Los sistemas sanitarios débiles favorecen la dispersión y la gravedad del brote de ébola
Los sistemas sanitarios débiles favorecen la dispersión y la gravedad del brote de ébola - SYLVAIN CHERKAOUI/MSF
tratamiento para el ébola

Así se lucha contra el virus que desangra a África

Los cuidados médicos se centran en reponer la sangre y los líquidos con un tratamiento relativamente sencillo que no siempre es accesible en los países afectados

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El día en que la OMS ha declarado la emergencia sanitaria internacional, los médicos vigilan de cerca la evolución de tres pacientes infectados con ébola: el misionero español Miguel Pajares en España y los dos trabajadores sanitarios de Estados Unidos, Kent Brandly y Nancy Writebol. Están monitorizando a los enfermos desde muy cerca y se dedican a contrarrestar los efectos de la enfermedad con todos los medios a su alcance. Mientras tanto, al otro lado del mundo, los medios sanitarios están sobrepasados y hay pacientes que no reciben ni suero fisiológico o que ni siquiera han ido a los centros de salud.

Más allá del fármaco experimental para combatir al ébola y los tratamientos que están en desarrollo, el ébola no tiene cura. Los pacientes que sobreviven a la letalidad del 60% de la actual cepa de ébola Zaire sobreviven a la dolencia por sus propios medios. Esto ocurre cuando el tratamiento de los síntomas le da tiempo al afectado para que su propio sistema inmune acabe con la infección.

Según explica José Félix Hoyo, médico y portavoz de Médicos del Mundo, el tratamiento clínico del ébola se centra en luchar contras las hemorragias y la fiebre que provoca. Se apoya en tres pilares fundamentales: el suero (sueroterapia), las transfusiones de sangre (hemoterapia) y los factores de coagulación. Y todo ese proceso requiere una monitorización de las constantes vitales (frecuencia cardiaca, presión arterial, etc).

Brote proporcional a la pobreza

Aunque no se trata de un tratamiento muy caro, en opinión de Hoyo, estos medios no están disponibles en muchos centros de África occidental que están atendiendo a los pacientes infectados con virus ébola.

«Acabar con el brote allí es la mejor forma de protegernos aquí»Pero, según dice, «acabar con el brote allí es la mejor forma de protegernos aquí». Por eso ve como un hito muy positivo que la OMS haya decretado la alerta sanitaria internacional y que previsiblemente se destinen más recursos para frenar el brote.

Esto es fundamental en un país como Sierra Leona, en el que las condiciones sanitarias, de acceso a agua potable y de educación son muy precarias. «La gente recurre a medicinas alternativas, va al curandero, no puede lavarse o beber agua potable». Estas dificultades pueden favorecer enormemente la dispersión de las enfermedades infecciosas.

Hemorragias

El objetivo del tratamiento para el ébola es luchar contra la pérdida de sangre y de líquidos. De lo contrario, el enfermo puede llegar a la pérdida del conocimiento y la muerte.

¿Por qué se pierde sangre? El motivo es que el virus ébola ataca al endotelio vascular, que es una capa que recubre a algunos vasos sanguíneos que transportan la sangre hasta los órganos del cuerpo. Como resultado, la sangre «se escapa» y se producen hemorragias internas de forma generalizada, que pueden verse en el exterior a través de los ojos, la boca, la diarrea o los vómitos.

Además, la infección del virus ataca al mecanismo de coagulación (hemostasia primaria), que es el encargado de acumular plaquetas y formar «costras» para taponar la salida de sangre del cuerpo, como cuando se produce una herida. Por ello, las hemorragias se vuelven incontrolables para el organismo y el infectado se desangra.

Suero, sangre y paracetamol

No solo es necesario suministrarle suero fisiológico al paciente y trasfundirle sangre para contrarrestar los efectos de las hemorragias. Además, es conveniente proporcionarle factores de coagulación, que son sustancias que le permiten recuperar a la sangre la capacidad de que las plaquetas se agreguen y «taponen» las fugas.

También se le suministran medicamentos para combatir la fiebre, como el paracetamol, pero nunca aspirinas, porque en ciertas dosis disminuyen la capacidad de coagulación de la sangre, ya muy mermada en los enfermos de la fiebre del ébola.

En ocasiones, ninguno de estos tratamientos es suficiente, y es adecuado suministrarle al paciente vasoconstrictores ( drogas vasoactivas, como norepinefrina o dopamina) cuya función es disminuir el flujo de sangre en la periferia y llevar la que quede después de las hemorragias a las zonas más vitales: el corazón y el cerebro. En ocasiones, este intento mantener vivo al paciente lleva a que los vasoconstrictores provoquen daños por falta de sangre (isquemias) en las extremidades (dedos).

Shock hipovolémico

Cuando a pesar de todo se pierde demasiada sangre, el afectado sufre un shock hipovolémico, lo que quiere decir que sufre un fallo generalizado en el organismo por tener poca sangre transportando oxígeno y nutrientes a los órganos. Esto ocurre exactamente igual que en el caso de una persona que ha sufrido un accidente de tráfico y se desangra por las heridas sufridas.

Pasado un cierto punto, la situación se vuelve irreversible y se entra en la etapa refractaria, en la que la sangre no alimenta al cerebro ni al corazón y que finaliza con la muerte del enfermo.

Las bacterias refuerzan al ébola

A medida que se va perdiendo sangre y el virus ejerce su ataque, el sistema inmunológico pierde fuerza. Los enfermos vomitan y aspiran sangre, y a veces el contenido gástrico entra hacia los pulmones. Todo ello favorece que las infecciones secundarias, como las neumonías, proliferen en pacientes ya debilitados. Por ello, también es importante que reciban tratamiento con antibióticos para combatir a nuevos patógenos.

Por último, el riñón es uno de los primeros órganos que pueden verse afectados a medida que avanzan las hemorragias y puede ser necesario aplicar un tratamiento de diálisis para suplir sus funciones.