Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)
LIBROS

G. K. Chesterton, el misticismo de la felicidad

W. H. Auden selecciona varios ensayos del escritor británico, crítico del extravío de la sociedad moderna

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Chesterton es un escritor católico, un extraordinario escritor católico. Pero el adjetivo es aquí sustantivo. No es como si dijéramos que es un escritor gordo o que fumaba puros. El catolicismo no puede ser adorno o apéndice; lo transforma todo. Hay católicos invisibles y católicos exhibicionistas. Para los primeros, cuyo catolicismo es invisible, no ellos, se trata de un barniz absolutamente transparente. Nadie puede percibir que son católicos hasta que un buen día nos los encontramos en Misa, y, naturalmente, nos asombramos. No me refiero, por supuesto, a los que no viven de acuerdo con sus creencias, ni a los hipócritas y fariseos. Se trata de católicos imperceptibles que lo mismo podrían ser agnósticos, confucianos o adventistas del séptimo día.

Los exhibicionistas muestran su catolicismo antes de ser presentados y exhiben su musculatura pacientemente trabajada. Suelen estar de mal humor, con un gesto amenazante de enfadados profesionales. Olvidan acaso que, según testimonios fiables, san Francisco de Asís pudo ser el hombre más feliz de la historia. Chesterton no es ni de unos ni de otros. También hay católicos por horas y a tiempo completo. Chesterton era de estos últimos. Chesterton es un admirable crítico del extravío de la sociedad moderna, un defensor de las Luces del siglo XII, un protector de los pobres y un crítico del capitalismo, pero no un socialista (no son la misma cosa), un conservador amante de la tradición y de la sabiduría popular, un genial humorista y un liberal no exento de ironía, un demócrata, pero no un progresista, un penetrante psicólogo que establece la profunda contradicción entre el sufrimiento y el pesimismo.

Chesterton nos dice que el materialista, como el loco, está encerrado en una cárcel: en la cárcel del pensamiento único (la expresión es suya). Y como es católico, hace una crítica literaria católica y defiende la idea de que el arte verdadero es profundamente moral. Wittgenstein afirmó que ética y estética son lo mismo. No hay arte genuino sin misticismo y moral. Estos ensayos de Chesterton se ocupan de literatura, política, filosofía y religión. Es una selección de W. H. Auden, en la que abunda más la crítica literaria que la política o la religión. Nos muestra su genialidad como crítico literario. «La ética del país de los elfos», por destacar alguno, es una conmovedora obra maestra.

«Temperamentos»

Por su parte, «Temperamentos», (Jus Ediciones) recoge ensayos sobre cinco temperamentos artísticos (William Blake, Lord Byron, Charlotte Brontë, William Morris y Robert Louis Stevenson) y cuatro religiosos (Carlos II de Inglaterra, Francisco de Asís, Savonarola y Tolstói). Si tuviera que hacer alguna objeción, ¿qué más da? Borges, comentando su etapa de profesor de Literatura inglesa decía que no obligaba a leer a sus alumnos, porque sería tanto como obligarles a ser felices. He sido feliz leyendo estos ensayos. No les obligo a leerlos. Chesterton estima que «El sueño de una noche de verano» es la pieza más genial de Shakespeare, lo que no es poco, y concluye que, suponiendo que sea posible compendiar el sentimiento de una obra así, se resumiría en una frase que acaso condense también su propia obra: «Es el misticismo de la felicidad».