Cortázar, explorador de ciudades
Publicado Domingo , 30-05-10 a las 20 : 20
Explicaba Saúl Yurkievich, gran amigo de Julio Cortázar, que el autor de Rayuela escribía «como improvisando jazz»; esperaba a sus musas y se dejaba transportar por ellas naturalmente, sin dolor, sin demasiadas correcciones. Una revelación sorprendente en relación a una prosa tan depurada y reflexiva. Yurkievich, a quien se debe la exhumación póstuma de dos novelas primerizas del escritor argentino, El examen (1950) y Divertimento (1953), rememoraba además, en una entrevista concedida en París en 1999, que el juego ocupaba una parte esencial de su (anti) método de trabajo.
Así, del mismo modo que John Cage revolucionara la composición musical del siglo XX mediante la introducción del azar y el silencio en la ecuación de sus partituras, Cortázar, a pesar de no abrazar la filosofía zen como lo hiciera su coetáneo norteamericano, también llegó a emplear las monedas del I Ching para decidir el camino que debían seguir sus pasos en su errante existencia por las ciudades del mundo.
Hace ya casi cinco años, el escritor y doctor en Filología Miguel Herráez (Valencia, 1957) desanduvo estos pasos en un intento de desentrañar la cartografía emocional de Cortázar, que por sus cuentos y novelas sabemos que es indisoluble de la que conforman las calles, los cafés, pretiles y hospedajes de París y Buenos Aires.
Después de muchos viajes y entrevistas con personas nucleares y perimetrales en la vida del autor de Bestiarios, Herráez alumbró un libro ecléctico, un «ensayo literaturista» con aliño autobiográfico, que publicó en 2006 la editorial catalana Ronsel con el título de Dos ciudades en Julio Cortázar. Recientemente, y aprovechando la celebración de la 36ª Feria del Libro de Buenos Aires, la mayor cita literaria en Latinoamérica, Ediciones del Copista presentó la reedición revisada y nuevamente prologada de este peculiar volumen, en el que Herráez localiza los espacios imaginarios y reales en los que transcurren los cuentos y novelas de Cortázar. La acogida ha sido inmejorable —los ejemplares de la primera tirada se agotaron en Argentina en una semana— y consolida al escritor valenciano como referente imprescindible de la figura de Cortázar, a quien dedicó una extensa biografía —publicada por la Institució Alfons El Magnànim en 2001, por la editorial Ronsel en 2004 y después en la rusa Azbooka—, de la que se han vendido más de 17.000 ejemplares.
La huella indeleble de Cortázar como símbolo de la intelectualidad bohemia, como uno de los máximos exponentes del «boom latinoamericano», requiere de constantes revisiones de su obra, demanda nuevas perspectivas sobre su biografía y su personalidad «solitaria e íntegra» y justifica la aparición de más Papeles inesperados. Así se entiende la publicación en 2009 del epistolario con el poeta español Félix Grande y la versión remozada de la anteriormente citada biografía, que Herraéz pondrá a punto en París este mes de junio con la ayuda de la primera mujer de Cortázar y apoderada de los derechos del escritor, Aurora Bernárdez.

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