Iglesia donde se refugió la parricida tras perpetrar el crimen - M. Cieza
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Zaida, la madre que degolló a su bebé: «Tenía que hacer un sacrificio»

La mujer de La Villa de Don Fadrique sufría problemas psicológicos desde el nacimiento de su segundo hijo

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El relato hiela el cuerpo, a pesar de que a mitad de agosto los treinta y tantos grados no te los quita nadie en este rincón de La Mancha toledana: «Zaida estaba o como zombie o muy activa. No decía cosas coherentes y llegaba alguien y le decía: ¿Y tú quién eres? ¿El demonio? Fuera, fuera. El martes ella estaba todo atacada, estuvo corriendo por el pueblo, entraba y salía de casa, estaba de los nervios. A su casa llegó con una bolsa llena de cosas, entró y dijo: ‘Todo mentira, todo mentira’, tiró las bolsas en la escalera y rompió todo. Y yo le dije a su pareja: ‘Por qué no llamas al médico para que se la lleven’, y él me contestó: ‘Vamos a esperar a ver si se le pasa, es que esta mujer está muy mal’. Y anoche (por el martes) estaban como con miedo porque les decía que tenía que hacer un sacrificio».

Al habla Gladys Muñoz González, la vecina de enfrente de Zaida Pulido, de 36 años y natural de La Villa de Don Fadrique, que este miércoles, en torno a las 7.30 horas de la mañana, degolló a su bebé de tres meses con un cuchillo de cocina en el altar de la capilla del cementerio del pueblo para luego buscar refugio en la iglesia, donde finalmente fue reducida, detenida y sacada por la puerta de atrás en una ambulancia hasta el hospital Mancha Centro de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), en el cual permanece. Del caso se ha hecho cargo el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Quintanar de la Orden.

Antes del fatal suceso, Zaida se había presentado en la casa de su madre Julia para arrebatarle a sus hijos (estaban con la abuela por el estado psicológico de la madre): el pequeño José Alfredo, de tres meses, y una niña de tres años, pero solo pudo llevarse al bebé. «Le he dicho que no estaba en condiciones de llevarse a los niños, pero ha cogido, ha subido, me ha empujado y me ha tirado por las escaleras», contaba a Ep entre lágrimas la madre de la presunta filicida. Después del crimen, Julia le preguntó a su hija el porqué y esta le respondió que «tenía que salvar al mundo».

Julia también desveló que su hija «debía tener mucho mal en la cabeza» porque «desde que nació el chico, no era ella». Una versión que corroboró Stevenson, hijastro de Zaida, a Efe. «Tenía depresión postparto y los médicos dijeron que era eso, pero al tiempo no se le pasó, y es como si tuviera un demonio en la cabeza», dijo el joven, además de desvelar que su madrastra «encendía velas negras».

Los testigos que vieron llegar a Zaida al cementerio, en una furgoneta a toda velocidad, describen que llevaba al bebe en brazos y que entró «pegando voces y trastazos». Manuel Gómez Díaz-Maroto, trabajador del Ayuntamiento, se acercó hasta la capilla y la cuestionó: «¿Qué pasa Zai? ¿Qué haces?» Y la presunta filicida respondió: «Tu sal de aquí que os mato».

Enseguida, los presentes en el campo santo llamaron a la Guardia Civil y una pareja persiguió a Zaida hasta la iglesia. Cuando se fue, Manuel y la vecina que le acompañaba encontraron el cádaver de José Alfredo en la capilla. «El bebé estaba acostado con un roto aquí (en el cuello) y con sus calcetines», cuenta Gladys, la mujer de Manolo.

«En la 'cunita' ponía: José Alfredo»

Zaida vivía en La Villa de Don Fadrique con su pareja, de origen colombiano, sus dos hijos y otros dos hijastros de su marido. Se dedicaban a la venta ambulante y habían tenido a José Alfredo (con el mismo nombre que su padre) el 7 de mayo.

De la fecha no se olvidan Jesús Soto y Felipa Lucas, propietarios del bar «Limón y Menta», abuelos de una niña que nació el mismo día y en el mismo hospital que el bebé fallecido. «Fuimos a verle porque éramos del mismo pueblo y recuerdo que me acerqué a la ‘cunita’ y ponía: José Alfredo», cuenta Felipa.