turismo

48 horas en Toledo en su semana grande

La ciudad de las tres culturas invita a pasear y conocer su historia, arquitectura y gastronomía

Actualizado:

Seguramente no encontraremos en España otra ciudad que concentre tanta historia y tanto legado cultural de tanto nivel como Toledo. Cuando la visitemos, empezaremos a revivir la historia de una ciudad que nos hará viajar en el tiempo y a la que le tomaremos el pulso con solo pasear y observar. Olvidémonos del coche. La ciudad de las tres culturas, pequeña y monumental, nos espera.

9.00 h - Empezamos por el Alcázar

Como disponemos de más de un día y la ciudad es muy accesible, lo primero es, simplemente, darse un paseo por la ciudad para tomarle el pulso. También podemos hacer un ejercicio de observación y leer los mensajes escritos que hay en cada muro, en cada esquina, en cada casa. Todos sus rincones tienen algún detalle que habla, así que abramos bien los ojos. Y ahora sí, vayamos al Alcázar.

Encontrar el Alcázar es fácil ya que se ve por todas partes. Está en la colina más alta de la ciudad y desde allí la preside sobre su mole rectangular (Cuesta de Carlos V, 2). Fue mandado construir por el emperador Carlos V, para tener una residencia digna de su categoría. Pero curiosamente no llegó a alojar reyes, ya que mucho antes de terminarlo, la capital se estableció en Madrid. Al final pasó a ser el hogar de las reinas viudas, retiradas de la corte por los sucesores de sus esposos.

Y ya que estamos de intrigas palaciegas, diremos que también tuvo diversos y curiosos usos: fue una espléndida cárcel, un cuartel militar espectacular e incluso un taller de sederos. Sorprendente, ¿verdad? También ha sufrido varios incendios y su rehabilitación total finalizó en 1961. Hoy se está adaptando para albergar el museo militar y la moderna biblioteca de Castilla-La Mancha. ¡Aunque él sí que es un libro abierto!

12.00 h - Catedral de Toledo

La catedral de Toledo es única. Por ella han pasado todos los estilos artísticos de la historia de España: el gótico, las yeserías árabes, las influencias barrocas, el neoclásico...

Y eso no es todo, en esta catedral hay nivel por fuera y por dentro. Repasemos las obras pictóricas que hay en su sacristía, que más bien podríamos catalogar de impresionante pinacoteca: el Greco, Caravaggio, Tiziano, Van Dyck, Goya, Morales, Rubens, Bassano, ¡y muchos más! Puede ser la envidia de muchos museos.

Es imprescindible visitar su única pero impresionante torre, así como la linterna o el lucernario. En este lucernario, hay un conjunto escultórico sobre el cual se refleja la luz y crea un espectáculo visual único. También se encuentra aquí el reloj de la puerta, que es de los pocos en el mundo con una única manivela, porque marca las horas canónicas.

Entrando por esa misma puerta –que tiene multitud de nombres, como de la feria, de la chapinería, del niño perdido, etc.–, justo a la izquierda encontraremos un cuerno sujeto a una cadena. Se dice que pertenece a un buey que transportó las primeras piedras de la obra. Otros, por su tamaño y curvatura, afirman que es de un elefante.

Y ahora el mejor final: hay que subir a alguna torre de Toledo para ver desde ahí su tejado, con su espectacular y perfecta cruz. Bajo ella fueron proclamados sucesores al trono Juana la Loca y Felipe el Hermoso.

14.00 h. Las delicatessen de Toledo

Salimos de la catedral y justo enfrente, a escasos metros, tenemos el Adolfo Colección (Nuncio Viejo, 1), una tienda-degustación de delicatessen y vinoteca muy conocida donde sirven comidas. Subamos al piso de arriba.

Aquí hay una cocina abierta con vistas al público donde degustaremos especialidades de la zona, reversionadas de forma más moderna. En la planta baja, podemos aprovechar para comprar delicatessen como queso, aceites, especias y dulces o las más de 300 referencias de vino que ofrecen; más que una buena razón para rascarse el bolsillo.

Muy cerca de ahí, en la Plaza del Ayuntamiento, está Casa Aurelio, restaurante experto en cocina toledana. O, siguiendo por la calle Comercio, llegaremos a la calle Sillería, donde encontraremos el Casón de los López de Toledo, local que mezcla el sabor de siempre con nuevas propuestas, todo ello en un casón antiguo toledano. Perfecto.

Después de comer, vayamos a la calle Cadenas 6, donde nos espera el Pícaro Café: un mítico local del centro de Toledo donde podremos tomarnos un buen expreso antes de seguir con nuestra ruta. Por las noches, el Pícaro Café programa música en directo, así que al salir, nos despediremos con un hasta luego.

16.00 h - Por los patios toledanos

Vamos a conocer a los grandes desconocidos: los patios toledanos. Al igual que los patios cordobeses, son una herencia árabe. Estos patios de viviendas habitadas, que cuidan entre todos los vecinos, durante la semana del Corpus Christi están todos abiertos. El resto del año, preguntemos por la zona del casco histórico y seguro que, con la hospitalidad y amabilidad que caracterizan a los toledanos, nos abrirán.

El jurado del XIV Concurso de Patios de Toledo ha premiado este año a una quincena de los treinta y cuatro que han sido ornamentados por los vecinos del Casco Histórico con motivo de la celebración del Corpus Christi. Las dos menciones especiales del jurado han recaído en los patios de Sagrario del Ordi, en el Paseo Virgen de Gracia, por su «originalidad», y el de Mariano Esteban, en la calle del Ángel, por la «creación decorativa». De las nueve menciones especiales tres han sido para patios de particulares: «Las Rejas y la forja en los patios», de Isabel Merino (callejón del Vicario), «Cerámica y azulejería», de Sagrario Mora (calle del Ángel), y «Conjunto de elementos ornamentales», de José Manuel Timón (bajada del Pozo Amargo).

Los otros seis han correspondido a comunidades de Propietarios: plaza de Santa Teresa («El zaguán»); plaza de Capuchinas («La carpintería y las galerías»); plaza Amador de los Ríos («Planta en los patios»); bajada de San Martín («El agua: pozos, aljibes y fuentes»); bajada de San Juan de los Reyes («Decoración especial para el Corpus»), y calle Esteban Illán («Participación Vecinal»).

Con respecto a las cuatro menciones honoríficas de entidades, la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo ha elegido el patio «mejor conservado arquitectónicamente» al de Javier Sepúlveda (calle San Cipriano). La Real Fundación de Toledo ha designado el patio de Francisco García (callejón de Córdoba) por «la conservación de elementos patrimoniales» y el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha el del Hotel Antídoto (calle de Recoletos) por «intervención más creativa».

El último galardón, reconocido por la Asociación «Tulaytula», ha sido para el patio de Diego José Jiménez (calle de la Merced), por «el mantenimiento de la estructura andalusí y conservación de sus elementos singulares».

Ya que venimos de la catedral y vamos dando un paseo por el casco viejo, nos viene de camino pasar por el Obrador de Confitería Santo Tomé, en la calle del mismo nombre, en el número 3. Allí hacen, desde 1856, los mejores mazapanes del mundo entero. Así que no hay excusa. Podemos comprar estas delicias en cajitas surtidas o bien pedir la típica “anguila” rellena de yema o cabello de ángel, o la “rubia”, también en formato de torta, con escamas rellenas de yema.

Esta dulce bomba nos dará energía suficiente para andar, calle abajo, por San Juan de Dios, hasta el Paseo del Tránsito, en el que enseguida, a mano izquierda, giraremos para llegar a la iglesia de Santo Tomé, donde nos espera la sorpresa del día.

18.00 h. Buscando al Greco

Entrando por la puerta de poniente de la iglesia de Santo Tomé (Plaza del Conde, 4) nos encontraremos frente a frente con una de las mayores obras pictóricas de la historia del arte: El entierro del señor de Orgaz, firmada en 1578 por Doménikos Theotokópoulos, el Greco.

La verdad es que este lienzo impresiona. Primero por sus dimensiones (4,80 m × 3,60 m), pero también por su temática y el peculiar estilo de su autor. El cuadro da fe del milagro sucedido durante el sepelio de don Gonzalo Ruiz de Toledo, ya que se cuenta que bajaron san Agustín y san Esteban a enterrarlo. Este milagro fue reconocido oficialmente en 1583 y por ello el párroco de Santo Tomé de la época, don Andrés, encargó el cuadro al Greco para que presidiera la capilla del difunto señor de Orgaz.

Muy cerca de la iglesia de Santo Tomé, apenas unas calles más abajo, en pleno barrio de la Judería, se encuentra la Casa Museo del Greco,(c/ Samuel Leví, s/n). Aunque ahora no es posible visitar las obras expuestas ahí, sí que encontraremos otros lienzos firmados por este pintor en otros lugares, como en la catedral, en el Museo del Convento de Santo Domingo (c/ Garcilaso de la Vega, 2) y en el Hospital de Tavera (c/ del Duque de Lerma, 2).

20.00 h. Cena en pleno ambiente

Después de ver tanto monumento, volvamos al presente y disfrutemos de una agradable cena en el Alfileritos 24. Está situado en pleno centro, en la misma calle y el mismo número que le dan nombre. Su cocina reúne vanguardia y tradición, bien sea en su propuesta de tapas con vinos o en su restaurante gastronómico. En Toledo se come bien, así que escojamos lo que escojamos, será una buena elección.

Ya que estamos en pleno centro neurálgico, al salir del Alfileritos aprovecharemos para quedarnos un rato tomando algo por la multitud de bares que hay en esta zona, que es para callejear, perderse y olvidarse de tanto monumento. Si además queremos escuchar música o disfrutar de actuaciones en directo, en el Garcilaso Café (c/ Rojas, 5), el Círculo de Arte (Plaza San Vicente, 2) y el Pícaro Café (c/ Cadenas, 6), hay programación todas las semanas, acompañada de cócteles, sorbetes y mojitos.

Segundo día10.00 h. Barrio de la Judería

Hay acontecimientos del pasado que nos remiten directamente al presente. El barrio de la Judería de Toledo es uno de ellos. En sus tiempos, fue el lugar que los árabes asignaron a los judíos para que vivieran en él. A su alrededor levantaron una muralla a modo de protección contra la violencia cristiana.

La Judería es un complejo entramado de muros y callejas cerradas por puertas, que comunican los diferentes barrios entre sí y con el resto de la ciudad. Está formado por los típicos adarves: recintos cerrados de casas, rodeados de muros y murallas que los delimitan. Entre todos los barrios que la componen, ya que estamos en la Plaza del Conde, pasearemos por el de Santo Tomé, que fue un barrio de judíos acomodados y tiene una destacada puerta de entrada.

En dirección a la Travesía de los Descalzos, pasaremos por la Casa Museo el Greco, el Museo Sefardí y la Sinagoga del Tránsito (c/ Samuel Leví). Aquí nos perderemos por un sinfín de callejas típicamente judías hasta volver a la Plaza del Conde. Si por la calle San Juan de Dios tomamos rumbo opuesto, entre la calle del Ángel, el Paseo del Tránsito y la Travesía de la Judería, pasaremos por callejones de típico sabor medieval, que nos llevarán a la curiosa librería judaica Casa de Jacob (c/ del Ángel, 15).

Más adelante, en el cruce con la calle Reyes Católicos, frente al Monasterio de San Juan de los Reyes, nos meteremos en una calle especialmente sugerente, no muy habitual entre turistas, que es la Travesía del Arquillo. Su puerta con arco de herradura es una con las que se cerraba el barrio al caer la noche. De vuelta por la calle de los Reyes Católicos, podemos pararnos en la tetería Dar Al-Chai (Plaza Barrionuevo, 5) a sentarnos un rato, con un buen té o un buen zumo.

11.00 h. Sinagoga de Santa María la Blanca

La tetería Dar Al-Chai está junto a nuestro próximo destino: la sinagoga de Santa María la Blanca. Construida en el siglo XII, pasó a convertirse en la iglesia de la Orden de Calatrava y luego en el beaterio donde pasaban penitencia las mujeres públicas arrepentidas. En el siglo XVIII fue cuartel de la milicia y hoy es un monumento donde se celebran actos y encuentros culturales.

Entraremos en este templo del arte mudéjar y nos dejaremos impresionar por su espectacular patio de pilastras –32 en concreto, que están contadas– con capiteles de diferentes formas. Su simplicidad y el contraste de la blanquísima cal con el ladrillo la hacen realmente especial. Tan especial, que transmite una cierta espiritualidad, aun dedicándose hoy a usos que no son religiosos.

12.00 h. Monasterio de San Juan de los Reyes

A pesar de estar enterrados en Granada, los Reyes Católicos mandaron construir este monasterio para ser enterrados aquí. Y con él conmemoraron la batalla de El Toro, con la que Isabel la Católica empezó su reinado después de años de intrigas palaciegas.

El Monasterio de San Juan de los Reyes es una de las obras de arquitectura gótica más espectaculares de España. Tanto su exterior como su interior están repletos de detalles de gran valor artístico y arquitectónico. Hay tantos que es imposible pretender nombrarlos sin quedarnos cortos. Lo mejor es entrar, pasear por él y dejarse impresionar continuamente.

Desde la nave central, pasando por el coro, la sacristía, las capillas laterales, hasta el claustro y el patio, todo respira puro arte. Hay que sentarse en la nave central y mirar hacia arriba. Sus bóvedas de crucería y su cúpula estrellada son espectaculares. En el claustro, sobre un soberbio artesonado mudéjar, si nos fijamos bien, encontraremos los signos repetidos de los Reyes Católicos. En los laterales, veremos dos leones rugientes con los escudos del Reino de España y el famoso dicho real: “Tanto monta…” Ya afuera, en el patio, también cargado de detalles, disfrutaremos por fin de un tranquilo respiro.

14.00 h. Una comida entre la historia

Salimos del Monasterio de San Juan de los Reyes, cruzamos la Puerta del Cambrón y, a unos 150 metros, por el Paseo de Recaredo, nos encontramos un parque. En su interior, en la única casita que hay, está el restaurante Recaredo. Aquí podemos comer tranquilamente y reponer fuerzas para lo que nos queda de ruta.

Si en vez de tomar el Paseo Recaredo, retomamos la calle Reyes Católicos, podemos comer en La Perdiz, buena cocina toledana de la que no hay que perderse sus migas o la perdiz estofada. Si nos apetece desviarnos de la ruta de hoy, vayamos directamente detrás de la Catedral, donde están los restaurantes Los Cuatro Tiempos (c/ Sixto Ramón Parro, 5) y el Locum (Galardonado con un Sol de Repsol) (c/ Locum, 6), ambos en sendos edificios del siglo XVI del casco viejo, donde guisan como nadie por un precio muy correcto.

El café lo tomaremos en su terracita chill out. Es un sitio perfecto para empezar a tomar vistas de la muralla y sus puertas, nuestro próximo destino.

16.00 h. Puertas y murallas de Toledo

Desde el Recaredo, se cogen unas escaleras mecánicas que nos llevan de vuelta al centro histórico. Ahí empieza nuestro recorrido por las puertas y murallas de Toledo: una impresionante ruta por este cerco que rodea la ciudad desde la época romana y que empieza en la Puerta del Cambrón (Paseo Recaredo), la única por la que pasan coches.

Si queremos hacer la ruta completa, deberemos cruzar Toledo de abajo a arriba y atravesar un montón de puertas espectaculares. Esto nos puede llevar entre 40 y 50 minutos como máximo. En el camino, pasaremos por Puerta de Valmardón (c/ Cristo de la Luz), la Puerta de Alfonso VI o Bisagra Vieja (c/ Alfonso VI), y aquí haremos un alto en el camino para ver tranquilamente la Puerta de la Bisagra (c/ Alfonso VI), principal entrada de la ciudad. Cuando la vemos bien de cerca, resulta imponente, flanqueada por sus dos torreones y su escudo imperial: es de película.

Reponemos fuerzas y seguimos por la Puerta del Vado, descubierta en el año 2002, por la Puerta del Sol y por la Puerta de Alarcones (c/ Carretas). Desde allí, nos dirigiremos, bordeando el Alcázar, hasta la Puerta de Alcántara o de Doce Cantos (Cuesta de Doce Cantos), la última del recorrido. Este será un punto ideal para descansar y sentarnos para ver las impresionantes vistas de extramuros. Las hemos visto de día, pero lo verdaderamente espectacular es verlas iluminadas de noche. ¿Repetimos?

18.00 h - Vistas de postal

Merece la pena darnos la caminata de más o menos 20 minutos que hay entre el Alcázar y el Parador de Toledo, con tal de ver las impresionantes vistas de la ciudad que hay desde su cornisa.

Antes de empezar el recorrido, pasaremos por la calle Comercio, efectivamente, para comprar. Pero esta vez compraremos algo insólito: una espada. El acero toledano es conocido en todo el mundo y desde Hollywood llegan encargos para películas tan importantes como las espadas para El señor de los anillos. Hay multitud de espadas en las tiendas de recuerdos de esta calle.

Si nos pesa demasiado, siempre podemos comprar una navaja, algo más práctico. Seguimos y vamos directos a Casa Cuartero (c/ Hombre de Palo), de la que dicen que es la “despensa de lujo” de la ciudad. El mismo marqués de Griñón la recomendó en un artículo. En su mostrador está lo más granado de Castilla-La Mancha: los pestiños, el queso manchego, el pisto, los vinos... Es imposible resistirse a la tentación.

Bajando hacia el parador, podemos pasar por curiosas callejuelas de la ciudad, como el Callejón del Diablo (c/ del Locum), detrás del Teatro de Rojas. Aunque será mejor no tardar mucho o nos perderemos la puesta de sol más espectacular del lugar.

Llegados al parador, vamos directos a su terraza, que tiene una vista perfecta de la ciudad de Toledo al fondo, con las murallas, la catedral, el alcázar, etc. Ha llegado el momento de relajarnos, tomarnos algo y aprovechar nuestra cámara de fotos. Quizás, incluso, podemos quedarnos a cenar. Así, disfrutaremos de esta postal hasta el final. De noche, la vista sigue siendo espectacular.

FuenteGuía Repsol