Julio Cortázar, fotografiado en 1967 por Alberto Jonquières

El «swing» de Julio Cortázar

La Fundación Juan March ilustra con un ciclo de conciertos y una exposición la relación del escritor con el jazz, que quedó reflejada en libros como «Rayuela» y «El perseguidor»

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«Descubrí la música en Buenos Aires a la edad de diez años, más o menos, en 1924. Yo no podía entender las palabras, pero alguien cantaba en inglés y era algo mágico para mí. Tendría catorce años cuando oí a Jelly Roll Morton y luego a Red Nichols. Pero al oír al Louis Amstrong, noté la diferencia». Así explicaba Julio Cortázar a Hermenegildo Sabat, en 1978, cómo la música había llegado a su vida, y cómo el jazz -«un producto poético» para el escritor- se instaló en ella e influyó en su obra literaria. «El jazz me enseñó cierta sensibilidad del “swing”, de ritmo en mi estilo de escribir. Para mí las frases tienen un “swing” como lo tienen los finales de mis cuentos...», confesaba a Evelyn Picon Garfield en una entrevista.

Una conversación que se puede escuchar en la Biblioteca digital Julio Cortázar, que recoge el legado -donado por su viuda Aurora Bernárdez- que desde hace veinte años custodia la Fundación Juan March. Y a la que se acaba de sumar la digitalización de la publicación «El jazz en la obra de Cortázar», que reúne el pensamiento jazzístico en la vida y en la obra del escritor argentino. (La biblioteca se compone de 3.786 volúmenes, de los que 22 se refieren exclusivamente a este género).

Pasar al «otro lado»

La institución madrileña, coincidiendo con la celebración del cincuenta aniversario de su obra más revolucionaria, «Rayuela»(1963), y adelantándose al centenario de su nacimiento (2014), ha querido plasmar la intensa relación de Cortázar con el jazz a través de un ciclo de conciertos (los sábados 16, 23 y 30 de noviembre) y una muestra (instalada en el vestíbulo del salón de actos), con objetos y documentos que trazan un itinerario desde sus primeros contactos con el género hasta el saxofonista Charlie Parker, que inspiró el personaje de Johnny Carter de su cuento «El perseguidor» (1959)».

«Cuando dejé la Argentina y vine a París, en 1951, sabía poco o nada sobre él [Charlie Parker]. Un día, leyendo un número de la revista francesa “Jazz Hot”, supe de su muerte y de su biografía, me encontré con un hombre angustiado a lo largo de su vida, no solamente por problemas materiales -como el de la droga- sino por lo que yo, de alguna manera había sentido en su música: un deseo de romper las barreras como si buscara otra cosa, pasar al “otro lado”: y me dije “éste, él es mi personaje”». Una reflexión que aparece publicada en el libro «To bird with love» (1981), biografía de Chan Parker y Francis Paudras sobre el saxofonista fallecido en 1955.

Si bien, otras entidades, como la Fundación Autor, ya le rindieron su propio homenaje -el pasado mes de julio- a «Rayuela», los conciertos de la Fundación March abarcan tres de sus textos. A los ya mencionados se suma «La vuelta al piano de Thelonious Monk», fruto de una velada inolvidable vivida por Cortázar en 1966 en Ginebra, donde acudió a un concierto del cuarteto del pianista estadounidense, uno de los fundadores del bebop.

Los dos programas (a las 12 y las 19 horas) que la Fundación Juan March ofrecerá este primer sábado se centrarán precisamente en este texto; en ellos, el Moisés P. Sánchez Trío será el encargado de interpretar obras de Warren, Monk, Carmichael y Bassman. En la segunda cita, el día 23, el Federico Lechner Quinteto ilustrará musicalmente los dos conciertos dedicados a «Rayuela»; mientras que el Perico Sambeat Quartet cerrará el ciclo, el día 30, con Charlie Parker y «El perseguidor».