El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta, Carmen Calvo, durante una sesión de control al Gobierno
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta, Carmen Calvo, durante una sesión de control al Gobierno - EP

El PSOE asume que sin sintonía con ERC la legislatura se complica

Dirigentes socialistas reconocen que la estabilidad pinta más difícil de lo esperado

MadridActualizado:

Nada será tan sencillo como parecía en un principio. Lo que el 28 de abril se veía como un cómodo triunfo que desató el optimismo en las filas socialistas empieza a verse con incertidumbre. La investidura no es algo que preocupe en el PSOE, y en ese aspecto las miradas están puestas en los diputados independentistas que se encuentran en prisión preventiva: «Habrá que ver qué pasa con los que no votan que están en la cárcel», reflexionaban ayer en Moncloa. Esa situación a corto plazo puede facilitar la mayoría parlamentaria a Pedro Sánchez.

Pero antes o después el Gobierno en funciones sabe que una ruptura de relaciones con ERC pondrá cuesta arriba la legislatura. Los resultados del 28 de abril arrojaron a los socialistas una suma con la cual se llega a los 175 diputados sumando a Unidas Podemos, PNV, Compromis, Coalición Canaria y el Partido Regionalista de Cantabria. Se necesita un diputado más para la mayoría absoluta. Ahí entrarían los 4 diputados de EH Bildu o los 15 de ERC.

Una relación fluida con los independentistas catalanes, sobre los que los socialistas habían depositado esperanzas de moderación, facilitaría la gobernabilidad ya que con un acuerdo estable con Pablo Iglesias tan solo la abstención de ERC sería suficiente para que Sánchez tuviera una mayoría con la que trabajar en el Parlamento sin tener que acudir a acuerdos con tantos grupos distintos.

Pero tras el veto a Iceta, y pese a que ayer el que será portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, insistía en tener «la mano tendida» para la investidura y futuras votaciones, lo cierto es que en el PSOE la sensación en el día de ayer es que todo se pone cuesta arriba. «Nunca se sabe por dónde saldrán, son imprevisibles», apunta un alto mando de Ferraz. «Esto tiene difícil vuelta atrás. Lo que han hecho es una barbaridad», señalan desde una importante federación del partido. «El mandato no va a ser nada fácil», vaticina otro dirigente que considera que «son un caso perdido» para las cuestiones importantes y que «mientras sigan dependiendo de presos y fugados no tienen arreglo».

Sin garantía de estabilidad

La clave parece que volverá a estar en la posibilidad o no de aprobar el proyecto de Presupuestos que el Gobierno quiere llevar al Congreso lo antes posible. Desde la tranquilidad que vive el PSOE respecto a su situación electoral, inesperada hace menos de un año, en conversaciones informales hay quienes no descartan que este escenario pueda terminar en unas elecciones mucho antes de lo que se piensa. «La pregunta sería: ¿quién tiene miedo a unas elecciones?», expresa un cargo de Moncloa. «No es descartable. Es una opción bastante plausible». Aunque también reconocen que ese no es el objetivo y que el marco «favorable» que se logró en la reciente cita con las urnas podría no repetirse ahora.

De momento los socialistas se esfuerzan por tratar de aprovechar el veto a Iceta para «demostrar que no teníamos ningún acuerdo con los independentistas». El mero hecho de que esa autodefensa sea el argumentario pone de manifiesto lo que incomoda a los socialistas esa asociación. «Es un torpeza política y jurídica», dijo ayer la vicepresidenta Carmen Calvo.