El 80% de los censados en La Yunta tiene una edad superior a los 65 años
El 80% de los censados en La Yunta tiene una edad superior a los 65 años - A. L. López

Guadalajara se queda sin gente

La zona de la comarca de Molina de Aragón y la Sierra Norte de Guadalajara se enfrentan a una sangría imparable de despoblación

PATRICIA BIOSCA
GuadalajaraActualizado:

En los últimos tiempos se lleva llamando la atención sobre determinadas zonas de la geografía española que pierden activos demográficos a un ritmo preocupante, mucho más rápido que lo hace la ya castigada población española. Pero hay una zona que comprende las provincias de Teruel, Cuenca y, sobre todo, Guadalajara (a la que atraviesa de norte a sur). Medios internacionales se han hecho eco de la bautizada como «Siberia española», y que afecta seriamente a la comarca de Molina de Aragón, un territorio de unso 4.000 kilómetros cuadrados en los que apenas viven 8.000 personas, un ratio de 1,63 personas por kilómetros cuadrado.

Sin embargo, y aunque pueda parecer una contradicción, estas poblaciones, que a priori relacionamos con unos pocos habitantes de gran edad, experimentan en algunos casos la situación contraria: aunque los datos demográficos no aumentan, sí se rejuvenece la media de edad. Un contrapunto que da a entender la complejidad de la provincia de Guadalajara, donde se juntan grandes zonas poblacionales con decenas de miles de personas, como la del Corredor del Henares y, apenas 150 kilómetros después, pequeños pueblos de apenas una decena de habitantes.

Entre estos pequeños pueblos se encuentra La Yunta, un enclave en la comarca de Molina de Aragón que cuenta con un centenar de personas censadas «y el 80 por ciento de la población de la zona es mayor y además muy longeva», afirma Ángel Luis López, agricultor de 47 años que decidió ampliar el negocio a una casa rural en la localidad. «La gente viene y aprecia lo bonito que es, pero están dos o tres días solamente. Entiendo que es muy duro vivir aquí, y que hay gente que no está preparada», afirma al otro lado de la línea telefónica. Hoy no tiene problemas de cobertura porque está fuera del pueblo, pero hay días en los que se producen cortes, y no hablemos de la conexión a internet. «Además de las condiciones tan rudas, como el frío y la nieve, hay otros inconvenientes como los servicios. Sobre esos sí que se puede actuar», critica.

«Masculinización» de la población

Además existe el problema del relevo generacional. En la zona, la población masculina supera con creces a la femenina, que además tiende a irse fuera. «Si salen a estudiar a otros sitios, aquí no vuelven», afirma Ángel Luis, representante además de la agrupación « La Otra Guadalajara», que reclama atención e inversiones como las antes citadas para la zona más despoblada de España.

Apunta a una tendencia que se acrecenta inexorablemente: la «masculinización» de la sociedad en la comarca. Algunos hombres (los menos) se han quedado para trabajar en la agricultura, pero no encuentran mujeres para formar una familia. No al menos que se quieran quedar en el pueblo. «La mayoría de niños que nacen son de los inmigrantes rumanos que trabajan en la construcción o los norteafricanos que trabajan como pastores».

33.000 personas, según los datos recopilados por «La otra Guadalajara», estaban censados en la comarca en 1950 y se ha pasado a 7.930 en 2014. Esta comarca empezó a perder activos allá por los años 50, cuando se empezó a emigrar a las grandes urbes de alrededor, como Guadalajara, Madrid, Cataluña o Valencia. Desde la posguerra, una sangría imparable afecta a la zona, que solo se recupera en parte gracias al retorno en los meses más cálidos de algunos jubilados, que dejan las grandes ciudades en las que han vivido y trabajado durante su época activa para abrazar la tranquilidad del campo. «Puede haber un diez o un quince por ciento de personas que vienen a pasar el verano aquí, pero no se empadronan, por lo que no cuentan a la hora de demandar servicios», comenta al respecto Ángel Luis.

Rejuvenecimiento aldeas

Pero el fenómeno del envejecimiento de la población también está dando el efecto contrario. El pueblo de Escalera, también en la zona de Molina de Aragón, cuenta con una de las medias de edad más bajas en la zona, porque su población se encuentra entre los 60 y los 13 años de edad. También es cierto que todos son familia y apenas hay censadas 10 personas (y dos se encuentran fuera, estudiando). «Y la historia se repite más o menos igual en los pueblos de alrededor. Ya no quedan personas mayores», explica Ossián de Leyva. Su hermano fue el último bebé en el pueblo, y de eso hace ya más de una década.

Pero en la localidad vecina de Fuenbellida, la última persona en nacer lo hizo hace tres. «Casi no queda gente mayor porque se ha muerto, con lo que la media de edad de los pueblos se rejuvenece», explica Ossián. Hijo de una pareja que en los años 70 decidió irse a vivir a esta pequeña población de la comarca de Molina, él se crió con los pocos niños que había en los alrededores y cursó sus estudios superiores en Guadalajara y Alcalá de Henares. Viajó también por Europa y, ahora, con 28 años y su formación terminada, ha vuelto al pueblo con su propio proyecto rural, la Asociación Micorriza.

En la corta vida de la agrupación, que se dedica a poner en valor el patrimonio natural de la zona (han creado desde una guía de « árboles singulares» -vegetación que tiene una historia anclada en las raíces del municipio, como centros de reuniones- a talleres para jóvenes o rutas por la desconocida Guadalajara), han conseguido que este 2016 se pueda contratar a una persona en próximas fechas.

Proyectos jóvenes para viejos pueblos

«La Asociación Nacional Micorriza es una organización sin ánimo de lucro que aboga por la conservación y protección del patrimonio natural, la historia, valores culturales, tradiciones y servicios ambientales que se están perdiendo en la mayoría de las regiones rurales del territorio nacional». Así reza en la página web del proyecto liderado por Ossián y otros cinco amigos que nacieron en la zona en los años ochenta y que ahora han decidido volver a los orígenes. «Aquí queda todo por hacer», afirma Ossián, presidente de la agrupación y licenciado en Ciencias Ambientales y con un máster en restauración de ecosistemas. Le ayudan Iván Maldonado, David Sanz, Rodrigo García, Pablo Hernansanz, Javier Ruíz, Laura Ambrós, César Sanz, Manuel Benito, Miriam Barahona y Rafael Marco, todos con estudios universitarios superiores.

«Es complicado que se junten tantas personas jóvenes que han estudiado fuera para volver al pueblo y poner un proyecto en marcha», dice Ossián, que lleva un año y medio de vuelta en Escalera. Los demás viven entre Guadalajara y los pueblos de la zona y trabajan juntos a través de Skype, aunque con muchas dificultades, porque internet en la zona está a años luz del servicio que se presta en los núcleos urbanos más poblados. «Entre los objetivos de Micorriza está el de convencer a los jóvenes de que existen otros recursos que se pueden aprovechar, más en esta zona, donde tenemos en menos de tres horas tres de los cinco núcleos de población más grandes de España».