Frontón de Beti Jai
Frontón de Beti Jai - abc

Los propietarios del frontón Beti Jai piden cerca de 12 millones

Está a punto de salir la sentencia de expropiación de este edificio, hoy en ruinas

Actualizado:

Después de cuatro largos años, está a punto de conocerse la sentencia sobre la expropiación del frontón Beti Jai, según ha podido saber ABC. El proceso entre la propiedad –una sociedad vasca– y el Ayuntamiento de la capital se encuentra en el Juzgado Territorial de Expropiación, un organismo que depende de la Administración autonómica. La guerra de cifras se mantiene hasta que se resuelva en el fallo: el Consistorio valora el complejo en unos 6 millones de euros; los dueños quieren el doble, aproximadamente. Han llegado a pedir algo más de 30.

Lo cierto es que este precioso complejo deportivo de finales del siglo XIX se deteriora cada día sin que nadie meta algo más de prisa para evitar la ruina total. Y eso que fue declarado Bien de Interés Cultural en marzo de 2011 por parte de la Comunidad de Madrid. También el Ayuntamiento ha procurado agilizar todos los trámites.

Nada de esto tranquiliza a la plataforma vecinal «Salvemos Beti Jai». Situado en el número 7 de la calle Marqués de Riscal, todavía se tiene en pie en pleno barrio de Almagro (distrito de Chamberí), una de las zonas más caras y «apetecibles» de la ciudad para los negocios urbanísticos. Que era lo que pretendía la propiedad antes de que las autoridades decidieran que había que ir a la expropiación para evitar la pérdida total del complejo.

El frontón Beti Jai está considerado, todavía hoy, como la «Capilla Sixtina de la pelota». Construido en 1893 por el arquitecto Joaquín Rucoba, tenía capacidad para 4.000 espectadores. Único en su género y en sus características, el maltrato que está sufriendo no le quita belleza y empaque. De hecho, todavía se pueden apreciar los rasgos principales de su estructura y, además, conserva sus cubiertas de madera originales. Con sus 67 metros de longitud y los 20 de anchura, ha sido comisaría y cárcel durante la Guerra Civil, taller de reparación de coches, aparcamiento y, en ocasiones, «domicilio» de okupas. No se sabe cuál será su futuro, pero los vecinos apuestan por su rehabilitación como edificio singular para eventos deportivos.