Nuevas leyes, nuevos conflictos

CARLOS ALBERTO MONTANER
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Los ecuatorianos aprobaron una nueva Constitución el pasado domingo. Será la número veinte de la accidentada historia del país. Como buenos latinoamericanos, tienen la curiosa manía de redactar Constituciones que luego nadie obedece. Para llegar al nuevo texto, el presidente Rafael Correa, auxiliado por sus compañeros, violaron numerosas veces las leyes con las que habían sido electos.

Nada nuevo. Casi todos los anteriores gobernantes hicieron cosas parecidas. En América Latina no se entiende que un Estado de derecho sólo puede funcionar adecuadamente y dar sus mejores frutos cuando todos los ciudadanos se colocan bajo el imperio de la ley.

El presidente Rafael Correa puso todo su empeño en ganar ese referéndum. Ha pactado a derecha e izquierda, ha repartido cuantiosos subsidios, y no ha dudado en enfrentarse a la Iglesia para lograrlo. ¿Por qué? Obvio: se propone reforzar su poder. Está convencido de que es el hombre providencial que salvará a Ecuador del permanente desorden institucional, la corrupción, la pobreza relativa y la dependencia del exterior. Es un líder seguro de sí mismo. Desconoce el miedo y la duda. ¿Cómo salvará a Ecuador? Quiere la reelección inmediata, controlar el Banco Central, que es autónomo, y gobernar por decreto si los legisladores no lo obedecen con diligencia. Entre sus nuevas facultades estará la de disolver el Parlamento. Aspira a ser un presidente centralista, fuerte, que someterá a la autoridad de Quito los poderes regionales. Su bestia parda es Jaime Nebot, el popular alcalde de Guayaquil.

Las probabilidades de que los planes de Correa salgan bien son muy remotas. Pero tal vez donde más se equivoca el presidente es en la elección de amigos y enemigos. Alinearse tras la bandera del chavismo es un disparate. Chávez trata peligrosamente de revivir el espíritu de la Guerra Fría incitando a rusos e iraníes al enfrentamiento con Estados Unidos y Occidente en suelo latinoamericano. ¿Qué beneficio sacaría Ecuador de ese conflicto? Tampoco tiene sentido la hostilidad contra Colombia. Lo que le conviene a Ecuador es la derrota de las FARC, el ELN, los paramilitares y los carteles de la droga. El presidente Uribe está llevando a cabo esa ingrata tarea. ¿No es evidente que lo que le debe interesar a Ecuador es que su vecino más próximo esté en paz para que los narcoguerrilleros no crucen la frontera, y Colombia sea un país próspero y en calma para que los campesinos no tengan que emigrar?

En todo caso, ¿qué sucederá tras la aprobación de la nueva Constitución? Correa seguramente interpretará esos resultados como una aprobación general de sus ideas y el país sufrirá las consecuencias. En el terreno económico veremos fuga de capitales, parálisis en las inversiones y mayor desempleo. Como en la nueva Constitución todos los resortes económicos están en las manos del Ejecutivo, la crisis será el momento de plantear la desdolarización. Volver a un nuevo y débil sucre, pero gloriosamente nacionalista. En el campo internacional, en suma, más roces con Estados Unidos y Colombia, y menos inversiones extranjeras.