El hombre no pisa la Luna desde 1972 - AFP/NASA | Vídeo: Así fue la lleagda del ser humano a la Luna en 1969 (ATLAS)

¿Por qué es importante que el hombre vuelva a pisar la Luna?

El primer aterrizaje humano en la cara oclta de nuestro satélite de una sonda china ha abierto el debate

Madrid Actualizado: Guardar
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Al hablar de la llegada del hombre a la Luna, irremediablemente pensamos en los años de la Guerra Fría: la carrera aerospacial entre la Unión Soviética y Estados Unidos marcó los años 60 y 70 del pasado siglo, poniendo en la agenda diariamente noticias sobre astronautas, cohetes y viajes espaciales. Nuestro satélite fue el nuevo mundo a conquistar, y doce hombres (todos estadounidenses) orbitaron (primero) y pisaron (después) estos dominios algo más de dos décadas. Sin embargo, ningún pie ha vuelto a ponerse en sus cráteres desde 1973. ¿Acaso había perdido interés nuestra vecina cósmica?

El aterrizaje de la sonda china Chang'e-4 en la cara oculta de la Luna parece haber reavivado las intenciones de la Humanidad de colonizar el satélite, coincidiendo precisamente con los 50 años desde que el hombre orbitó por primera vez a su alrededor. «El aterrizaje de alta precisión es una necesidad para la próxima exploración de lunas y asterorides. Esperamos poder llegar a toda la Luna e incluso al Sistema Solar completo», afirmaba el diseñador jefe de la sonda, Sun Zezhou, desvelando las intenciones del gigante asiático por continuar pugnando por su sitio en esta nueva edición de la carrera al espacio.

China se introdujo en ella 2003, con el envío de su primer astronauta al espacio; y continuó en 2007 y 2013, cuando lanzó sendas misiones no tripuladas para orbitar alrededor del satélite. Y posarse en su cara oculta el pasado 3 de enero ha significado un paso histórico, pero no será el final: el objetivo es instalar una base robótica en el polo sur de la Luna y, paralelamente, ya se preparan las misiones Chang´e-5 y 6 para traer muestras desde el satélite. Colonizarlo, al fin y al cabo.

China, EE.UU., Europa, Rusia... a la carrera

Pero China no es la única. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto también la mirada en el satélite y ha firmado una nueva declaración para enviar una misión tripulada primero a la Luna y, si todo va bien, con segundo destino en Marte. «El presidente Eisenhower lanzó nuestra nación a la era espacial y el presidente Kennedy nos dio la responsabilidad de llegar a la Luna. (...) Celebramos nuestro legado hoy con una gran promesa y una fuerte dirección del presidente para regresar a la Luna e ir a Marte», afirmaba el recién nombrado administrador de la NASA Jim Bridenstine en un acto celebrado antes de las Navidades. En colaboración con once compañías, la agencia espacial estadounidense prepara robots para tenerlos listos entre 2019 y 2021, así como los esfuerzos privados por abaratar los costes de los viajes al espacio -como los cohetes reutilizables Falcon, propiedad del polémico Elon Musk- abren un mundo de posibilidades.

La Agencia Espacial Europea (ESA) tampoco se quiere quedar atrás. «Mi intención es construir una base permanente en la Luna, una estación abierta a diferentes estados miembros de todo el mundo», aseguraba poco después de su toma de posesión el actual director de la ESA, Jan Wörner. De hecho, el pasado mes de noviembre probó en Lanzarote -que presenta un paisaje parecido al lunar- nuevas herramientas y equipos de comunicación que participarán en la vuelta del hombre (occidental, porque la ESA colabora con la NASA) a la Luna.

Y lo mismo ocurre con Rusia, India, Japón, Israel, Corea del Sur e incluso Corea del Norte. Entonces, ¿qué secretos oculta la Luna para haber recuperado el interés? ¿Qué es más importante: la cercana Luna o el misterioso y lejano Ultima Thule? ¿Está el hombre preparado realmente para colonizar su satélite?

Misiones tripuladas para 2022

«Chang'e 4 es un paso histórico hacia una aldea robótica y, despues, una estancia humana permanente y sostenible», explica Bernard Foing, director del Grupo Lunar Internacional de la ESA. Pero advierte que no debe ser la única: «Necesitamos otras misiones para estudiar la superficie, buscar el hielo, extraer recursos naturales, hacer experimentos biológicos y desarrollar sistemas de apoyo a la vida».

Además, el componente del viaje humano con dirección al satélite es algo que, según el experto, veremos de nuevo en poco tiempo. «Se planean misiones tripuladas en la órbita lunar desde 2022 (con Space X, la Cápsula Orion de la NASA o las ya anunciadas por China). Los próximos pasos humanos podrán ser desde 2025 con misiones bajo demanda o incluso desde 2030 podremos ver rotaciones en forma permanente», señala Foing. Algo así como lo que ocurre en la Estación Espacial Internacional, pero con base permanente en la Luna.

Aplicaciones de la tecnología lunar a la vida terrícola

El Centro Aerospacial Alemán (DLR) resalta la importancia de seguir enviando misiones a nuestra Luna. «Desde un punto de vista científico: definitivamente tiene sentido. Desde un punto de vista de ingeniería también, ya que la tecnología de vanguardia usada en vuelos espaciales para misiones lunares obliga a la miniaturización de hardware, software y a las operaciones 100% confiables que no dejan espacio para errores», afirman desde DLR para ABC.

Aparte de como «trampolín» hacia Marte, «aún existen muchas preguntas sin respuesta sobre el origen y la evolución de la Luna, y sobre cómo “funciona” el sistema Tierra-Luna. La Luna es, por así decirlo, el miembro final primordial de la evolución de los cuerpos planetarios con superficies sólidas -o planetas "rocosos"- contra Mercurio, Venus, Marte y la Tierra», explican los expertos alemanes.

Discrepan, no obstante, acerca de una hipotética colonización de la Luna. «En la actualidad, ni siquiera está claro si alguna nación agencia espacial o equipos internacional seguirán el objetivo de colonizar la Luna, lo cual, por supuesto, es un asunto bastante costoso y complejo. Hay ideas que circulan como, por ejemplo, la "Aldea de la Luna" propagada por la Agencia Espacial Europea que contiene un "asentamiento" permanente o, mejor dicho, "presencia" en la superficie lunar como una idea, pero no como un proyecto con un calendario preciso o incluso con un esquema de financiación». Es decir: no es lo mismo «quedarse» que «vivir», y los pueblos lunares parece que aún no están demasiado cerca, en palabras del DLR.

¿La cercana Luna o el lejano Ultima Thule?

En una era en la que los telescopios nos enseñan mundos remotos con forma de muñeco de nieve -como el Ultima Thule, el objeto celeste más alejado de la Tierra que el ser humano ha sido capaz de estudiar de forma directa-, la pregunta de si enfocar los esfuerzos en nuestra vecina merece la pena. «La Luna es llave para estudiar la formación y evolución de planetas», indica Foing, quien tampoco saca del objetivo la exploración de Marte e incluso de los planetas gaseosos (Júpiter, Saturno y Neptuno), así como sus sistemas de lunas.

«La Luna es el miembro de la familia al lado de nosotros, así que podemos "abrazarla" con un brazo estirado y alcanzarla con una nave espacial en unos pocos días. Esto tiene sentido por sí mismo», señalan desde el DLR, a la vez que subrayan que nuestro satélite es una especie de «hijo» de la Tierra que «oculta muchos aspectos geológicos y físicos interesantes de la formación planetaria y ofrece una plataforma de investigación cercana para las ciencias técnicas y materiales». «La Luna, también, podría actuar como un excelente puesto comercial para el primer viaje a Marte con humanos, ya que las naves tendrían que superar solo una sexta parte de la gravedad de la Tierra para abandonar este satélite», apuntan.

«Más allá, los exoplanetas son mundos increíbles, pero aún solo son alcanzables con nuestros telescopios», apostilla Foing. De momento.