LIBROS

Versos que dan un paso adelante

También ha sido un buen año para la poesía, ya sea la de «dentro» (Carlos Pardo, Diego Doncel, Ana Merino) como la de «fuera», con pesos pesados como Cavafis, Eliot y Rilke

Álvaro de la Rica Aranguren
Álvaro de la Rica Aranguren - Adolfo Serra

No quiere ser el mío sino un intento de destacar no lo mejor –«¿Quién sabe?», repetía el protagonista solitario y soñador del cuento homónimo de Maupassant con quien tanto me identifico–, sino una parte de lo mucho de buena poesía publicada en 2015. Por comenzar por lo físicamente más próximo, los poetas españoles han dado a luz media docena larga de libros notables, la mayor parte de los cuales representan un paso adelante en la obra de autores que sigo con interés, y que no me han defraudado, todo lo contrario: desde «Los allanadores», de Carlos Pardo (Pre-Textos), pleno de naturalidad y cada vez más penetrante en su modo de mirar, hasta el audaz «El fin del mundo en las televisiones», de Diego Doncel (Visor), en el que muestra de nuevo que experiencia e idea son inseparables para quien no esté dispuesto a caer, de entrada, en el pequeño mundo del sofisma. Ana Merino ha publicado «Los buenos propósitos» (Visor) y Julieta Valero, «Que concierne» (Vaso Roto). Las cuatro obras merecerían un comentario atento y, sobre todo, una lectura que yo desde aquí he de limitarme a recomendar.

Diálogo entre artes

Quiero nombrar un libro, «Lo extraño, la raíz», de Menchu Gutiérrez (Vaso Roto), que quienes seguimos de cerca su trabajo poético no nos podemos perder. Consciente de todo lo que me dejo sin mencionar, cierro este párrafo destacando un libro: «Confiado», de Juan Antonio González Iglesias (Visor). Porque tiene la magia a la vez oscura y clara de la palabra, y porque, como él escribe, yo también «Estoy / con los que creen sin ver, con los que andan / sobre las aguas».

No dejaría de leer el quintaesenciado «Desaprendizajes», de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral), y, a medio camino entre la raíz y lo otro, se sitúa «Alsina» (Vaso Roto), el libro de la poetisa mexicana y sefardí de origen búlgaro Myriam Moscona.

Como González Iglesias, yo también «Estoy / con los que creen sin ver, con los que andan / sobre las aguas»

He pasado meses feliz cargando bajo el brazo con las trescientas sesenta páginas de «Decreación», de Anne Carson (Vaso Roto). Traducido por la editora y poetisa Jeannette L. Clariond, se publicó tan a finales del año anterior que ha corrido el riesgo de quedar fuera de cualquier resumen anual. Y es de lo mejor que se puede leer hoy en poesía. El diálogo tradición-vanguardia, el diálogo entre artes (de la poesía especialmente con la pintura y la música) en una expresión aguda, yo diría que superdotada, para reflejar nada menos que toda la belleza del mundo.

Me ha fascinado también «El Sur», de Mercin Kurec (Bartleby Editores), el viaje interior que nos lleva al corazón de una de las más altas (y divertidas) poesías del siglo XX, la polaca.

Nuevas versiones

Hay versiones nuevas de obras clásicas: de Juan Manuel Macías, de la obra poética completa de Constantino Kavafis (Pre-Textos); de Andreu Jaume, de «La tierra baldía» y la «Canción de amor de J. Alfred Prufrock», de T. S. Eliot (Lumen), por cierto, este con éxito de público; y de Juan Rulfo, de las nueve elegías rilkeanas (Sexto Piso). Sí, han leído bien, del «iletrado» Rulfo.

Y en el plano de la traducción y el comentario poético destaca «Las variaciones sobre el vaso de agua», de Andrés Sánchez Robayna (Galaxia Gutenberg).

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