Messi, con Argentina - AFP
Barcelona

Messi, incómodo en el Barça

Vuelve a repetir que se marchará si no se siente querido por el club y por la afición

Xavi Hernández
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Un día antes de que el Atlético de Madrid se proclamara campeón de Liga en el Camp Nou, el Barcelona anunció la «adecuación contractual» de Leo Messi. El presidente Bartomeu llegó a tiempo, aunque sin firma sobre papel, para intentar un golpe de efecto con vistas al choque que podía salvar el curso del equipo, pero la tenacidad de los de Simeone resistió al impacto generalizado de un acuerdo que volvía a convertir al astro argentino en el futbolista mejor pagado del mundo: veinte millones al año hasta 2018. La cláusula y la duración del contrato, sin embargo, se quedaron igual que a finales de 2012, fecha de la última revisión pactada con Sandro Rosell.

Fue una negociación heterodoxa, rocambolesca, centrada muy especialmente en los derechos de imagen, y la rúbrica llegó prácticamente sobre la bocina, con el delantero en el aeropuerto a punto de irse con su selección para preparar el Mundial. Además, Messi se destapó con una advertencia horas antes de firmar. Conviene refrescarla: «La gente del Barça es la que debe decidir qué hacer con mi futuro. Mi elección es la de continuar porque sigo sintiendo el mismo cariño de su parte, pero si no es así buscaré una solución».

Sumados todos los ingredientes, más que una renovación con el Barça, lo que firmó Messi fue una tregua con la directiva, un tupido velo después de varios meses de frialdad. La muestra pública del desencuentro fue el enfrentamiento dialéctico azuzado por el vicepresidente Javier Faus, que gastó mal tono y usó la palabra «señor» cuando en una entrevista le preguntaron por la renovación de la estrella azulgrana. Pasados unos días, Messi reprendió al directivo por no saber «nada de fútbol» y gestionar el club «como una empresa».

Con todo, la renovación tuvo un efecto razonablemente balsámico y la afición, temerosa ante el posible cambio de aires de su mayor ídolo, respiró porque Luis Enrique, el nuevo entrenador azulgrana, iba a poder contar con él en sus planes. Crisis superada. De hecho, entrada la temporada, si se hablaba de Messi era para ensalzar su vocación asistente, analizar su convivencia en punta junto a Neymar y Suárez o juzgar si el técnico debía consultarle antes de cambiarlo a medio partido. Todo centrado en el rectángulo de juego, que por cierto es prácticamente el único canal que utiliza el rosarino para expresarse públicamente en Barcelona, donde se debe al club que le paga. Por el contrario, la cosa cambia cuando se marcha con su selección. En ese contexto, le abre las puertas, por ejemplo, al Diario Olé.

Precisamente, el rotativo argentino publicó ayer una entrevista con Messi cuyo principal titular tiene que ver con su continuidad en el Barcelona. De repente, cuando nadie lo esperaba, reaparece el debate. Y la mencionada tregua, mientras, se tambalea apenas seis meses después de firmarse. «Siempre he dicho que me gustaría quedarme, pero a veces no todo se da como uno quiere», deslizó el «10», que trató de acotar al máximo su visión de futuro: «Hoy por hoy vivo el presente. Pienso en hacer un gran año y ganar los títulos que queremos en el Barça. Y nada más. Después se verá. El fútbol da muchas vueltas». « No siempre se da todo lo que a uno le gusta», insistió. «Más en el fútbol, que es tan cambiante y que pasan tantas cosas. Es complicado, más en los momentos que está pasando hoy el Barcelona». Las críticas le escuecen.

Una temporada, por ahora

Messi, sin ser del todo explícito, reabrió de par en par la sospecha. Sigue planteándose la opción de marcharse a otro sitio, lejos de unos directivos que no le han sabido entender y de una exigencia endémica de la que no puede escapar. Paralelamente, toma cuerpo la idea de que Barça, consciente de la situación y del mercado, ya cubrió sus espaldas con Neymar y Suárez.