Los turistas acceden a los pisos por medio de las «cajas-candado», vandalizadas, algunas, por los vecinos - FOTOS: ISABEL PERMUY / ABC
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Boicot vecinal a los pisos turísticos por el aluvión de ingleses en la final de la Champions

La masiva llegada de hinchas moviliza a los afectados, que rompen los candados de acceso «instalados» en la calle

MadridActualizado:

«Llegada autónoma. Accede al alojamiento directamente mediante la caja de seguridad para llaves». Con este sencillo mensaje, son cientos los pisos turísticos que se ofertan en Madrid solo en la web por antonomasia de Airbnb. El truco es el siguiente: el propietario coloca una caja con candado en las inmediaciones de la vivienda reservada. Tras ello, comunica al inquilino el código numérico para abrir el cofre y tener acceso a las llaves (tanto del portal como del apartamento) sin necesidad de que nadie esté presente en la entrega. El arrendador se ahorra así el desplazamiento y el arrendatario tiene la opción de realizar el «check-in» a cualquier hora del día. A simple vista, todo son ventajas. Pero nada más lejos de la realidad. La sombra de la ilegalidad y el grave riesgo de seguridad que generan son la última preocupación de un vecindario acorralado en su propia ciudad. Más aún, con la final de la Champions League a la vuelta de la esquina y el consecuente desembarco de decenas de miles de ingleses, seguidores de los dos equipos en liza, Liverpool y Tottenham.

A finales de verano del año pasado, los vecinos de Malasaña comenzaron a avistar las primeras «cajas-candado» en lugares tan variopintos como papeleras, bancos y otros elementos del mobiliario urbano, así como en tuberías del gas o en el enrejado de portales y ventanas bajas. La alerta, lejos de apagarse tras las denuncias iniciales, se extendió a otros barrios del centro como Lavapiés, Las Letras y La Latina. En algunos enclaves, como la plaza de Isabel Tintero, se han encontrado hasta siete cerraduras portátiles ancladas al mismo ventanal. Tampoco escapan a este fenómeno los «buzones» con contraseña –estructuras metálicas verticales con hasta doce compartimentos–, que sustituyen a los telefonillos en edificios donde los pisos turísticos copan la totalidad de la superficie.

La situación, relatan los afectados, es insostenible, hasta el punto de que un singular movimiento vecinal gana adeptos día a día, motivado por el propio aumento de las «cajas-candado». Bajo la etiqueta #AlertaCandado, el «Comando Loctite» se ha convertido en el principal azote de estos dispositivos, vandalizados con pegamento a fin de impedir la entrada de los turistas a los pisos sin ningún tipo de control. «Al principio empezó como una broma, alguien escribió en Twitter un mensaje de hartazgo en el que decía que iba a pegar todos los candados», explica Leticia García, portavoz de la coordinadora vecinal de Madrid Centro, asociación que impulsó la iniciativa. «Es un problema muy serio. Estamos en nivel 4 de alerta antiterrorista y resulta que cualquiera se puede meter en un piso con el único requisito de enviar previamente por mail un pasaporte escaneado», añade, consciente de la imposibilidad de comprobar la identidad de los huéspedes.

Cientos de viviendas se anuncian en internet con la opción de «llegada autónoma»: «Entra directamente al alojamiento mediante la caja de seguridad para llaves»

La posible llegada de unos 100.000 hinchas ingleses, unido a las distintas actividades que la UEFA llevará a cabo en la Puerta del Sol o las plazas de Oriente, Callao y Mayor durante los días previos al encuentro, provocará el abarrotamiento de espacios donde el auge de pisos turísticos se abre paso a marchas forzadas. «Es una locura dejar que entren sin que los dueños ni siquiera los reciban», insiste García. Por ello, el «Comando Loctite» afila las garras para impedir, en la medida de lo posible, el cóctel de alcohol y desfase que amenaza con invadir los bloques residenciales. «La gente nos manda las fotos de los candados y nosotros las publicamos en Twitter», prosigue la portavoz, dejando claro que detrás de estos actos no hay ningún grupo organizado de vecinos: «Es un movimiento espontáneo, donde algunas personas están hartas de que el Ayuntamiento no haga nada y por eso se los cargan».

Los damnificados recuerdan que el problema no es solo de quienes sufren este «boom» de forma directa, como demuestra el hecho de que su expansión haya empezado a pegar fuerte en otros distritos como Salamanca y Retiro. «Nos han llamado residentes de estas zonas para preguntarnos qué pueden hacer», inciden desde la coordinadora vecinal de Madrid Centro, al tiempo que advierten que nadie está a salvo de sufrir en un futuro sus consecuencias: «Por ejemplo, en la sierra hay casas con piscina que se anuncian para hacer fiestas y botellones y los residentes de alrededor están bastante preocupados». Si en un primer momento la aparición de los apartamentos turístico supuso la expulsión de los inquilinos que residían en alquileres tradicionales, los expertos constatan ahora que son los propios propietarios lo que «se ven obligados a vender porque no aguantan más».

La presión es tal que un vecino del centro, de avanzada edad, tuvo que ser hospitalizado la semana pasada por una crisis de ansiedad. Su caso es extremo. Rodeado por pisos turísticos, es el único morador que aguanta en el edificio. Pese a que ha iniciado todos los trámites para interponer todas las denuncias posibles, prefiere guardar su identidad en secreto. «Hay mucho miedo. Si te quejas, la respuesta que te dan es que te vayas», asegura el agraviado, sin ninguna solución en el horizonte: «El médico me ha dicho que mi problema es que no tengo manera de evadirme». La ansiedad por la final de la Champions ya ha comenzado, si bien no será hasta mañana cuando las «cajas-candado» se multipliquen para satisfacer las plazas con «entrada autónoma» reservadas. Desde entonces y hasta el mismo sábado, fecha del partido, se espera que aterrice el grueso de ambas aficiones.

«Estamos en nivel 4 de alerta antiterrorista y resulta que cualquiera se puede meter en un piso con el único requisito de enviar por mail un pasaporte escaneado»

Ante este panorama, las asociaciones vecinales de Madrid Centro piden al Consistorio que se cumpla el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997, que establece el uso del hospedaje solo cuando este tenga un acceso independiente del resto de viviendas. A finales de marzo, el Ayuntamiento aprobó con los votos a favor de Ahora Madrid y PSOE el Plan Especial de regulación del Hospedaje (PEH) por el que las viviendas turísticas que estén ocupadas durante más de 90 días al año deben solicitar una licencia de uso terciario de hospedaje, además de no poder utilizar las zonas comunes a las de los vecinos. Una normativa que, a juicio de los afectados, llega tarde y apenas modifica a la anterior: «Ya había un marco para actuar y no han hecho nada».