Ferrero: «Lo he dado todo por el tenis, ya no me queda nada»
Juan Carlos Ferrero, en Valencia - MIKEL PONCE
TENIS | ENTREVISTA

Ferrero: «Lo he dado todo por el tenis, ya no me queda nada»

Hoy puede ser su último día como tenista. Se retira en Valencia, en el torneo del que es codirector, y recuerda una carrera llena de éxitos

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Juan Carlos Ferrero (Onteniente, Valencia, 12 de febrero de 1980) apura sus horas como tenista, confirmado su abandono una vez quede eliminado del Valencia Open 500 esta semana. Puede ser hoy mismo ante Nicolás Almagro, amigo al que pretende asesorar cuando deje el circuito en su nueva vida. Mañana, en el imponente Ágora, se le rendirá un acto de homenaje después del encuentro de dobles con Ferrer. Se va un héroe, el de la primera Copa Davis, y un número uno, algo de lo que sólo pueden presumir Carlos Moyà y Rafa Nadal.

—Ahora ya sí, fin de trayecto. ¿Cuestión de piernas o de cabeza?

—Un poco de las dos cosas. Con tantos kilómetros en las piernas uno ya no está igual y no compites en las mismas condiciones. No consigo los resultados que busco y eso te cansa, te agota mentalmente porque siempre he sido competitivo y he querido más. He sido muy exigente y sacrificado.

—¿Se siente viejo con 32 años?

—Viejo no, pero sí que es verdad que empecé muy pronto y noto los años. Con 18 ya estaba viajando. Ahora tengo 32 y no son muchos años, incluso podría seguir como hacen Haas, que tiene 34 o incluso Stepanek. Pero se notan tantas temporadas.

—¿Qué hubiera sido sin lesiones?

—La gente se piensa que me han castigado mucho y tampoco es así. Alguna vez puntual las lesiones han tenido que ver bastante para conseguir alguna cosa más, pero nunca lo sabremos. He sido lo que he sido con ellas, no puedo darle más vueltas. La peor fue la de la rodilla, el peor momento.

«Siempre que me ponen el passing de la Davis me emociono, se me pone la piel de gallina»

—Su talento era especial ¿No podría mantenerse y lograr cosas puntuales únicamente por esa calidad?

—No vale. Físicamente has de estar a tope, el talento no gana siempre partidos. Hay que prevenir lesiones. El calendario es durísimo y, tal y como está, es imposible sin físico y sin trabajo. Y está el aspecto mental. Los que están arriba tiene buena cabeza y por eso están ahí, vienen de casa con la cabeza bien amueblada. Va bien ayuda externa para momentos determinantes de los partidos, estar más calmado. El tema mental es ser positivo dentro de la pista. Yo lo intentaba ser siempre.

—¿Se exigió demasiado a sí mismo?

—Siempre me he exigido y por eso he conseguido todo lo que tengo. No hay otro camino, cada día dar lo máximo. He dado todo por el tenis, cada día de mi vida, y ya no me queda nada. Lo he intentado siempre hasta el final.

—¿Cómo asume la pérdida de protagonismo?

—De forma natural. Son cosas que se ven venir. Cuando no estás arriba la gente no está pendiente, es normal. En España siempre me he sentido muy querido, muy valorado. Y ahora estamos en la época de Nadal, cuya carrera está fuera de lo normal. Pero no tengo queja, siempre me han valorado.

—¿Cuántas veces pensó en retirarse antes de hacerlo ahora?

—Alguna vez lo medité, cuando las cosas no van bien te ronda por la cabeza la idea. Pero este año me lo tomé en serio, cociné la idea, sabía que se acababa esta vida. Necesitas estar preparado para algo así.

—¿El tenista está obligado a acostumbrarse a perder? ¿Usted lo hizo?

—Por supuesto. Ya lo dijo John McEnroe, el tenis es un deporte de perdedores. Ganan muy pocos a lo largo de las semanas. Es duro en ese sentido porque has de estar preparado desde pequeño. Pero es el pan nuestro de cada día. Y eso que he ganado alguna cosa.

—¿Desdramatizaba con las derrotas o las masticaba durante días?

—¿Sabe qué pasa? Arriba del todo, en la elite, las derrotas son muy importantes. Final de grandes, final de un Masters, semifinales importantes… Eso duele mucho. Siempre me ha gustado ser perfeccionista.

—¿Su peor derrota?

—La final del Masters de Shanghái, contra Lleyton Hewitt, fue un partido que lo tenía en la mano y se me escapó en el quinto. Y alguna final de grande como la del US Open o alguna semifinal como la de Roland Garros.

—¿Se reprocha algo?

—Yo creo que no. Lo he dado todo, lo mejor de mí mismo. No me puedo parar en algo que podría hacer más, es difícil. Siempre lo he intentado y espero que perdure esa idea.

«Me da un poco de miedo el día después. Pero me han dicho que hay vida sin tenis»

—¿Cómo cree que se le va a recordar?

—Como alguien que se ha dejado la piel, que lo ha dejado todo, el máximo. Alguien que ha dado grandes alegrías al tenis español y que ha luchado por su gente. Se me recordará, lógicamente, por la Copa Davis de 2000, la primera que logramos para España. Espero que me recuerden como uno de los grandes de la historia de nuestro tenis.

—Habla de la Davis de aquel 2000. Usted es, ante todo, ese passing shot a Hewitt.

—Fue algo muy importante. Era el primer año que jugaba la Davis. Pasó todo muy rápido. Ni me di cuenta de lo que era, pero muchos me recuerdan no solo como ese passing, he hecho más cosas. Pero eso marca porque fue algo mágico. Tenía 20 años, es difícil de asumir.

—¿Cada cuánto ve esa imagen?

—Hace bastante tiempo que no la veo, pero siempre que me ponen ese momento me emociono muchísimo, se me pone la piel de gallina.

—¿Le da miedo el día después?

—Un poco, siempre se tiene miedo. Llevamos una vida monótona y rutinaria. Son todos los días iguales y hemos sacrificado mucha parte de la vida normal por estar ahí. Dejas de entrenarte para llevar una vida más tranquila. Hay que acostumbrarse. Albert Costa y Carlos Moyà me han dicho que la vida es muy bonita sin tenis, ya veremos.

—¿Qué hará?

—El día después tranquilizarme, relajarme, disfrutar del ajetreo de Valencia, del torneo. Descansaré un poco, jugaré al golf, estaré por casa… Y el futuro ya se verá. Me ilusiona ser capitán de la Copa Davis algún día, seguir con la academia, ayudar a Nicolás Almagro, a Tita Torró…

—¿Compensa tanto sacrificio?

—Con creces, sin lugar a dudas. Empezar desde tan pequeño nos ha dado muchas satisfacciones a mí y a mi familia. Hemos logrado muchos más éxitos de lo que me pensaba. Ser número uno, un Roland Garros, una Davis...

—¿Se acuerda de algún partido en concreto?

—Siempre digo que de aquella semifinal del US Open contra Agassi en donde me puse número uno. Fue inolvidable. Me encantaba jugar contra él y ese día estaba todo el mundo a su favor, la pista a reventar. Fue un partidazo.