El Teatro Real rinde homenaje a Pina Bausch con «Orfeo y Eurídice»
Un momento de la coreografía - Evie Fylaktou

El Teatro Real rinde homenaje a Pina Bausch con «Orfeo y Eurídice»

El Ballet de la Ópera de París presenta en Madrid esta ópera danzada, creada por la coreógrafa alemana en 1975

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El 30 de junio se cumplieron cinco años de la sorpresiva muerte de Pina Bausch, figura clave en la historia de la danza del siglo XX, y una artista que revolucionó la escena europea con su sensibilidad y su particular lenguaje teatral y coreográfico. Una de sus óperas-danzadas «Ifigenia en Táuride» (1781), de Christoph W. Gluck, creada en 1974, estuvo en la primera temporada del renovado Teatro Real, en 1998; ahora, el coliseo presenta otro de los trabajos de la coreógrafa alemana, creado en 1975: «Orfeo y Euridice» (1774), también de Gluck, en una producción del Ballet de la Ópera de París. La dirección musical es de Thomas Hengelbrock; el reparto incluye a los cantantes María Riccarda Wesseling (Orfeo), Yun Jung Choi (Eurídice) y Jaël Azzaretti (Amor), y a los bailarines Stéphane Bullion y Nicolas Paul (Orfeo), Marie-Ágnès Gillot y Alice Renavand (Eurídice) y Muriel Zusperreguy y Charlotte Ranson (Amor). El Ballet de la Ópera de París y el Balthasar-Neumann Chor & Ensemble completan el reparto

Ópera danzada

Pina Bausch creó esta obra en sus primeros años en la Ópera de Wuppertal. En ella, como en «Ifigenia en Táuride», funde la ópera y la danza. Se canta la música y se baila la acción. Con la puesta en escena de estas dos obras, dice Norbert Servos, especialista en la obra de la alemana, «experimentó con un género totalmente nuevo y más ligero: la ópera danzada. Si en “Ifigenia en Táuride”, los cantantes todavía estaban desterrados de la escena, Pina Bausch los recolocó en “Orfeo y Eurídice”. Cada uno de los personajes fue desdoblado en una voz cantante y un cuerpo danzante, que, ejecutados en paralelo, representan las diferentes expresiones de un mismo sentimiento». Se consigue de esta manera una emoción particular.

Por su parte, Laure Guibert, de la Ópera de París, explica que Pina Bausch «se mantuvo muy fiel a las intenciones del compositor y profundizó su búsqueda de la encarnación del arte. Como Gluck a través de la voz, muestra a través de la danza las fuerzas elementales del corazón en el ser humano. Ella acentúa la intensidad con la que los amantes se encuentran y para ello inventa papeles bicéfalos. Orfeo, Eurídice y Amor se desdoblan en intérpretes cantantes y danzantes. A la voz se confía la narración poética del mito y al cuerpo el desarrollo de la profundidad dramática». Hay una variación en la obra que cuenta Guilbert: «Más próxima a la tragedia del teatro antiguo que a las convenciones del siglo XVIII, la coreógrafa evita el final feliz y cierra la ópera con la segunda muerte de Eurídice y la desesperación de Orfeo».

«Esta elección –añade Servos– es típica de los inicios de la coreógrafa, que se confrontaba entonces con el sufrimiento. Ella divide la ópera de Gluck en cuatro retablos titulados «Duelo», «Violencia», «Paz» y «Muerte», bosquejando ya los temas fundamentales que después declinará con innombrables variaciones. Sólo la muerte, la pérdida de la esperanza y la derrota acabarán por transformarse en un intercambio sereno con el mundo y en una reconciliación consigo misma»