Julio Cortázar, en noviembre de 1978
Julio Cortázar, en noviembre de 1978
101 aniversario

Cosas que no sabías de Julio Cortázar

Considerado uno de los escritores más destacados del siglo XX, hoy, que se cumplen 101 de su nacimiento, le recordamos haciendo un repaso del lado menos conocido del genial argentino

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Julio Cortázar, considerado uno de los escritores más influyentes, del siglo XX, cumpliría hoy, 26 de agosto, 101 años.

Nació en Bruselas en 1914 pero como su padre trabajaba en la embajada Argentina en Bélgica marchó al país más austral del mundo junto a su familia a finales de la Primera Guerra Mundial.

Hoy le recordamos de una forma diferente, contando aquello que no sabías del escritor que supo marcar un estilo propio y cuya obra aún sigue conmoviendo a millones de lectores en todo el mundo.

1- Los libros que Cortázar leyó y anotó

«A Julio, tu estás por aquí en unas páginas», es una dedicatoria de Pablo Neruda de 1970; mientras que en la primera hoja de la edición inicial de «La casa verde», de Mario Vargas Llosa, se lee: «A Julio y Aurora, los primeros lectores de esta novela de caballerías peruanas...» A bolígrafo o con un lápiz, Cortázar anotaba en los libros que le interesaban, a veces frases como «Pinochet se los venderá a los yanquis, es lo más seguro» (en las memorias de Pablo Neruda), mientras que en otras ocasiones apostaba por la simple exclamación a pie de página: «Bello como Hölderlin», en un poemario de Salinas.

2- Rayuela convirtió a Cortázar en lo que nunca hubiera querido ser

«El libro convirtió a Cortázar en algo que nunca hubiera querido ni soñado ser, una persona pública, a lo que se puede añadir el detalle de su falta de vanidad», contó su viuda Aurora Bernárdez, que se reunió en 2013 con el Premio Nobel, Mario Vargas Llosa en el marco de una conferencia enmarcada dentro del ciclo «Cortázar y el 'boom' latinoamericano», que desveló la influencia de esta novela en la vida del autor argentino.

La también traductora argentina ha señalado que «'Rayuela' cayó como una bomba. Además le salieron muchos 'adversarios' que seguían atentos al otro Cortázar, al de los cuentos, que no es ni mejor ni peor, sino otra visión».

3- Obsesión por las erratas

Contó el escritor Jesús Marchamalo, cortazariano convicto y confeso, que el escritor era un obseso de la edición cuidada y limpia de erratas. Un maniático en señalarlas, y una pantera desbocada si el texto estaba repleto de ellas; las corregía de forma atenta y minuciosa. En «Confieso que he vivido», Cortázar vomita espumarajos de tinta después de corregir innúmeras erratas. La autobiografía póstuma de Pablo Neruda fue editada por su viuda, Matilde Urrutia, y por el escritor Miguel Otero Silva. Sulfurado, anota Cortázar: «(I) Che, Otero Silva, qué manera de revisar el manuscrito, carajo!». Y reprende a Neruda en la página 414, cuando el chileno afirma: «La verdad es que todo escritor de este planeta llamado Tierra quiere alcanzar alguna vez el premio Nobel, incluso los que no lo dicen, también los que lo niegan». Cortázar fulmina: «Craso error, Pablo».

Los errores tipográficos le encolerizaban. En La realidad y el deseo, de Cernuda, Cortázar acuchilla sin piedad a Emilio Prados. Donde se lee «bajo el cuidado tipográfico del poeta Emilio Prados», Cortázar enmienda: bajo «el descuido».... En «Silence des yeux», de Juan Gelman, Cortázar se horroriza. El prólogo, escrito en francés por él, ha sido acribillado: faltan palabras, bailan las letras... No puede más, y debajo de la firma «Julio CORTÁZAR» incorpora de su puño y letra: «massacré» (masacrado).

4- Quería que la escritura y la vida fueran utópicas e intensas

La literatura que Cortázar defendía y encarnaba era enemiga de la retórica; el peor de los males que acechaba a una escritura que quisiera alcanzar, siquiera de forma infinitesimal, la expresión del ser íntimo del escritor. Quería que la escritura y la vida fueran utópicas e intensas pero, sobre todo, que tuvieran autenticidad, y las cartas fueron el gimnasio perfecto de su expresión. Estas cartas se recopilaron en un libro del mismo nombre.

No andaba lejos de ser un romántico redivivo como su admirado Keats, y quizá por ello leemos su correspondencia con el temblor que experimentan los lectores que desean encontrar en ella las bondadosas excentricidades de un cronopio, el candor de la Maga o la sabia ingenuidad del piantado Horacio Oliveira.

5- Su vocación era la marina y quiso ser músico...

Pero su destino era otro ya que no tuvo aptitudes para el solfeo (según su tía), y en cambio los sonetos le salían redondos.

A los 12 años proyectó un poema que modestamente abarcará la entera Historia de la Humanidad, y escribió las 20 páginas correspondientes a la edad de las cavernas.

6- «¡Que le racionen los libros!»

Cortázar leía demasiado, como era de esperar de todo buen escritor, pero aparentemente esta genial virtud no fue bien vista por su director de Educación Primaria, que le hizo una ditirámbica petición a la madre del genio: ¡«Que le racionen los libros!». Ese día, Julio Cortázar empezó a saber que el mundo estaba, está, y estará, repleto de idiotas.

7- En un hogar desgraciado por el abandono del padre, los libros fueron su salvación

Debido al trabajo de su padre, nació en 1914 en Bélgica y vivió en Suiza y Barcelona hasta los cuatro años. El desembarco en Argentina nos da el arranque. El pequeño Julio se cría en Banfield, ciudad dormitorio de la clase media acomodada, tranquilo y verde aunque hoy un tanto deteriorado. Él no lo disfrutó: en un hogar desgraciado por el abandono del padre, los libros fueron su tabla de salvación. Aunque el niño comenzaba a intuir la vida, palpitante, ansiosa por mezclarse en la pócima de la literatura, en sus visitas a la capital, donde le esperaba la Boca, tan italiana y portuaria, con sus casas de vivos colores; el bullicioso barrio judío y comercial del Once; los patios de sombra y pereza de San Telmo, la humanidad incesante de la Plaza de Mayo. Todo permanece hoy, con una cierta capa de herrumbre y el envoltorio turístico, pero con la magia aún disponible. Ahí se yergue irreductible, por ejemplo, el Luna Park, donde Cortázar vio sus primeros combates de boxeo.

8- Amante del jazz

«Descubrí la música en Buenos Aires a la edad de diez años, más o menos, en 1924. Yo no podía entender las palabras, pero alguien cantaba en inglés y era algo mágico para mí. Tendría catorce años cuando oí a Jelly Roll Morton y luego a Red Nichols. Pero al oír al Louis Amstrong, noté la diferencia». Así explicaba Julio Cortázar a Hermenegildo Sabat, en 1978, cómo la música había llegado a su vida, y cómo el jazz -«un producto poético» para el escritor- se instaló en ella e influyó en su obra literaria. «El jazz me enseñó cierta sensibilidad del “swing”, de ritmo en mi estilo de escribir. Para mí las frases tienen un “swing” como lo tienen los finales de mis cuentos...», confesaba a Evelyn Picon Garfield en una entrevista.