1983-1994: La Quinta del Buitre
Emilio Butragueño, feliz, tras marcar un gol con el Real Madrid - archivo abc
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1983-1994: La Quinta del Buitre

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El gol es imprevisible

Mi carrera deportiva ha sido bastante inusual. Hasta los diez años jugaba al fútbol en el colegio, en el Calasancio, como cualquier otro chico, y los fines de semana nos íbamos con mi padre a la sierra, a las Navas del Marqués, y allí jugábamos. De los diez a los catorce años estuve jugando al baloncesto. Sin tocar un balón de fútbol. Y a los catorce volví a jugar al fútbol en el colegio, pero como uno más. Fue a los dieciocho cuando entré en el Real Madrid.

Me hicieron una prueba, pero no gusté, y me rechazaron. Era el mes de septiembre. Se metió por medio el Atlético de Madrid, y en febrero hice una prueba con ellos. Mis padres eran muy amigos del padre de Juanito, también jugador del Castilla, que iba al mismo colegio que yo, y a través de él conocí a un entrenador del Real Madrid que me dijo que era una pena que me fuese al Atlético de Madrid. Me hizo la prueba definitiva y en junio entré en el Real Madrid.

Creo que soy bastante equilibrado. No he cambiado el ritmo de mi vida. El fútbol exige unos sacrificios, sí, pero tampoco son tan grandes. A mí no me cuesta ningún trabajo no salir de noche cuando al día siguiente tengo que entrenar. Hago todo el año la misma vida. No fumo, no bebo. Tampoco el fútbol te exige hacer una vida anormal, ni quedarte anquilosado en casa. Es bueno dormir ocho horas como mínimo. Tampoco dormir demasiado. En mi caso, por lo menos, dormir mucho es perjudicial. Hago una vida normal, sin excesos. Voy a la Facultad, entreno, veo a mis amigos. Soy muy exigente co nmigo mismo. Si hago un partido regular, suelo estar después muy enfadado.

Ser goleador es fruto de la inteligencia, la habilidad y la oportunidad. Es muy importante ser inteligente en el campo. Un delantero también tiene que tener la cabeza fría en todo momento. Y oportunista. Porque hay muchos goles que se meten por ser listo, por estar allí. Un rechace y solamente tienes que empujarla.

El gol es imprevisible. No se puede esperar nunca. Además, siempre que pienso que voy a marcar un gol, nunca lo marco. Pero hay jugadas, sobre todo en contragolpes, que lo ves fácil. A balón parado voy muy mal de cabeza. Entonces ni sueño que voy a marcar. En el Castilla este año he tenido unos jugadores extraordinarios y me han facilitado muchísimo todo. Si no llega a ser por ellos no hubiese metido tantos goles. Siempre he dicho que no soy goleador nato. Pienso que mi cualidad principal no es marcar goles. Este año he tenido la suerte de hacerlo.

Hay muchos intereses creados en el fútbol. Muchos. Es el deporte nacional; hay mucho dinero de por medio. Creo que se mueve demasiada cantidad de dinero y no se puede cambiar. Para mí será inolvidable el 5 de febrero de 1984. Esa fecha quedará grabada para siempre en el sumario de la familia.

(Esta entrevista fue publicada en Los Domingos de ABC el 3 de junio de 1984)