Las joyas arquitectónicas desaparecidas en Madrid
La Iglesia de Santa María de la Almudena, la más antigua de Madrid, poco antes de ser demolida en 1869 - ARCHIVO ABC
HISTORIA

Las joyas arquitectónicas desaparecidas en Madrid

La capital ha perdido buena parte de su legado urbanístico bajo el pretexto del desarrollo, a consecuencia de la Guerra Civil o por la desidia institucional; aquí, una pequeña muestra del Madrid perdido

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La capital ha perdido buena parte de su legado urbanístico bajo el pretexto del desarrollo, a consecuencia de la Guerra Civil o por la desidia institucional; aquí, una pequeña muestra del Madrid perdido

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  1. La Iglesia de Santa María de la Almudena (S.XI-1868)

    La Iglesia de Santa María de la Almudena, la más antigua de Madrid, poco antes de ser demolida en 1869
    La Iglesia de Santa María de la Almudena, la más antigua de Madrid, poco antes de ser demolida en 1869 - ARCHIVO ABC

    Quienes derribaron el que era, probablemente, el templo más antiguo de Madrid sabían lo que hacían. Santa María de la Almudena creció desde la base de una antigua mezquita de aquel Magerit primigenio. Al menos desde el siglo XI estuvo allí creciendo, modificando su traza, remozándose, ampliándose y dando cobijo a los feligreses madrileños desde que Madrid es Madrid. Nadie como Mesoneros Romanos describió el ambiente costumbrista de la capital y fue en su tiempo cuando surgió la «necesidad» de acabar con el Madrid medieval para convertirlo en una ciudad «moderna». Fue él precisamente uno de los que sugirió que la derribasen en su «Proyecto de Mejoras Generales de Madrid», presentado al Ayuntamiento en 1846.

    El objetivo era trazar una gran calle que prolongara Mayor hasta la Cuesta de la Vega. «Para este grandioso proyecto hay que sacrificar no sólo el edificio de la Armería, sino la parroquia de Santa María, que, aunque pequeña y de ningún valor, es la más antigua de Madrid», dijo. Así se hizo en 1869, demoliéndola a golpe de pico y pala y, con ella, una joya arquitectónica de ocho siglos.

    Otros edificios religiosos desaparecidos

    A la iglesia de Santa María de la Almudena se suman otros edificios religiosos importantes como el Convento de Santo Domingo el Real (1212), uno de los primeros conventos intra muros de Madrid, derribado para «despejar» la plaza que lleva su nombre entre 1868 y 1870. La de San Juan Bautista (s. XII), célebre por albergar los restos mortales de Velázquez desde 1660, fue también derribada en 1811 por José I Bonaparte para ampliar la plaza.

    Asimismo corrieron la misma suerte el Colegio de las Niñas de Leganés (1630), derribado para hacer la Gran Vía; el Convento del Espíritu Santo (1684-1841), donde está el Congreso de los Diputados; la Iglesia de San Norberto y Vulgo de los Mostenses (1611-1808), donde se ubica hoy el mercado que lleva su nombre; el convento de San Pascual (1683-1861), en el Paseo de Recoletos; la parroquia de Santa Cruz (s. XIV-1868) y el Convento de Santo Tomás de Aquino (1583-1876), ambas en el solar de la actual Iglesia de la Santa Cruz; la iglesia del Buen Suceso (1483-1837), el convento de San Felipe El Real (1547-1838) –con sus famosas gradas– y el convento de Nuestra Señora de las Victorias (1561-1836), los tres derribados antes de la gran reforma de la Puerta del Sol en 1854.

    También fueron derribados el convento de la Magdalena (1579-1836), en la calle Atocha; la casa del Noviciado de la Compañía de Jesús (1605-1843), en San Bernardo; el Asilo de Nuestra Señora de la Paloma (1901-1939), en la Dehesa de Amaniel –hoy Dehesa de la Villa–; el Asilo de San Bernardino (1572-1907), conocido como el convento de las Batuecas, en la calle Isaac Peral; o el Asilo de Santa Cristina (1895-1939), en Moncloa, entre otros.

  2. Las caballerizas reales del palacio de Oriente (1789-1932)

    S.M. la Reina Doña Victoria, con las infantitas Doña Beatriz y Doña Cristina, al regresar a las caballerizas reales tras un paseo a caballo por la Casa de Campo
    S.M. la Reina Doña Victoria, con las infantitas Doña Beatriz y Doña Cristina, al regresar a las caballerizas reales tras un paseo a caballo por la Casa de Campo - ARCHIVO ABC

    Donde se levantan majestuosos los Jardines de Sabatini se encontraban las Caballerizas Reales que mandó erigir Carlos III en 1789. Esta inmensa construcción, obra del arquitecto italiano Francesco Sabatini, fue incautada por el Gobierno de la II República y cedida al Ayuntamiento de Madrid para que las derribara y construyera un parque público. Y así lo hizo en 1934 –tras un polémico debate entre los partidarios de derribarlo y los opositores a dicha medida– sometiendo a la piqueta a un fastuoso complejo de piedra berroqueña y granito que se levantaba sobre un solar de 2,5 hectáreas. Además de las caballerizas propiamente dichas, el complejo albergaba una capilla dedicada a San Antonio, almacenes, fuentes, fraguas y herraderos y seis patios interiores en torno a los que se articulaba la construcción.

    Otras «reales» construcciones perdidas

    Hubo un día en el que el río Manzanares fue navegable gracias a una de las obras de ingeniería más importantes de la historia de Madrid: el Real Canal del Manzanares. Con sus 21 kilómetros conectó la capital a través de un canal fluvial hasta Rivas Vaciamadrid. El canal se comenzó a construir en 1770 por iniciativa privada y fue continuado por el Estado debido al gran interés público que suscitó en la época. Tras décadas de esplendor dejó de funcionar en 1860. La construcción de las vías férreas de la región borró sus huellas y apenas se conservan restos del mismo.

    También desaparecieron en la capital el Antiguo Alcazar de Madrid (s.XI-1734); las cercas reales de Felipe II y Felipe IV; el Pabellón Real del Parque del Retiro (1883-1950), creado para la Exposición Nacional de Minería de 1883; el Lavadero de la Reina en la zona de la Puerta de San Vicente; o la Real Fábrica de Platerías Martínez (1792-1920), entre otros.

  3. La plaza de Toros de Goya (1874-1934)

    ARCHIVO ABC

    La Plaza de Toros de Goya se situó en el actual emplazamiento del Palacio de los Deportes. Fue construida bajo un estilo neomudéjar por los arquitectos Emilio Rodríguez y Lorenzo Álvarez. Por su ruedo de 60 metros de diámetro pasó la flor y nata del toreo del siglo pasado. Tenía un aforo para 14.867 espectadores, incluidas las localidades de favor: Palco Regio, Presidencia, Diputación y Música. Fue inaugurada el 4 de septiembre de 1874 y durante sesenta años fue testigo de una de las épocas más brillantes del toreo en Madrid. Pese a su popularidad fue derribada en 1934 y sustituida por Las Ventas.

    Antes hubo en Madrid otras plazas como la de la Puerta de Alcalá (1749-1874), que fue la primera plaza permanente de la capital.

  4. La casa de la Moneda de Colón (1861-1970)

    Antigua Casa de la Moneda en Colón, en la esquina superior izquierda de la imagen, junto a la Biblioteca Nacional
    Antigua Casa de la Moneda en Colón, en la esquina superior izquierda de la imagen, junto a la Biblioteca Nacional - ARCHIVO DE ABC

    Sobre los actuales Jardines del Descubrimiento de la plaza de Colón —junto a la Biblioteca Nacional— estuvo desde 1861, hasta su derribo en 1970, la antigua Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Levantada con ladrillo y piedra, este gran edificio se dividía en dos pabellones gemelos –uno en cada extremo de la plaza–. En un principio se planteó conservarlos y estructurar el jardín entre ambos, pero finalmente fueron víctimas de la piqueta.

  5. El antiguo mercado de la Cebada (1875-1956)

    Antiguo mercado de la Cebada, en una foto de mediados del siglo pasado
    Antiguo mercado de la Cebada, en una foto de mediados del siglo pasado - ARCHIVO DE ABC

    El Mercado de la Cebada nació en 1870 con un objetivo muy claro: acabar con la creciente insalubridad de los productos vendidos en los puestos callejeros. El Ayuntamiento de Madrid tomó esta medida dos años antes y acordó la construcción de varios mercados estables en la capital, entre ellos éste y el de los Mostenses –derribado en 1925–.

    El de la Cebada fue el más importante de Madrid. Fue construido y diseñado por el arquitecto Mariano Calvo Pereira, siguiendo el modelo del de Les Halles en París. Estructuras de hierro y cristal desmontables –se podrían haber salvado de su destrucción– conformaron este gran espacio de planta irregular, compuesto por dos pisos, y con una superficie de 6.323 metros cuadrados. Fue inaugurado por el rey Alfonso XII el 11 de junio de 1875, y derribado en 1956 para levantar el el actual mercado de la Cebada.

    La voladura del mercado de Olavide

    El mercado de Olavide, obra del arquitecto Francisco Javier Ferrero en 1934, también fue derribado para construir un aparcamiento subterráneo y una plaza arbolada el 2 de noviembre de 1974. Se desvaneció como una castillo de naipes durante su voladura, no sin una agria polémica por ello.

  6. La Parisiana de Moncloa (1906-1939)

    «La Parisiana es el rincón mundano más delicioso de Madrid», rezaba ABC en 1919. «Allí se respira un ambiente cosmopolita que nos hace olvidar la plebeyez de otros locales que presumen de exquisitos. Es el paraíso del siglo XX con sus mujeres perfumadas y bellísimas, que desfilan por sus salones ostentando las más refinadas toilettes y las joyas más coruscantes», continuaba el artículo. Situado en plena plaza de la Moncloa fue el lugar de esparcimiento favorito para la alta sociedad madrileña de los años XX. Allí se daban cita la gastronomía, el teatro, los bailes y excéntricos espectáculos. Una «vida» que se vio truncada por la Guerra Civil, que destruyó por completo el parque en el que se encontraba.

    Las víctimas del distrito de Moncloa

    Pero no fue la única víctima de la zona. El Asilo de Santa Cristina (1895-1939), muy cerca del actual Museo de América, quedó en ruinas tras la contienda. También se perdió el Cuartel de la Montaña (1863-1939) ubicado en los terrenos que ocupa el parque del Templo de Debod. Este recinto militar recibió el impacto de numerosos proyectiles de artillería debido a su cercanía con la línea del frente.

    Sí sobrevivió a la guerra el quiosco de la música de Pintor Rosales (1923), en el paseo que lleva su nombre. Sin embargo, fue derribado en 1951 para «mejorar el tráfico de la calle».

  7. El templete de Antonio Palacios (1920-1972)

    Templete de Metro de la Red de San Luis en agosto de 1944
    Templete de Metro de la Red de San Luis en agosto de 1944 - ARCHIVO DE ABC

    Una de las construcciones más añoradas por los madrileños es el templete de Metro de la Red de San Luis. Desmontado piedra a piedra en 1972, se marchó para no volver en dirección a Porriño (Pontevedra), la ciudad natal de su creador: Antonio Palacios. Con los años, Madrid luchó por que se lo devolvieran, pero a pesar de no haber sido destruido —hoy luce como monumento a Palacios en un parque de la localidad gallega— la pérdida ha sido irreparable.

    Un desierto de granito gris ocupa el lugar del original acceso al Metro de Gran Vía de 1920. También desaparecieron los templetes que Antonio Palacios diseñó para el Metro de Sol.

    El hotel Florida de Callao

    Cerca, en la plaza de Callao, desapareció otra de las obras maestras de este arquitecto gallego: el hotel Florida. Su imponente fachada de mármol blanco y sus 200 habitaciones –inauguradas en 1924– quedaron reducidas a escombros cuarenta años después. Con cada golpe de piqueta derribaron parte de la historia de este hotel conocido como «el de los corresponsales». En él se registraron los periodistas extranjeros que cubrieron la Guerra Civil —entre ellos Ernest Hemingway—.

  8. El Estadio Metropolitano (1923-1966)

    El estadio Metropolitano en 1925
    El estadio Metropolitano en 1925 - ARCHIVO DE ABC

    A vista de pájaro, sobre la trama de calles Beatriz de Bobadilla, Santiago Rusiñol, del Conde de la Cimera y el Paseo de Juan XXIII, se distingue la forma del escudo del Atlético de Madrid. Es el solar que en su día ocupó el antiguo estadio Metropolitano. Diseñado por José María Castell, comenzó a construirse a principios de los años 20 y fue inaugurado el 13 de mayo de 1923. A pesar de quedar prácticamente destruido por las bombas durante la Guerra Civil, sobrevivió tras una reforma integral en febrero de 1943. Finalmente fue derribado en 1966, año en el que se concluyeron las obras del estadio Vicente Calderón.

    Cerca de este estadio se encontraba el Hipódromo de la Castellana, levantado en 1878 –sobre los terrenos que ocupan hoy los Nuevos Ministerios– y desaparecido en 1934. La Castellana de entonces no es la que conocemos hoy. En los últimos 50 años ha perdido una veintena de los palacios que la caracterizaron como una de las avenidas más lujosas de Europa.

  9. El Frontón Recoletos

    ARCHIVO DE ABC

    Símbolos de ese Madrid perdido fueron los antiguos frontones de la capital. Además del célebre Beti-Jai —en pie, pero en la lista roja de patrimonio en peligro por su estado—, el Recoletos (1935) ofreció entretenimiento a los madrileños, en la calle Villanueva, hasta 1973. A pesar de ser una de las obras más sobresalientes de Secundino Zuazo y Eduardo Torroja —colaborador en la ejecución del Hipódromo de la Zarzuela—, fue derribado. En su época fue la mayor estructura de este tipo construida en Europa hasta esa fecha.

  10. La Pagoda de Fisac

    La Pagoda de Fisac, en la calle Josefa Valcárcel, durante su demolición en julio de 1999
    La Pagoda de Fisac, en la calle Josefa Valcárcel, durante su demolición en julio de 1999 - ARCHIVO DE ABC

    La Pagoda (1970) era una verdadera joya de la arquitectura moderna. Con ella, Miguel Fisac demostró que el rudo hormigón podía convertirse en una estructura original, novedosa, funcional –fue sede de los laboratorios Jorba– e incluso «bella». No era un edificio histórico pero sí una de las mejores aportaciones de su época a la historia de la Arquitectura. El Colegio de Arquitectos de Madrid se opuso, junto a una fuerte corriente popular en contra, a su demolición. Algo que no se pudo evitar y que en 1999 dejó, una vez más, huérfana a Madrid.