El monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el corazón de este pueblo lleno de historia
El monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el corazón de este pueblo lleno de historia - ernesto agudo

San Lorenzo de El Escorial, veranear como Felipe II

El monarca tuvo el mérito de fichar, hace 450 años, una localización única en el mundo, al pie del monte Abantos, rodeada de fresnos, pinos y robles

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Los veranos de finales de los 70 eran míticos. Cuando terminaba junio, nuestros padres nos concentraban a todos los hermanos, en estado semisalvaje, antes de ir al norte, en una casa en el pico del monte de una localidad cercana, y nos llevaban de merienda a San Lorenzo de El Escorial de vez en cuando, como una gran fiesta. Recuerdo la envidia tan grande que nos atacaba al ver aquellos grupos de chicos en moto, por el camino del Horizontal, grupos a los que clandestinamente nos unimos en cuanto fuimos capaces de conducir una Vespino, para disfrutar de la escapada, de «Keeper», de la horchata y del helado.

Creo que a Felipe II nunca se le pasó por la cabeza que varios siglos después de finalizada su obra se normalizara entre el vulgo el concepto de lo que vienen siendo los fines de semana, los puentes o las vacaciones de Semana Santa, aunque algo pudo sospechar del veraneo, pues los meses estivales pasaban muy inadvertidos en los patios y jardines del monasterio. Si él no fue responsable de chanclas ni de «shorts», sí que tuvo el mérito de fichar una localización única en el mundo, a los pies del monte Abantos, en la incomparable zona rodeada de fresnos, pinos, robles y composiciones graníticas, que conforman, para mí la más bella de las sierras, la del Guadarrama, y a tan sólo 50 kilómetros de la capital.

Si el Rey ni se lo imaginó, los que lo vieron clarísimo fueron los del grupo de familias que decidieron aprovechar este clima saludable y ese lugar incomparable. Y ya desde finales del XIX, San Lorenzo de El Escorial creció año tras año, con grupos de casas perdidas por el monte, paseos, tiendas especiales o colegios de niños no muy buenos.

San Lorenzo de El Escorial fue siempre un pueblo de altísimo nivel cultural, con sus conciertos, recitales, representaciones en el teatro Carlos III (o en el espectacular y más reciente Auditorio, obra de Rubén Picado y María José de Blas), pero explosionó a finales de los 80, cuando se convirtió en la sede de verano de la Universidad Complutense. Los cursos, centralizados en el antiguo hotel Felipe II, duraban dos meses, con magníficas actividades, talleres, conciertos o representaciones, y se podía compartir copa o helado con García Márquez, Octavio Paz, Mandela o Rostropovich.

Hoy, me cuenta uno de esos veraneantes de toda la vida, el día sigue transcurriendo alrededor del monasterio, al carrito de auténtica horchata en la Lonja, junto al que se sientan cientos de adolescentes, la plaza del ayuntamiento y la calle Floridablanca. San Lorenzo de El Escorial es Patrimonio Mundial de la Humanidad y ha recogido el espíritu del lugar, que es el del Rey que quiso instaurar aquí la corte del Imperio español, confiriéndole el espíritu artístico e intelectual que le rodeó, y que se refleja en ese jardín italiano de la fachada sur o en esa biblioteca joya, que construye mirando al pueblo para que pueda ser accesible sin necesidad de entrar en el mismo palacio.

A tiro hecho