Paolo Cognetti
Paolo Cognetti
LIBROS

Aventureros leídos, los «hijos» de Thoreau

Cognetti, Fromm, Abbey... La literatura centrada en la Naturaleza se ha puesto de moda desde que «renació» Thoreau. He aquí algunos de sus seguidores

Actualizado:

De un tiempo a esta parte, cualquier gran librería de ciudad cuenta con un estand de Nature Writing; un estand en el que cada vez es más habitual encontrar nombres de autores europeos, como es el caso de una de las plumas que protagoniza esta triple reseña: la del milanés Paolo Cognetti. Y el aluvión de escritura sobre la Naturaleza continúa, especialmente promovido por sellos como Errata Naturae y Capitán Swing. Todo empezó hace ya algunos años con la reedición de Walden, de Thoreau, y ha desembocado en la especialización de unas pequeñas editoriales en el asunto. Algunos de estos libros incluyen el adjetivo «salvaje» en el subtítulo, otros (los más) un toponímico conchabado con la fotografía de portada, que suele incluir árboles y ocasionalmente animales. También es común encontrar apelaciones a la transitoriedad de la experiencia de la que se va a dar cuenta: «una temporada», «un verano»...

Vida de trampero

Paolo Cognetti en El muchacho silvestre (Editorial Minúscula) elige un escenario prealpino para escribir, lúcidamente consciente de que el entorno montañés que circunda su baita (cabaña) profunda y secularmente humanizado, no tiene parangón con el que tuvieron la suerte de conocer algunos de sus referentes decimonónicos en el Nuevo Continente: se apresura a comentar que «en los Alpes no hay grandes espacios salvajes» y que Alaska no le «servía para el tipo de experiencia que deseaba».

Pete Fromm (Indian Creek, Errata Naturae) consiguió un insólito trabajo de invierno a la vera del río Selway, en Idaho, y con él la posibilidad de poner en práctica una vida trampera que hasta el momento solo conocía en forma teórica. Abbey, decano del ambientalismo radical, personaje mucho más subversivo que sus compañeros aquí incluidos, aceptó en 1956 un trabajo estival de ranger en Arches, parque nacional sito en Utah. Diecinueve años después se publicaría su novela más famosa. The Monkey Wrench Gang (en español en la editorial Almuzara) es un clásico de la contracultura, especialmente desde que Robert Crumb la ilustrara, diez años después de la primera edición.

Estos autores se alejan de las disgresiones proverbiales de Thoreau o Emerson

Los tres autores pasan gran parte de su tiempo en soledad explorando el territorio . Se trata más de una observación desenfadada, infantil en el mejor sentido, que del proceder metódico que toda exploración propiamente dicha implica. Y lo mismo ocurre con la escritura, que resulta fluida, arbitraria y -por cierto- poco o nada metafísica. Como escribiera Abbey: «La apariencia es la realidad». Las prerrogativas que estos períodos en la montaña, el bosque o el desierto ofrecen, tienen que ver con el disfrute material de la Naturaleza. Por ninguna parte se intuye un diseño, no hay referencia más o menos implícita al Ser Universal, sino temperamentos literarios que probablemente suscribirían los postulados del materialismo dialéctico: un mundo que se explica en sí mismo.

Y quizá por ello estos escritores sean tan descriptivos, alejándose de la digresión proverbial de un Thoreau o -especialmente- la de un Ralph Waldo Emerson. La belleza es belleza, la vida en la versión italiana de nuestras majadas, o en una tienda estructural junto a un criadero de salmones ofrece libertad, experiencia directa de lo que hasta entonces solo se conocía a través de copiosas lecturas.

Versos de Neruda

Tanto Fromm como Abbey como Cognetti son aventureros leídos. Pete Fromm maneja un bagaje que incluye muchos nombres desconocidos, frontiersmen reales y ficticios como Boone Caudill, que da nombre a su perra y cuya existencia novelesca debemos a A. B. Guthrie y a su ya clásico The Big Sky. Abbey, que adorna su libro con unos versos de Neruda, estaba más que enterado de qué y quienes escribían o habían escrito sobre paisajes cuando alumbró su Desert Solitaire. Cognetti demuestra una y otra vez cuan influenciado está por Thoreau -por el citado Walden- y Elisée Reclus, geógrafo más conocido por sus escritos anarquistas que por libros tan especiales como su Historia de un arroyo, publicado por José J. de Olañeta en 2008.

Placer estoico

Cognetti y sus colegas del otro lado del Atlántico ponen en práctica las recomendaciones de Reclús, las que no tardamos en ver recogidas en El muchacho silvestre: «Para comprender en su conjunto la arquitectura de la montaña hay que estudiarla, recorrerla en todas direcciones, trepar por todas las laderas, penetrar hasta en la más pequeña garganta». Lo mismo puede decirse del desierto y sus formaciones rojizas de arenisca, sombreando el polvo ardiente a la caída del sol, y de los bosques y crestas que Fromm recorre casi a diario, durante el invierno que pasa en el Wilderness de Montana.

Pete Fromm
Pete Fromm

La otra cara de estas incursiones es un placer estoico y utilitario. Sacar adelante una versión montañesa del huerto silvestre una vez plantado en las inmediaciones de Concord, Massachusetts. Preparar carne de caza para su conservación y afrontar temperaturas inconcebibles para los profanos, sentarse en el umbral del hogar y encarar el amanecer, con los pies desnudos y una taza de café a mano.

Lo que el lector encontrará en cada uno de estos tres textos y escritores es una prosa amena y no exenta de ciertas inflexiones humorísticas; algo impensable entre los trascendentalistas que les antecedieron, con toda aquella gravedad puritana. Se trata de lecturas perfectamente simultaneables y complementarias, ya que no exigen un gran esfuerzo intelectual y que el avance a través de sus páginas no requiere una interiorización exhaustiva de capítulos precedentes.

Las alusiones a otros autores ofrecen la posibilidad de remontar corrientes intelectuales a los más entusiastas o, sencillamente, la de interpretar lo que las diferentes sensibilidades expresan. Decíamos que son aventureros leídos y -añadimos- tan interesantes como sus propios escritos.