El calentón de la luz provoca un apagón en la competitividad

El problema de la dependencia energética de España se redobla con el repunte de petróleo

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El recibo de la luz asfixia, y no solo a las familias. El encarecimiento de la factura de la electricidad es un pesado lastre que resta productividad y competitividad a la gran industria (metalurgia, siderurgia, cementeras, químicas...) y empresas, y supone una espada de Damocles para pymes y autónomos. Y esa tendencia alcista, que ya se sufre desde el pasado marzo, no parece tener freno. Incluso esta semana el tejido empresarial y los hogares han afrontado un nuevo envite al registrarse otro récord en el precio medio del megavatio hora (MWh), que el pasado miércoles escaló hasta los 75,3 euros (el coste más caro de todo el año). En enero el precio medio mensual estaba en 49,98. Y las previsiones no resultan esperanzadoras: se espera que 2018 cierre con 60 €/MWh.

«Cualquier subida de precio de la electricidad se traduce en una pérdida de la competitividad», sentencia Fernando Soto, director general de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (Aege), que aglutina a industrias en las que la factura energética puede llegar a suponer un 50% de los costes de producción. Para hacerse una idea, este tipo de organizaciones multiplica por un millón el consumo eléctrico de un hogar. «Nuestra industria exporta el 60% de su producción —afirma—. Competimos en un mercado internacional y, sin embargo, el precio de la luz se fija en mercados nacionales y locales, que son más caros que los de nuestros competidores. La oferta de generación de electricidad es 30% más económica en Alemania. Este año si seguimos así, cerraremos en torno a 60 euros/MWh y los alemanes en 46,6».

75,3 euros fue el récord que alcanzó del megavatio/hora el pasado miércoles, el valor más caro en todo lo que llevamos de año.

La tormenta eléctrica se ha desatado por la confluencia de varios factores. Algunos coyunturales: por ejemplo, en agosto, cuando se disparó el precio de la luz, España sufrió una ola de calor sin viento, lo que impidió obtener energía eólica, más barata al igual que la fotovoltaica y la hidráulica. Entonces el encarecimiento del precio de la luz fue del 35,5% con respecto al mismo mes del año pasado.

«Pero los tres elementos que más están influyendo en el precio son estructurales y no es fácil que se reviertan a corto plazo: la subida del precio del petróleo y el gas en los mercado internacionales, el aumento del precio del carbón y la reducción en el volumen de permisos de emisión de CO2 que ha puesto en marcha la Unión Europea y que ha incrementado su precio», explica Alberto Martín, socio responsable de Energía de KPMG para Europa, Oriente Medio y África. En este último caso, los derechos de emisión de CO2 (lo que paga cada central por cada tonelada de CO2 emitida ) han superado la barrera de los 20 euros/tCO2, triplicando su valor.

Y es que España tiene un mal endémico: el mercado de la electricidad es muy volátil a consecuencia de la gran dependencia energética del exterior. Más del 70% de la energia que consumimos se importa desde otros mercados. El mix de generación (las diferentes fuentes de energía con las que se produce la electricidad) está muy expuesto a los vaivenes del precio de los combustibles fósiles y este año la subida del precio del petróleo, y en consecuencia del gas, y el encarecimiento del carbón ha disparado la factura de la luz en los últimos meses. En otros países ha tardado más, como explica, Mario Berná, socio cofundador en Ingebau Soluciones de Ingeniería. «En Francia hasta hace dos o tres meses el precio de la electricidad en el mercado mayorista era más barato porque es un país que usa mucho las centrales nucleares. Y Alemania las energías renovables, pero el consumidor alemán paga más porque tiene que pagar más peaje por las primas de las renovables».

El 40% del recibo de la luz aproximadamente es lo que se pagara por el consumo de electricidad. El resto es un 25% en impuestos y un 40% en peajes

En nuestro caso, la producción nuclear ha sido inferior a lo habitual debido a operaciones de mantenimiento. Es la energía más barata después de las renovables, y produce 24 horas al día durante los 365 días del año. No obstante, el Gobierno (para cumplir el objetivo europeo de reducir las emisiones) quiere desmantelar las centrales nucleares, algo que encarecería la electricidad. Un informe de la CEOE estima que el cierre de estas plantas supondría un incremento de entre el 10 y 15% en la factura eléctrica.

A lo que cuesta la electricidad (el consumo suele suponer algo menos del 40% del recibo), hay que añadir impuestos (es el 25% de la factura y, por ejemplo, se paga el tipo máximo de IVA, un 21%, y el Impuesto de Electricidad, 5%) y unos costes fijos y regulados que abonan los consumidores (40% del recibo). Son peajes por usar las redes transporte y distribución, las primas a las energías renovables... Y si bien los peajes para la industria resultan más económicos, Soto reclama que «en Alemania, las empresas tienen compensaciones que aquí no hay, por ejemplo por el uso de las renovables. Lo que hace daño es el precio final que pagamos en comparación con nuestros competidores franceses y alemanes, por eso necesitamos recibir las mismas condiciones de suministro y esquemas de compensación».

La CEOE ya tomó cartas en el asuntos en el informe «Energía competitividad: propuesta del sector empresarial», donde se recoge todo un paquete de medidas para reformar el modelo. En este documento se habla «del enorme incremento de costes ajenos al suministro experimentado en los últimos años», que ha conducido a «una caída de la competitividad de la industria nacional, al situar los precios finales eléctricos en un rango superior al que teníamos hace un década en relación al resto de países de la UE».

Desde luego, reformar el mercado de la energía y la factura (sacar algunos peajes e impuestos)está encima de la mesa. De hecho, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ya ha anunciado que explicará la subida de la luz el próximo día 19 en el Congreso de los Diputados y se espera que presente también sus planes para afrontar el encarecimiento de la electricidad en los últimos meses. Un consumo cada vez más caro y que parece no detenerse.

Golpe a las pymes: una cafetería pagará este año un 40% más

Los autónomos son los otros grandes perjudicados por el alto precio de la electricidad. ATA pedía esta semana reducir el IVA de la luz al 4% como un producto de primera necesidad. Y UPTA echaba cuentas y lamentaba los resultados: una cafetería con menos de 10 kilovatios de potencia contratada y un consumo anual de aproximadamente 37.000 kw pagó en 2016 4.900 euros anuales, y este año abonará 8.450 euros, es decir «más de un 40% de subida en dos años», señala el presidente de UPTA Eduardo Abad, quien explica la delicada situación de los autónomos: «Los autónomos ya destinan casi un 20% de sus costes de producción a sufragar el coste energético. Y en estos momentos no lo podemos repercutir en el precio final del producto o servicio que vendemos puesto que el consumo interno en pequeños establecimientos se está desactivando. En el comercio tradicional el consumo ha descendido un 3% mientras ha aumentado un 17% en grandes superficies y ecommerce», cuenta Abad. «Cuanto más encarezcas la energía habrá más costes de producción, menos rentabilidad y los consumidores tendrán menos capacidad de compra», explica Abad.