La puntería del viejo cazador
Pablo Garcia Lastras - AP
GIRO DE ITALIA

La puntería del viejo cazador

Pablo Lastras, ganador de etapas en el Tour, el Giro y la Vuelta, disfruta como nunca en elfinal de su carrera deportiva

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"Pregúntale a Pablo". Y Pablo Lastras responde. Sabe. Pertenece a un grupo de élite, el de los elegidos que han ganado etapas en el Tour, el Giro y la Vuelta. Como Contador desde el Etna, o Petacchi, Cavendish, Zabriskie y Menchov. Son pocos. Y pueden comparar: "El Tour es la carrera más mediática. La Vuelta, la más moderna. Y el Giro es el paisaje. El colorido. Con los pueblos, las tiendas, las gasolineras y los balcones decorados de rosa. El Giro son también las emboscadas y los puertos con mayores porcentajes". Pablo Lastras (San Martín de Valdeiglesias, en Madrid) ya tiene 35 años. Poso de sobra. "Ahora valoro más mi profesión; la sufro menos". La apura. "Es que los ciclistas tenemos fecha de caducidad. Ya sabes: consumir preferentemente antes de...". Bromea con su carnet de identidad. "Sé que como mucho me quedan un par de años". Tiempo para disfrutar, como en este Giro. "A estas alturas, lo paso tan bien en la Milán-San Remo como en una carrera de pueblo. Me sigo exigiendo el máximo".

Para tener etapas en las tres grandes hay escasos caminos. Ser un mito, como Anquetil, Bahamontes, Gimondi, Hinault, Julio Jiménez, Klobet, Poblet, Rominger, Ullrich, Fignon, Fuente, Van Looy, Moser o Eddy Merckx. Ser un velocista, como Abdoujaparov, Blijlevens, Lasa, Cipollini, Maertens, Petacchi... O ser un francotirador, como Bettini, Cubino, Jalabert, Garate o Lastras, que ya es viejo y que empezó a toda prisa: ganó en su primer Giro (2001), en su primera Vuelta (2002) y en su primer Tour (2003).

El debutante certero. "Hasta aquel Giro, que era mi primera gran vuelta, se me conocía más por las lesiones y la operaciones quirúrgicas que por los resultados en las carreras", cuenta el corredor madrileño. Cierto. Con 25 años, Lastras era un ciclista sin tiempo para serlo. Era un paciente. Y su currículo, un parte médico: fracturas de clavícula, de fémur, de una vértebra dorsal, de costillas; operaciones en el menisco; extirpación de quistes en la rodilla… En eso, llegó su primer Giro. Y aquella etapa con final en Gorizia, en la frontera con Eslovenia. "Fui a esa carrera sin nada que perder. Y supuso mi relanzamiento. Me metí en aquella escapada con gente muy buena, con Elli, con Lombardi, con Di Grande. Tenía que jugármela desde lejos. Les engañé. Había dado relevo Elli y le tocaba a Lombardi. Entonces ataqué. A 180 pulsaciones, hay que ingeniárselas". Esa victoria le cambió. Le revistió de confianza, el combustible imprescindible.

Y llegaron más. Las dos etapas de la Vuelta. "Para mí aquella Vuelta era un reto. La afronté con mucha tensión. Me comían los nervios. Bajé de peso hasta los 65 kilos –hoy pesa 68-. Era una época de mi vida muy especial. Mi madre estaba ya muy enferma, y ella es la que más me ha aguantado siempre". Buscaba un regalo para ella, para Rosa. Lo encontró en Córdoba.

Esa mañana, antes de la etapa, fue con su director Jaimerena y con Mancebo y Flecha a memorizar aquellos últimos kilómetros de la etapa. Ensayo matinal. Por la tarde, le tocaba premio. “Ese día salí a ganar. En los abanicos, todo el equipo se quedó con Mancebo. Yo no. El director me dijo que adelante, que podía ser mi día. Corrí con seguridad, pero sin riesgo. Fui valiente”. Por la mañana se había citado con el repecho situado a la salida del alto de San Jerónimo, al borde del balcón que colgaba sobre Córdoba. Por la tarde, el chico de los huesos rotos consoló a su equipo, el ibanesto, por la retirada de Mancebo.

Le quedaba el Tour. Y allí también hizo diana a la primera. “Me superó la grandeza de esa carrera. El nivel organizativo, los medios de comunicación… No fui consciente de lo que había hecho, de haber ganado una etapa. Creo que he visto el DVD sólo un par de veces. No sé por qué. No me hace falta verlo. Algo así no se olvida”. Ese día cogió otra vez la fuga buena, la de Lelli, Nardelo, Da Cruz, Cañada y Voeckler. El instinto. "Mi estrategia era no dudar. Y no lo hice. Gané por cabezonería. Iba muerto. Esprinté por el lado donde pegaba el viento en contra. Nadie lo esperaba". Para esa fecha, Rosa, su madre, ya no estaba. “Y mira, gané justo el día de su cumpleaños”. Segundo regalo. Tercera victoria en una grande.

"La primera victoria fue la que más influyó. Sin aquella etapa en el Giro, no hubiera sido el corredor que soy", cuenta. En esta edición, quizá su adiós al Giro, busca la última. La etapa que sea. Vino al Giro "sin mirar" siquiera el mapa de ruta. No le hace falta. Ya conoce el suelo que pisa.