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Nixon vs. Kennedy: el día que cambio la televisión y la política

El primero no quiso maquillarse, vistió un triste traje gris y perdió. JFK cuidó su imagen a conciencia, tomó el sol para lucir un moreno envidiable y ganó. Era el primer debate político televisado de la historia

Día 05/10/2012 - 13.17h

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Simplemente comparando las cifras de audiencia del último debate presidencial televisado en Estados Unidos con el primero, hace ahora 52 años, nos hacemos una idea muy clara de la importancia que tuvo para la historia de Estados Unidos (y el resto del mundo) aquel primer cara a cara protagonizado por Richard Nixon y John F. Kennedy el 26 de septiembre de 1960.

Mientras el debate de Barack Obama y Mitt Romney fue visto esta madrugada, según las primeras estimaciones no oficiales, por unos 60 millones de telespectadores, el de JFK y el responsable del «caso Watergate» se calcula que fue seguido por nada menos que 70 millones. Diez millones más de audiencia, más de medio siglo antes, cuando ni siquiera se supone que todas las familias contaran con televisor.

Nixon vs. Kennedy: el día que cambio la televisión y la política
ABC

«El 26 de septiembre de 1960 la política cambió para siempre. Nada volvería a ser igual después de aquel primer debate entre Nixon y Kennedy», escribía el director de MAS Consulting y experto en elecciones estadounidenses, Daniel Ureña, en 2008, poco antes de que se enfrentaran Obama y John McCain.

Aquel histórico debate, que incluyó turnos de presentación, preguntas de un panel de periodistas y declaraciones finales, duró una hora, en la que los candidatos se centraron en política doméstica. Pero no fue eso quizá lo más importante, o lo que perduraría con el paso de los años. Era la primera vez que los candidatos a la presidencia del país más poderoso del mundo adaptaban al lenguaje y los códigos de la televisión. Y fue ahí donde probablemente el joven Kennedy le ganó la batalla a Nixon, que no sólo subestimó a su contrincante, sino a los parámetros que imponía la caja tonta, aquello que ahora llaman la telegenia, y que antes no se tenía en cuenta.

Nixon, sin maquillaje

Kennedy, más atractivo que el candidato republicano, dominaba mucho más este terreno. Se puede decir incluso que Nixon lo despreciaba y no perdió mucho tiempo en preparárselo, confiado como estaba en sus posibilidades. Su traje gris, que en una televisión en blanco y negro le hacía pasar desapercibido, y su negativa a que le maquillaran es probable que le jugaran una mala pasada en el subconsciente de los televidentes. Y a esto hay que sumar que el vicepresidente Nixon había estado recientemente hospitalizado por una operación en la rodilla, lo que le hacía sudar al andar y le daba un aspecto más cansado.

El propio Nixon, después de aquel debate en el que fue consciente de que había perdido las elecciones, dijo: «Confiad plenamente en vuestro productor de televisión, dejadle que os ponga maquillaje incluso si lo odiáis, que os diga como sentaros, cuales son vuestros mejores ángulos o qué hacer con vuestro cabello. A mí me desanima, detesto hacerlo, pero habiendo sido derrotado una vez por no hacerlo, nunca volví a cometer el mismo error».

Kennedy, sin embargo, llegó incluso a tomar un poco más el sol en la mañana del debate para lucir un envidiable moreno, y se preocupó por vestir un traje oscuro que destacara en la imagen. Sus intervenciones también las preparó a conciencia, repasando con su equipo de confianza las posibles respuestas, que tenía escritas en grandes tarjetones azules.

Un dato curioso que demuestra el poder de la imagen en la política ya en aquel lejano 1960 es que, según cuentan, la gente que siguió el debate por la radio llegó a la conclusión de que Nixon había estado mucho mejor que Kennedy. Quién se lo hubiera dicho, cuando perdió las elecciones poco después.

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