Lo que esconden los cien viajes del Príncipe a Iberoamérica
El Heredero de la Corona, el pasado sábado, a su llegada a El Salvador para asistir a la toma de posesión del exguerrillero Salvador Sánchez Cerén - efe
Política exterior

Lo que esconden los cien viajes del Príncipe a Iberoamérica

Don Felipe ha transmitido mensajes delicados del Gobierno alguno sobre terrorismo

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Ningún europeo tiene tantos contactos como él ni a tan alto nivel en Iberoamérica. Es la única persona que ha asistido a casi todas las tomas de posesión de los presidentes iberoamericanos de los últimos 18 años. En algunas de ellas, el Gobierno de España le ha encomendado delicadas gestiones que requerían la máxima discreción, como pedir a determinados jefes de Estado una mayor cooperación en la lucha contra el terrorismo. Durante muchos años ha sido el más joven, pero también el más veterano.

Es el primero que llega y el último que se va, y su séquito es el más reducido de todos. Aún así se ha convertido en la principal atracción de las tomas de posesión y, cuando anuncian su presencia en estas ceremonias, sobre todo las que se celebran en estadios, el público se rompe en aplausos. Es el Príncipe de Asturias, que el pasado fin de semana ha viajado a El Salvador para representar a España en la toma de posesión del nuevo presidente, el exguerrillero Salvador Sánchez Cerén.

Este es el relevo número 69 al que asiste Don Felipe desde 1996, cuando representó a España por primera vez en la toma de posesión del presidente de Guatemala, Álvaro Arzú. Hasta entonces solía ir Felipe González como presidente del Gobierno. El Príncipe nunca olvidará aquel primer viaje. En aquella época volaba en un pequeño Falcon de la Fuerza Aérea Española que tenía que hacer dos o tres escalas para cruzar el Atlántico. Aquella noche aterrizó en el aeropuerto de Guatemala a oscuras y tuvo que pasar revista alumbrado por los faros de un jeep.

Desde entonces, ha asistido a relevos de todo tipo: pacíficos, pintorescos, desesperadamente largos, tensos o muy complicados. Algunos se han celebrado en palacios y congresos, otros en estadios de beisbol y plazas públicas, e incluso en las ruinas de Machu Picchu, como el de Alejandro Toledo (Perú, 2001). El más llamativo de todos habría sido el de Manuel Zelaya (Honduras, 2006) que quería hacer su entrada a caballo en el Estadio Nacional de Tegucigalpa, pero sus asesores se lo desaconsejaron.

La investidura de Álvaro Uribe (Colombia, 2002) se celebró bajo el estruendo de un bombardeo en el que varios proyectiles cayeron muy cerca del Congreso y murieron 17 personas. Entre los invitados hubo gran desconcierto, pero el Príncipe decidió quedarse y llamó por teléfono al presidente del Gobierno para informarle: «Yo no me muevo». La de Felipe Calderón (México, 2006) se redujo a tres minutos de duración y acabó a puñetazos entre los diputados de uno y otro bando porque la oposición intentó boicotearla con la violencia. La de Sebastián Piñera (Chile, 2010) se vio sacudida por dos terremotos de alta intensidad que obligaron a suspender los discursos y a desalojar el edificio. En Brasil ha pasado varias Nocheviejas porque las tomas de posesión se celebran siempre el 1 de enero.

Como un jefe de Estado más

Esta es la parte anecdótica de unos viajes que han convertido al Príncipe en pieza clave de la política exterior. Don Felipe no se limita a asistir a las ceremonias. Aprovecha estos desplazamientos para mantener encuentros con los presidentes entrantes y salientes. El primer contacto de los mandatarios con España lo tienen a través del Príncipe. Para conocer la realidad civil de cada país, almuerza con diez o doce profesionales destacados, a ser posible de su misma generación. También se reúne con una representación de la colonia española. Y, durante la ceremonia, como recibe tratamiento de jefe de Estado, aprovecha la cercanía con éstos para transmitirles mensajes o intercambiar opiniones. En las cenas que suelen ofrecer los presidentes salientes, o los almuerzos de los entrantes, le piden que improvise unas palabras como decano. Este año, ya ha asistido a cuatro tomas de posesión y aún tendrá que acudir a otras y probablemente también a la Cumbre Iberoamericana de México.