martínez Campos - BELÉN RODRIGO

A lo largo de los años la casa se ha ido adaptando al museo aunque «la misión es preservar el ambiente de la casa», recuerda la conservadora. La colección completa del museo cuenta con 1.300 piezas, gracias a la generosidad de la familia y a muchas donaciones de particulares. Desde la dirección del museo, ahora encabezada por Consuelo Luca de Tena, se está haciendo un importante trabajo de divulgación y el año pasado se registraron 250.000 visitas, lo que supone un gran reto para el museo. Abierto de martes a domingo, la dirección anima a todos los visitantes a que adquieran la entradas online para evitar las filas. También se organizan visitas privadas con un posterior cóctel con grupos de 60 personas como máximo.

El museo está inmerso en un proyecto de ampliación que va a permitir dotar a la entidad de espacios esenciales para su funcionamiento así como permitir el acceso a las personas con movilidad reducida. El actual museo cuenta con 1.500 metros cuadrados y se van a añadir otros 1.500 metros gracias a la adquisición de una nave dentro del patio de manzana. «Visualmente la ampliación no se va a notar desde fuera del museo. El nuevo espacio va a permitir tener espacios como almacenes, vestuarios, zona de descarga de material, un auditorio...», avanza la dirección del museo.

Este lunes Enrique Varela, conservador del Museo Sorolla,  presenta su libro "Los jardines de la Casa Sorolla. Bibliografía de una obra de arte". Un libro que permitirá conocer los pormenores de estos jardines, una pieza más de la extensa obra que dejó el pintor valenciano.