Palacio Parque Florida, la residencia de José Lázaro
Palacio Parque Florida, la residencia de José Lázaro - BELÉN RODRIGO

Museo Lázaro Galdiano, referencia del coleccionismo

Coleccionista, bibliófilo y editor, vivió en este palacio junto a su familia y el hoy museo alberga su rica y variada colección

MADRIDActualizado:

El museo Lázaro Galdiano nos acerca a la figura de un interesante personaje, un humanista del siglo XX, amante de todos los artes y saberes. El palacio Parque Florido, en el que residió junto a su mujer y a sus dos hijastros, es hoy la sede del museo donde se conserva su colección de 12.600 piezas que donó al Estado español. «José Lázaro fue una persona completísima con tres importantes facetas, coleccionista, bibliófilo y editor», subraya a ABC Elena Hernando, directora del museo. Nació en Navarra en 1862, estudió en Zaragoza y comenzó como escribiente en la sucursal del Banco de España en Pamplona para irse después a Barcelona y allí iniciarse como cronista en La Vanguardia. Con los años destacaría también por su visión de negocio y aunque se conoce poco de su faceta financiera logró reunir mucho dinero.

Gracias a su pasión por los libros y la literatura reunió a lo largo de su vida 20.000 volúmenes, «una de las mejores colecciones privadas que existen en España», matiza la directora. Y se aventuró también en 1889 a crear la revista La España Moderna y un año después la editorial que llevaba el mismo nombre. «Entre 1890 y 1914 publicó cada mes una revista de 200 páginas en donde quería que estuviesen los mejores. Tuvo primero como asesora a Emilia Pardo Bazán y después a Menéndez Pelayo», explica Elena Hernando. Entre sus colaboradores se encontraban los literatos más destacados del momento como Unamuno, Pérez Galdos, Zorilla, Clarín, Concepción Arenal o Cánovas. Fue Emilia Pardo Bazán quien le ayudó a entrar en el mundo de la elite literaria de Madrid e incluso existió un romance entre ellos. «Tuvieron un corto romance de verano, ella estaba separada y mantenía una relación con Benito Pérez Galdós a quien le molestó mucho enterarse de lo ocurrido», afirma Carlos Saguar, secretario de la revista de arte Goya que publica el museo. «El romance duró poco pero la amistad toda la vida. Y resultó difícil a Lázaro Galdiano que Galdós aceptase escribir en su revista, le tuvo que regalar un dibujo de Goya», cuenta la responsable del museo.

Elena Hernando, directora del museo Lázaro Galdiano junto a Carlos Saguar, secretario de la revista Goya
Elena Hernando, directora del museo Lázaro Galdiano junto a Carlos Saguar, secretario de la revista Goya - BELÉN RODRIGO

El palacio en el que residió una parte de su vida lo mandó construir en 1903, poco después de su boda en Roma con Paula Florido. Esta mujer argentina había enviudado tres veces y heredó de su primer marido una gran fortuna. Siete años mayor que José Lázaro, fue cómplice de su marido en la pasión de coleccionar. Fue ella quien compró el solar en la calle Serrano, cuando Madrid estaba creciendo. José Lázaro confió el diseño en el arquitecto José Urioste y Velada, con gran prestigio internacional después de su gran éxito con el Pabellón Español en la Exposición Universal de París de 1900. Los planos siguieron la traza y estilo neoplateresco del pabellón. En 1904 la obra pasa a manos de Joaquín Kramer que introduce modificaciones al proyecto y las obras acaban en 1908 bajo la dirección de Francisco Borrás y acabó siendo un edificio de estilo renacentistas muy sobrio.

Distribución del palacio

«La casa tenía todos los lujos de la época, con calefacción, ascensor, teléfonos en las habitaciones», puntualiza Elena Hernando. Allí se fueron a vivir en 1908 y fueron unos años de mucha vida social, con fiestas, bailes y tertulias literarias. El edificio consta de cuatro plantas. En la primera, hoy entrada del museo y tienda, estaba el garaje y los almacenes. La entrada principal se encuentra en la calle Claudio Coello y por ella se accedía a la primera planta, donde estaba la sala de baile y las demás zonas sociales del palacio, con todos los techos pintados. «La vida diaria la hacían en la segunda planta, donde la altura de los techos es más reducida. Tenían habitaciones de invierno en la ala sur y habitaciones de verano en el ala norte», cuenta Carlos Saguar. En la tercera planta, reservada para el servicio, tenía también un cuarto de invitados. Además del palacio se construyó en el solar otro edificio donde instaló la editorial, hoy zona de oficinas del museo en donde se construyó posteriormente el auditorio.

En la segunda planta del palacio se encontraban las habitaciones
En la segunda planta del palacio se encontraban las habitaciones - BELÉN RODRIGO

La familia disfrutó poco de la vida en palacio. Por un lado, viajaban mucho, pasaban dos meses en París y como Paula tenía problemas de riñón visitaban con frecuencia balnearios. Por otro, en poco tiempo perdieron a los dos hijos de Paula que vivían con ellos (un tercero, de su primer matrimonio estaba en Francia). Rodolfo cayó enfermo y falleció en 1916 con 22 años y Manolita perdió la vida en 1919 al dar a luz a un hijo muerto. Paula muere en 1932 y José Lázaro cierra la casa y se va a vivir a París donde va creando una colección. Regresa a España al acabar la Guerra Civil y por fortuna sus bienes fueron protegidos y posteriormente recuperados. Después marcha a Nueva York donde pasa toda la II Guerra Mundial. Fallece en Madrid, en el palacio, en 1947, y está enterrado en la Almudena. «Tenía 85 años y durante sus últimos seis meses viajó por muchos países como se puede ver en su pasaporte», señala la directora del museo.

Antes de su muerte decidió dejar toda su colección al Estado español que acepta y se crea una fundación para su gestión. El arquitecto Chueca Goitia es el encargado de adaptar el edificio al museo que abrió sus puertas en 1951. Recibe una asignación anual del ministerio de Cultura (el año pasado fue de 140.000 euros) y para cubrir los 2 millones de euros de gastos se invierte el patrimonio dejado por José Lázaro, se alquilan espacios y se realizan otras actividades. Entre el 2001 y el 2003 se cerró el museo para acometer obras de climatización. Si en el 2010 se registraron 41.000 visitantes el año pasado fueron 70.000. «Tenemos una nueva estrategia y queremos ser centro de referencia de investigación para el coleccionismo», apunta Helena Hernando. A través de distintas iniciativas como conciertos y exposiciones temporales pretenden estar «más presentes en la ciudad que nos tenía olvidados», añade.

Los techos del primer piso del palacio representan las aficiones de José Lázaro
Los techos del primer piso del palacio representan las aficiones de José Lázaro - BELÉN RODRIGO

Una colección clásica

El valor de la colección de José Lázaro Galdiano es incalculable. La pieza más antigua del museo es del siglo VI a.C y va hasta finales del s. XIX. «Tenía un gusto muy clásico y curiosamente no compró obras de sus contemporáneos. Vivía cerca de Sorolla pero no tiene ningún cuadro suyo», comenta la directora. Era un gran admirador de Goya y compró todo lo que pudo como El conjuro y El aquelarre o casi mil estampas. No faltan cuadros de El Greco, Juan Ribera, Murillo, Velázquez, Zurbarán o Constable, e incluso un Bosco, “Meditaciones de San Juan Bautista”. Un cuadro que ofrecieron al Museo del Prado por 1.000 pesetas y que Lázaro adquirió por 850. «Se lo pidieron prestado en Holanda antes de la II G.M. Con el conflicto se perdió y apareció en el despacho del director del museo. La fundación logró recuperarlo», cuentan en el museo. Lo mismo ocurrió con la colección que tenía en París, que él no pudo traer y se encargaría después de su muerte la fundación. Otro de los cuadros más admirados pertenece a un discípulo de Leonardo da Vinci que se inspiró en uno de los dibujos del maestro para crear El salvador adolescente.

Además de las pinturas de las distintas escuelas europeas la colección incluye también joyas, muebles, armas, vajillas, telas, cerámica y marfil, entre otras piezas. Un museo que sorprende a quien lo visita por primera vez por la riqueza y variedad de sus obras reflejo de la personalidad de su fundador.

Cuadro de un discípulo de Leonardo da Vinci
Cuadro de un discípulo de Leonardo da Vinci - BELÉN RODRIGO