Varios inmigrantes viajan a bordo del Aquarius
Varios inmigrantes viajan a bordo del Aquarius - AFP

La situación «excepcional» del Aquarius amenaza con hacerse «habitual»

Los nuevos «sin papeles» del barco de inmigrantes en búsqueda de un puerto seguro también tendrán permiso de residencia

MadridActualizado:

El Gobierno ya tiene sobre la mesa el escenario que nunca quiso: ha tenido que volver a aceptar a inmigrantes irregulares por «razones humanitarias» y además, al proceder esas personas de un tercer país y admitir su entrada en España en principio está obligada a concederles un primer permiso de residencia hasta que se decida sobre una hipotética petición de asilo, que lo previsible es que se produzca. Un tiempo, por otra parte, bastante prolongado.

Es precisamente ese escenario el que menos le interesaba al Gobierno, que quiso dar muestras de una cierta firmeza al obligar al barco Open Arms a atracar en Algeciras y tratar a los 87 inmigrantes que iban a bordo exactamente igual que si hubiesen sido rescatados por una embarcación de Salvamento Marítimo o llegado a nuestras costas a bordo de una patera.

«Lo del Aquarius fue una respuesta excepcional ante una crisis humanitaria puntual», insistían en junio los portavoces del Ejecutivo después de la llegada del buque a Valencia con más de 600 inmigrantes a bordo. Se les concedió un permiso de residencia de 45 días por razones humanitarias. Los mismos argumentos que se dieron para aceptar en julio la llegada del Open Arms a Barcelona con 60 personas en situación irregular, si bien en esa ocasión ese permiso ya se redujo a 30 días.

Salvo el suceso del Open Arms en Mallorca, donde atracó con dos inmigrantes muertos y la superviviente de un naufragio, el siguiente episodio lo volvió a protagonizar este barco, que por su cuenta y riesgo, sin dirigirse al puerto seguro más cercano y sin comunicarlo al Gobierno decidió poner rumbo a España, vulnerando por lo demás la legislación internacional aplicable a casos como este. Fue entonces cuando el Ejecutivo pareció decir basta, y lo envió a Algecirias con un enfado notable de esa ONG y las críticas de los aliados del Gobierno. Desde el Ejecutivo, mientras tanto, se deslizaba malestar por la actuación de esa organización.

Un detalle: esa embarcación permaneció amarrada hasta ayer en el puerto gaditano de San Roque a la espera de que la Capitanía Marítima de Algeciras autorizara su salida rumbo a Barcelona. El buque zarpó el viernes con destino a la capital catalana para cambiar de tripulación y realizar una serie de ajustes. Sin embargo, las autoridades le hicieron regresar a puerto tras apenas una hora de travesía. «Capitanía Marítima quiere comprobar que se cumplen los requisitos de tripulación mínima de seguridad del barco», fue la explicación de Fomento.

La firmeza no ha durado mucho más. Ayer Pedro Sánchez autorizó el traslado a España de 60 inmigrantes que desembarcarán del Aquarius en Malta. Se vuelve, por tanto, al punto de partida.

En medio quedan virajes en la política de inmigración, advertencias del resto de países de la Unión Europea y las nuevas señales de debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez.