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Franco «jugó» la Eurocopa del 64

Día 13/12/2013 - 19.08h
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Tras prohibir a la selección jugar contra la URSS en 1960, la final entre España y la URSS de 1964 fue la oportunidad del Caudillo para dar un golpe al «enemigo» comunista

TEODORO NARANJO

«La victoria sobre el enemigo de fondo, la exportadora de la revolución mundial, de la monstruosa hidra cuya cabeza hemos cercenado en 1939». Así describiría Manuel Vázquez Montalbán años después el gol de Marcelino que nos dio la victoria en la final de la Eurocopa de España, celebrada el 21 de junio de 1964, entre las selecciones de España y la URSS. Una cita que para Franco se convirtió, pocos días después de haber celebrado el 25 aniversario de la victoria en la Guerra Civil, en algo más que la gran cita del fútbol continental: era la oportunidad perfecta de mostrar al mundo una nueva victoria sobre el comunismo.

Franco «jugó» la Eurocopa del 64
ABC
Portada del 23 de junio de 1964

Era evidente que aquella cita histórica, en la que conseguimos la primera Eurocopa de nuestra historia –la segunda no llegaría hasta 44 años después– tenía un fuerte significado mucho más allá de deportivo: «Por encima de sus evidentes valores deportivos, esta final de la Copa de Europa de Naciones tiene una extensa significación cívica y política que solo los miopes empecinados pueden ignorar», aseguraba ABC un día después de la histórica victoria.

Tal era el trasfondo político que, cuando el gran portero ruso Lev Yashin fue entrevistado en la radio por el periodista Joan Armengol, desde el Gobierno franquista rápidamente se quiso saber que había dicho. Eran simplemente comentarios futbolísticos sin relevancia, pero demostraban hasta que punto las esferas oficiales españolas desconfiaban de todo lo soviético.

Otro claro ejemplo de esta singularidad extradeportiva fue que diarios italianos como «Il Tempo», «Il Messaggero» y «La Gazzetta dello Sport» destacaron en la foto de portada, por encima de cualquier lance del juego, la presencia del Caudillo y su esposa en la gran final contra los comunistas.

Un hecho este último que no podía pasar desapercibido después de que Franco hubiera prohibido a la URSS entrar en España, en la anterior Eurocopa, para jugar contra la selección española (sólo las semifinales y la final se jugaban en el país anfitrión, según las reglas de la época). Ocurrió en los emparejamientos de cuartos de final, en los que nos tocó la Unión Soviética. Franco decidió que era mejor retirarse de la competición que jugar contra su enemigo histórico en casa. La decisión del Gobierno de Madrid respondía, obviamente, a motivos políticos, más allá de que los soviéticos fueran los claros favoritos y terminaran ganando el campeonato.

La victoria soñada por Franco

La suerte quiso que todo saliese como el Caudillo había soñado. Franco necesitaba dar signos de fortaleza después de que hubiera tenido que lidiar con los rumores, tanto en España como en el extranjero, de que su salud se encontraba seriamente perjudicada. Y, además, tras observar que la celebración de los XV Años de la Paz, en la que fue condecorado, no había dejado mucho rastro en los ciudadanos.

Franco «jugó» la Eurocopa del 64
T. NARANJO
El capitán de España, Olivella, con el trofeo

La Delegación Nacional de Deportes había trabajado intensamente ante la FIFA para lograr que la fase final de la Eurocopa se celebrara en España. La publicidad de cara al exterior, para un régimen que se encontraba en plena época de aperturismo, iba a ser enorme.

Pocos días antes del encuentro aún se dudaba de que Franco fuese a acudir al partido, por temor a tener que entregar el trofeo al capitán del equipo soviético, representante del gigante comunista. Muy parecido a lo que le había ocurrido a Hitler en los Juegos Olímpicos de Munich (1936), tras las victorias del atleta negro Jesse Owens. Pero decidió ir y la suerte quiso que todo saliese como el dictador había soñado. Era una oportunidad única para el régimen franquista de dar un golpe al «enemigo» comunista y Franco quería su ovación.

El camino hasta la gloria

La entrada en el Santiago Bernabéu de Franco fue apoteósica. Le acompañaba, además de su esposa, Carmen Polo, el vicepresidente Agustín Muñoz Grandes, precisamente el hombre que había ido al frente de la División Azul a combatir a los bolcheviques. Y cuando aparecía la figura del Caudillo, las 120.000 personas que llenaban el estadio le recibieron con fuertes gritos de ¡Franco, Franco, Franco!

Franco «jugó» la Eurocopa del 64
T. NARANJO
España celebra el gol de Pereda, en el minuto 6

El escenario de «guerra» estaba servido. España había dejado en el camino a Irlanda del Norte e Irlanda, mientras la URSS, que llegaba a la final con la aureola de gran equipo, había eliminado nada menos que a Italia, Suecia y Dinamarca. La poderosa defensa soviética, su ataque de lujo y, sobre todo, el portero Lev Yashin, «la araña negra», que el año pasado se había hecho con el «balón de oro», llegaban en el mejor momento de su carrera para defender el título europeo. Y frente a los futbolistas rusos, España presentaba un equipo joven, de buenos jugadores, pero menos curtido: Iribar, Revilla, Olivella, Calleja, Zoco, Fusté, Amancio Amaro, Pereda, Marcelino, Suarez y Lapetra.

Los dos equipo marcaron un primer gol casi al principio (Pereda en el minuto 6 y Khusainov en el 8). Los soviéticos eran técnicamente superiores, pero los españoles pusieron el alma y la fuerza. Y cuando parecía que se iba a llegar al final con empate, llegó «ese gol de Marcelino, ya histórico, prodigio de remate en posición “antigol”, sin posibilidad de anuncio, razón por la que el guardameta más famoso del mundo se encontró batido sin hacer movimiento alguno para detener lo que llegaba a su portería de forma diabólica», contaba ABC.

Era el minuto 84. Y Franco ya podía respirar tranquilo: «Esta victoria se la ofrecemos en primer lugar al Generalísimo Franco, que ha venido esta tarde a honrarnos con su presencia y animar a los jugadores, quienes han hecho lo imposible por ofrecer al Caudillo y a España este sensacional triunfo», dijo Olivella tras recibir la copa de Franco. España dominaba Europa por primera vez en su vida… Futbolísticamente hablando.

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