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«El novio de la muerte», el himno de la Legión española que nació en un cabaret

Día 19/03/2014 - 04.15h
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Esta es una de las muchas curiosidades que podrán conocerse en el «XIX Ciclo de historia y estética de la música marcial» organizado por el IHCM

«Nadie en el Tercio sabía, quién era aquel Legionario, tan audaz y temerario…». Estos son los primeros versos del «Novio de la muerte», una popular sintonía que, durante décadas, ha representado a uno de los cuerpos de élite del ejército español: la Legión. Sin embargo, lo que ha pasado desapercibido a lo largo de la Historia es que esta música, cantada por los legionarios españoles desde hace casi 100 años en todo tipo de sangrientas contiendas, era originariamente un tema que nació para interpretarse en cafés cantantes y cabarets y que, posteriormente, fue adaptada al ámbito castrense.

Este dato histórico sobre la música militar es sólo una de los muchos que, desde el próximo 31 de marzo, se darán a conocer a todos los madrileños que se inscriban en el «XIX Ciclo de historia y estética de la música marcial» -un curso de un mes de duración organizado por el Instituto de Historia y Cultura Militar.

La legión

Corría por entonces el año 1920, una época dura para España, pues la Guerra del Rif se llevaba consigo a una gran cantidad de soldados bisoños (novatos, por así decirlo) enviados desde la Península. Tal era la sangría de tropas que el rey, basándose en la idea de un militar llamado José Millán-Astray, se vio obligado a crear el denominado «Tercio de extranjeros», una unidad cuyo campo de batalla sería exclusivamente el norte de Marruecos y que recibiría un entrenamiento específico para adaptarse a las duras condiciones del territorio.

Los objetivos de esta unidad, hoy casi centenaria, estaban claros: darse de fusilazos contra los marroquíes en el norte de África con valentía y arrojo y, a su vez, convertirse en una fuerza de choque que combatiera siempre en primera línea -el lugar de mayor riesgo en cualquier batalla-. Sin embargo, lo que no se sabía por entonces es que, con la creación de este grupo operativo, se acababa de poner el germen de lo que, en un futuro no muy lejano, sería la Legión española.

Una canción de cabaret

Una vez establecida la Legión (allá por 1920 aproximadamente) se eligió como su comandante a José Millán-Astray, quien intentó darle un barniz especial a la unidad. Concretamente, el oficial español pretendía convertir a los legionarios en unos aguerridos soldados que carecieran de miedo a la muerte. Quería, por lo tanto, crear un combatiente al que fallecer por España le causara regocijo y honor. En esas andaba la nueva cabeza pensante de la Legión cuando, sin querer, tropezó un día con una emotiva canción en un café cantante cuya letra le cautivó. Era «El novio de la muerte», una música que ensalzaba y restaba importancia al hecho mismo de dejar este mundo.

«El “Novio de la Muerte” era un charlestone (un baile de moda de los años 20) que solía ser cantado por Lola Montes. Pero resulta que esta artista, que interpretaba esta canción en los cafés y cabarets de Madrid y África, fue escuchada un día por Millán Astray en Melilla. Al líder de la Legión le pareció una canción preciosa con una letra maravillosa. Se quedó tan impresionado que pidió que le hicieran una transcripción para cambiarle el ritmo y adaptar la música al ámbito militar y, finalmente, la utilizó para la Legión», explica, en declaraciones a ABC, Antonio Mena Calvo, Comandante de Infantería (RT), Académico Correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo y Profesor Honorario de Historia y Estética de la Música Marcia del Instituto de Historia y Cultura Militar.

La letra, como bien señala Mena, fue perfecta para Millán-Astray, pues resumía la filosofía que él trataba de trasmitir a sus legionarios: «Cada uno de los himnos de la legión representa una cosa distinta. Este se refiere al hecho trascendente de la muerte. Hace referencia a que el legionario debe ensalzar la muerte, no tenerle miedo. Transmite, en definitiva, que fallecer no es más que un acto de servicio. Esto es una tradición en el ejército europeo, donde en los uniformes se suelen hacer referencias a la muerte para que el soldado no se acongoje ante ella y siente que, en el caso de fallecer, lo hace por la patria y unos ideales. Es decir, que no lo hace de forma baldía y sin sentido».

A su vez, el Comandante de Infantería destaca que lo sucedido con «El novio de la muerte» no es algo extraño, sino que es un habitual a lo largo de la Historia de la música militar española e internacional: «Gran parte de las obras militares más representativas y más emblemáticas de la música militar española no son militares en su origen, sino que provienen de zarzuelas, revistas, canciones populares o del mundo del espectáculo. Un ejemplo es “Los voluntarios”, que proviene de una zarzuela. En el resto del mundo también ha sucedido con canciones como el “Gaudeamus Igitur” -que era una canción de taberna cantado por los universitarios- o la «Marsellesa», que en su origen era el canto de guerra del Ejército del Rin, que terminó convirtiéndose en un himno revolucionario».

Una metamorfosis

Años después, y en contra de lo que pudiera parecer, el «Novio de la muerte» no se quedó estancado una vez que Millán-Astray lo adaptó para su recién creada Legión, sino que continuó transformándose en una marcha procesional. Concretamente, la que es en la actualidad una de las canciones más representativas de este cuerpo, fue desde una marcha militar hasta en una canción de procesión muy usada en Semana Santa.

«El novio de la muerte» ha ido metamorfoseándose. Primero nació como una canción ligera que se interpretaba en los cafés cantantes, lugares en los que había pequeñas orquestas para escuchar música mientras tomabas un trago. Después se convirtió en una marcha militar de ritmo legionario -160 pasos por minuto-. Luego dio el salto y se convirtió en una marcha procesional lenta para el Cristo de Mena. Finalmente, llegó a ser el himno de los caídos de la Legión. Es curioso que algo que nació como una cancioncilla haya acabado convirtiéndose en lo que se ha convertido», completa Mena.

Antonio Mena, un militar que da mucho la nota

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