Imagen de la Embajada de Corea en Madrid
Imagen de la Embajada de Corea en Madrid - ABC

Armas simuladas, robo de información, contacto con el FBI: así fue el asalto a la embajada de Corea

El líder del robo se presentó a los cinco días ante el FBI, que guardó veinte días la información sobre quién asaltó la embajada. El juez De la Mata ordenó su detención porque la Policía ya lo había identificado

MadridActualizado:

John le Carré –el mítico escritor de novelas de espías– no firma la narración de los hechos y el actor Gary Oldman no aparece entre sus protagonistas. Este relato es una historia real y sucedió el pasado 22 de febrero en Madrid.

Un ciudadano mexicano con residencia en Estados Unidos, Adrián Hong Chang, encabezó el asalto a la embajada de Corea del Norte, ubicada en el tranquilo barrio de Aravaca. Una acción en la que se emplearon armas de fuego simuladas, machetes, barras de hierro y cuchillos. Los asaltantes se llevaron dos ordenadores, dos «pendrives», un teléfono móvil y dos discos duros, uno de los cuales almacenaba imágenes de seguridad.

Después, Hong Chang huyó a Nueva Jersey a través de Portugal y cinco días más tarde –el 27 de febrero– se puso en contacto con el FBI, el organismo de investigación de crímenes de Estados Unidos, para informarle del asalto y entregarle todo el material.

Todo eso sucedió en Madrid hace menos de un mes, en la era de las amenazas híbridas que mezclan métodos tradicionales y novedosos; y ahora lo investiga el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata, que ya ha cursado las órdenes internacionales de detención contra dos de los asaltantes, según informaron fuentes jurídicas. La petición de arresto contra el supuesto líder del grupo ya estaba dictada al menos desde el pasado 15 de marzo, informaron a ABC fuentes de la investigación.

A pesar de que fue avisado el 27 de febrero, el FBI no comunicó a España que los asaltantes contactaron con la agencia hasta el pasado 19 de marzo, casi tres semanas después. Los investigadores sospechan que ese retraso se produjo por los posibles vínculos de las empresas del cabecilla y su ONG «Link» con la CIA, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, una conexión que se detectó desde el inicio. La operación se denomina Nollam.

Un ordenador encriptado

El magistrado levantó el lunes el secreto de sumario y dictó un auto, conocido ayer, en el que relata unos hechos propios de una novela de suspense. Considera De la Mata que el asalto cometido por un grupo de diez personas puede suponer la comisión de seis delitos: allanamiento de morada, detención ilegal, lesiones, amenazas, robo con violencia e intimidación y organización criminal. Además del cabecilla Hong Chang, que utilizaba los alias de Oswaldo Trupm y Matthew Chao, el magistrado también identifica como responsables del supuesto crimen al ciudadano norteamericano Sam Ryu (el otro contra el que pesa una orden de arresto), nacido en Corea del Sur, y al surcoreano Woo Ran Lee.

El juez relata la violencia de los asaltantes, que se presentaron como miembros de una supuesta asociación de derechos humanos para la liberación de Corea del Norte y quienes pidieron a los miembros de la embajada que abandonaran su país. Tras acceder, «comenzaron a golpear violentamente a todo el personal, hasta que consiguieron reducirlos y colocarles grilletes y bridas para inmovilizarlos, y les colocaron bolsas en la cabeza, llevándoles a todos a distintas habitaciones de la Embajada, dejándoles bajo vigilancia», relata el juez. Los asaltantes escaparon en tres vehículos de la Embajada –un Mercedes, un Audi y un Toyota todoterreno–, dos de los cuales fueron recuperados.

En el interior, se encontraban siete personas, una de ellas el encargado de negocios de la República Popular y Democrática de Corea, el nombre oficial de la dictadura de Corea del Norte, dirigida por Kim Jong-un.

Los objetivos del asalto, según las hipótesis de los investigadores, eran captar a alguno de los trabajadores de la Embajada, y robar información confidencial. Este fin lo lograron con la sustracción de todo el material que se llevaron, del que destaca uno de los ordenadores, porque se encontraba encriptado.