Isaacson posando en el Hotel Santo Mauro
Isaacson posando en el Hotel Santo Mauro - Isabel Permuy
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Walter Isaacson: «Todos éramos como Da Vinci cuando teníamos diez años»

El periodista y escritor norteamericano ha estudiado la raíz del ingenio humano en sus más creativos fogonazos. Tras Einstein, Franklin y Jobs, el autor ha biografiado al autor de la «Gioconda», al que señala como «el gran innovador»

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En cada una de las 7.200 páginas de los cuadernos de Leonardo Da Vinci, Walter Isaacson (Nueva Orleans, 1952) , el biógrafo de los visionarios, ha encontrado belleza. La luminaria florentina, que en aquel s. XV se movía sin smartphone, portaba siempre a cambio una libreta atada al cinto en la que lo anotaba todo: proyectos para desviar ríos, dibujos de disecciones a animales, bocetos de helicópteros, de un tanque-tortuga y armas de guerra varias, la extensión de Milán o incluso la fórmula de un nuevo tinte de pelo. Su curiosidad extraterrestre por nuestro mundo era la que tuvimos de niño, y perdimos. Él no. Isaacson, al que le fascinan las notas discordantes entre la mediocridad habitual, nos recibe para hablar sobre «el gran innovador» y las derivadas inquietantes de la innovación. Lo trae a España el Aspen Institute, institución que presidió hasta el año pasado.

¿Es Leonardo el hombre más curioso de la Historia?

Es el más creativo, porque es la persona de la historia que intentó conocer más que nadie todo lo que se puede conocer de todas las materias. Desde el arte, hasta la anatomía, la zoología, conectaba la ingeniería con las humanidades, la tecnología con el arte... Y al intentar aprender sobre todo lo que se puede aprender, fue capaz de ver los patrones que se repetían en la naturaleza. Por ejemplo, el discurrir del agua lo podía comparar con los rizos del pelo y el flujo de la sangre humana.

Mantuvo la mirada de un niño siempre.

Einstein le dijo a un amigo al final de su vida: «Tú y yo nunca nos hemos hecho mayores porque nosotros continuamos siendo niños, continuamos preguntándonos por la naturaleza. Eso no quiere decir que seamos más inteligentes que los demás, simplemente somos más curiosos». Y eso es cierto para Leonardo Da Vinci. Era como un niño curioso, se sorprendía, se cuestionaba, tenía mucha imaginación y le encantaba la fantasía. Todos éramos así cuando teníamos diez años. Y nos preguntábamos: ¿por qué el cielo es azul? ¿Por qué la gente bosteza? Pero después, los mayores nos dicen que dejemos de preguntarnos tantas cosas y empezamos a centrarnos en una cosa. Y perdemos esa sensación de los niños que hace que cada momento de la vida sea más maravilloso, sorprendente y divertido.

Bastardo, gay, herético... Leonardo tuvo la suerte de nacer en la ciudad de los modernos de su época, Florencia. ¿Cuáles han sido las otras florencias de la Historia?

La creatividad tiende a crecer en algunos lugares donde hay muchos tipos de personas diferentes conviviendo, gente que tolera y además celebra las ideas de quien es diferente. Y luego hay algunos lugares en donde la gente se vuelve tribal y no les gusta la gente que no es como ellos. Esta idea con los inmigrantes, los gays... Las más creativas serían Florencia, en los años 70 del s. XV, Filadelfia por 1770 o, más recientemente, Silicon Valley. Y hay algunas naciones que se vuelven menos tolerantes con las personas diferentes. Acabo de venir de Italia donde hay resistencia a la inmigración. Lo vemos en Hungría, Reino Unido, Estados Unidos... Sin embargo, también hay ciudades en esos países que son como islas de tolerancia y una especie de cuna de la creatividad. Y tenemos Ámsterdam, Berlín, Madrid, Barcelona, Austin o Nueva Orleans, de donde soy yo. Steve Jobs escribió un anuncio de Apple en los 80 en el que decía: «Aquí están los rebeldes, los inadaptados, las fichas redondas en los huecos cuadrados... aquellos que piensan diferente». Y hay una serie de ciudades donde esta gente se suele reunir.

Llamar genio a Leonardo es rebajarle, dice.

Designarle como si hubiera sido tocado por Dios o una especie de poder sobrehumano hace que no se refleje lo maravilloso que era. Leonardo, su genio creativo, no venía de una mente sobrehumana, como, por ejemplo, Newton. Es una persona normal, que no tenía educación, y su creatividad partía de su propia voluntad. Es alguien que se ha hecho a sí mismo. Y si nos olvidamos de esto, nos olvidamos de lo maravilloso que es.

¿Qué características debe reunir un genio?

Cada uno lo hace a su manera. A mí no me gustan los libros en plan «Los siete secretos para convertirse en un genio, o en una persona creativa o en un gran líder». Benjamin Franklin no era como Steve Jobs, pero hay determinadas cosas que tienen en común las personas creativas: suelen cuestionar la autoridad, suelen ser un poco rebeldes, suelen querer descubrir algo por ellos mismos en lugar de aceptar la vieja sabiduría y tienen una curiosidad muy apasionada. Eso se aplica a Franklin, a Jobs y a Leonardo.

Da Vinci era muy despistado. ¿No favorece la distracción el pensamiento libre y sin presión?

Sí, Leonardo tenía muchos recursos que eran tanto una fortaleza como una debilidad. Se distraía mucho pero esto le ayudaba a tener más imaginación, a ver ángeles en el cielo y a imaginar una máquina voladora en el mundo real. Esto también significó que, a veces, no acababa sus cuadros ni sus escritos. Por eso, el hecho de que procrastinara y se distrajera tanto contribuyó a su imaginación pero perjudicó a su productividad.

Jobs buscaba el mejor producto posible antes que los beneficios, y las investigaciones de Einstein y Da Vinci no perseguían la maximización económica de su tiempo. No por ello podríamos inferir que el ánimo de lucro es un lastre para el progreso de la humanidad... ¿O sí?

Los beneficios son un buen incentivo para crear productos innovadores. Pero si lo que te mueve son solo los beneficios económicos, no vas a hacer lo mejor. Steve Jobs cambió productos para que fueran perfectos en contra de sus colegas en la empresa que decían que no iba a ser tan rentable. Leonardo guardaba un cuadro hasta que lo perfeccionaba en lugar de dárselo al que se lo había encargado para que le pagara. Hay que buscar el equilibrio entre que el dinero sea un incentivo y darse cuenta de que si eres un verdadero artista vas a hacer cosas por tu pasión por la perfección y no por tu pasión por los beneficios.

Picasso y Matisse, Beatles y Beach Boys, Cristiano y Messi, Gates y Jobs, Miguel Ángel y Da Vinci... ¿La rivalidad es buena en estos casos? ¿Hubieran llegado tan alto los unos sin los otros?

Creo que hubieran llegado. Es cierto que Miguel Ángel y Leonardo eran rivales y en un momento dado compitieron por las pinturas que hicieron en el Ayuntamiento de Florencia. Pero ambos abandonaron antes de terminar los cuadros. No sacaron demasiado de esta competición. Leonardo era una persona muy social, alegre, y Miguel Ángel no era sociable, así que la competencia entre ellos no contribuyó a su productividad. Hay otros casos en los que sí ha sido buena.

Usted ha biografiado a Jobs y no a Gates. ¿Es más relevante históricamente?

Bill Gates es una extraordinaria persona que ha causado un gran impacto en el mundo de los negocios y la filantropía, mucho más que cualquier otro innovador de éxito de mi generación. Él ha aspirado a algo más elevado, que es hacer un mundo mejor. Eso consiste no solamente en su éxito empresarial sino también en su bondad como ser humano. Algún día alguien escribirá sobre Bill Gates.

¿Quién es el Leonardo de nuestro tiempo?

Steve Jobs. También ahora se acercan Jeff Bezos y Bill Gates en el mundo empresarial. Aunque actualmente no creo que tengamos a nadie que combine el arte y la ciencia con la creatividad que tenía Leonardo.

Ahora le pregunto en calidad de profesor universitario de Revolución Digital. Google, Facebook y Amazon, por cuota de mercado o publicidad, son, de facto, monopolios. ¿Regularía?

Tenemos que encontrar la forma o las formas de evitar que Google, Facebook y Amazon frenen la innovación e impidan la competencia. Tienen el poder de aniquilar nuevas empresas que intentan innovar. Y, a veces, lo hacen. En Europa se ha trabajado más para evitar esta anti-competencia. Le ocurrió a Microsoft hace veinte años. El Gobierno americano impidió que incorporara motores de búsqueda en un mismo sistema operativo. Esto permitió que naciera Google. Y ahora Google lo hace cuando agrupa servicios dentro de su motor de búsqueda dominante y dificulta así el nacimiento de nuevas empresas. La legislación dice que Google tiene todo el derecho a tener éxito pero no a hacer cosas injustas para impedir que otras empresas crezcan.

Y al ordenar la información que recibimos, ¿no tienen demasiado poder para condicionar la opinión pública?

Sí. Aunque no creo que Google tenga una intención malvada. Y para el usuario agrupa cosas en su buscador que nos facilitan la vida. Por ejemplo, si yo busco un hotel en Madrid puedo hacer una reserva a través del mapa de Google, y eso es muy útil para mí como usuario. Pero perjudica a otras empresas como Expedia, Yelp... A veces, impiden la competencia.

Jonathan Taplin, autor anti-monstruos tecnológicos, dice que sin Facebook y Google el fenómeno de las «fake news» no hubiera existido.

Facebook y Google han permitido crear noticias falsas y diseminarlas, y eso ha minado el modelo empresarial del periodismo tradicional al mismo tiempo que han permitido que la gente llegue a noticias falsas y relacionadas con el odio. Es muy inquietante que hayan socavado el modelo empresarial del buen periodismo.

¿Qué futuro tienen los periódicos de toda la vida?

Uno muy malo porque dependen completamente de la publicidad para conseguir ingresos. Y Google y Facebook se llevan prácticamente estos ingresos. Creo que los periódicos seguirán sufriendo a menos que encuentren la fórmula para obtenerlos directamente de sus lectores a través de una suscripción, que es difícil y Facebook no quiere.

¿Le preocupa que los robots vengan a quitarnos el trabajo?

No me preocupa la inteligencia artificial. Creo que la historia muestra que cualquier progreso en la tecnología y productividad aumenta la actividad económica y el número total de empleos. Hemos tenido un aumento increíble de la inteligencia artificial y la robótica en Estados Unidos, pero el desempleo ha estado en las cifras más bajas durante mucho tiempo. El problema de la tecnología no es que destruya empleos sino que produce una disrupción en los mismos. Hay trabajos seguros que dejarán de serlo. Y, por tanto, tiene que haber políticas sociales que ayuden a estas personas para que no se vean afectadas por esta disrupción tecnológica. La historia nos muestra que la combinación de las inteligencias de las máquinas y la inteligencia humana, cuando van de la mano, consigue un crecimiento más rápido que solamente con la inteligencia de las máquinas. Tenemos que conectarnos con las máquinas.

¿Le gusta la renta básica para solventar la hipotética falta de trabajo?

A mí me gustaría ver más experimentos a este respecto. Si la tecnología genera economías más productivas y más riqueza, entonces se creará una demanda para empleos que nunca se nos habrían ocurrido. No creo que tengamos que pagar a la gente para que no trabaje.

Leonardo abrazaría con entusiasmo la inteligencia artificial, ¿no?

A Leonardo le encantaba construir robots, como el león mecánico. Él pensaba que la tecnología debía utilizarse para mejorar los talentos de los seres humanos, para que podamos volar.

Da Vinci o Jobs son ejemplos de interdisciplinaridad. En los países anglosajones se estila estudiar una combinación de Filosofía y Economía, Política y Literatura... Sin embargo, en España es muy inusual. Y los padres ven casi un suicidio laboral que sus hijos estudien letras.

Mi Universidad en Nueva Orleans, en donde doy clase, promueve que todos los estudiantes estudien diferentes disciplinas. Es decir, Música con Matemáticas, Física y Literatura... Esos estudios cruzados desarrollan la creatividad. Harvard está promoviendo esto también. Las Humanidades van a resultar fundamentales para el empleo en el futuro. Steve Jobs mostró que los productos de éxito son aquellos que nos tocan como seres humanos, que se conectan con nosotros y nos emocionan. Estudio baile, caligrafía, literatura y creó productos bellos. Otras personas que han estudiado solo ingeniería crean productos que puede que hayamos olvidado ya. Esta capacidad para tocar el alma humana ya sea con tu producto o tu servicio, sea lo que sea, resultará fundamental en una era en la que las máquinas van a sustituir a un montón de trabajo de ingeniería.

Einstein, Da Vinci... Usted ha biografiado a grandes visionarios. ¿Para cuándo una de Trump?

No escribo sobre personas que no me entusiasman, así que me mantengo alejado de los políticos. El único político sobre el que he escrito es sobre Franklin, pero también era científico, escritor, diplomático... A mí me gusta escribir sobre gente creativa..