Debate con papeles cambiados

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COMO es notorio, la crisis económica no se soluciona con un debate en el Congreso de los Diputados.Sin embargo, la opinión pública ha percibido con claridad que la respuesta de José Luis Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy ante el gran desafío que afecta directamente al futuro de los españoles se plantea en términos muy diferentes. El presidente del Gobierno sigue empeñado en esperar que los problemas se arreglen por sí mismos y carece de un programa coherente para afrontar una crisis que hace saltar todas las alarmas. La propuesta de crear una gran comisión negociadora es sencillamente absurda, porque todo el mundo sabe que es una forma de huir hacia delante y que sólo sirve para eludir la responsabilidad de un Ejecutivo dispuesto a ejercer como «oposición» al PP con fines puramente electoralistas. En cambio, Rajoy ofreció ayer la mejor versión de un líder dispuesto a afrontar en serio los problemas que preocupan a los ciudadanos y dejó muy claro que sólo los sectarios incorregibles pueden reprocharle la falta de propuestas concretas para suplir la incapacidad de un Gobierno superado por las circunstancias.

Rodríguez Zapatero intenta marear la perdiz cuando reprocha al PP que no se atreva a presentar una moción de censura, porque él mismo no está dispuesto a plantear a la Cámara una cuestión de confianza. El único objetivo es ganar tiempo a ver qué pasa, como si la crisis se fuera a arreglar por sí sola. Es evidente que el PSOE plantea una maniobra partidista con la propuesta de cuatro pactos formulada en términos que inducen a pensar que se trata de ganar apoyos para la Ley de Economía Sostenible, un conjunto de ocurrencias incongruentes que demuestran la falta de un plan efectivo. La contundencia de Rajoy puso de relieve la pasividad del Gobierno, que también fue objeto de críticas muy fundadas por parte de los demás grupos, incluidos sus socios para la aprobación de los presupuestos o para salir del paso en algunas escaramuzas parlamentarias. Rodríguez Zapatero debe gobernar y no buscar ventajas en una crítica permanente hacia la oposición, mediante la falacia de transferir al PP las responsabilidades que incumben en exclusiva al Gobierno. El debate de ayer puso de relieve que el proyecto político del PSOE está agotado antes de llegar a la mitad de la legislatura y, en estas condiciones, hay motivos muy serios para temer que la crisis se instale de forma permanente en la economía española.