Kimberly-Clark cierra la mayor fábrica de Calatayud: 250 empleos perdidos
Instalaciones de la fábrica de pañales de Kimberly-Clark en Calatayud - abc
ECONOMÍA

Kimberly-Clark cierra la mayor fábrica de Calatayud: 250 empleos perdidos

La multinacional renuncia a venderla tras meses intentándolo

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La multinacional estadounidenses Kimberly-Clark ha decidido cerrar su fábrica de pañales de Calatayud (Zaragoza). Altos directivos de la división europea de Kimberly-Clark se desplazaron este lunes desde Londres para comunicar personalmente la decisión al comité de empresa. El cierre ya tiene fecha marcada: el próximo 15 de mayo.

La noticia es un mazazo para el mercado laboral de Calatayud. Es la mayor fábrica de la ciudad, de la que dependen cientos de familias en una localidad de poco más de 20.000 habitantes con escaso tejido industrial que tenía en Kimberly-Clark su mayor centro productivo, con más de 200 empleos directos y decenas más de indirectos. La plantilla fija de la factoría supera ligeramente los 200 puestos de trabajo, pero a lo largo del año eran habituales puntas de trabajo con temporadas en las que se han llegado a rondar los 250 empleos. De media, la desaparición de Kimberly-Clark puede suponer, en la práctica, la destrucción de unos 250 puestos de trabajo en Calatayud, entre directos e indirectos.

En octubre del año pasado, la multinacional decidió desprenderse del negocio de fabricación de pañales en Europa por no resultarle rentable. De las tres factorías europeas que tenía para la producción de pañales, sólo decidió mantener la de República Checa. En octubre anunció el cierre de la planta de Reino Unido y puso en venta la de Calatayud. Pero tras meses de negociaciones con varios interesados en comprar la fábrica, no ha fructificado acuerdo alguno y Kimberly-Clark ha optado por la medida más drástica: cerrarla.

Fuentes directamente relacionadas con el proceso han indicado a ABC que la multinacional estadounidense estaba dispuesta a vender la fábrica a precio incluso simbólico. Pero la condición pasaba por que el comprador asumiera íntegramente la plantilla y la mantuviera durante un número de años suficiente para eximir a Kimberly-Clark de cualquier responsabilidad laboral. Y este parece haber sido el escollo que al final ha resultado insalvable.

El cierre, además, es inminente, en cuestión de un par de meses. Tras comunicar la decisión a la plantilla, la fábrica permanecerá cerrada un par de días, sin actividad. Luego se reanudará mientras se negocian las indemnizaciones, que serán multimillonarias y en las que al parecer Kimberly-Clark tiene voluntad de alcanzar acuerdos con los trabajadores por encima de lo legalmente establecido para los despidos.

El problema de fondo, sin embargo, no son tanto las indemnizaciones que individualmente reciban los trabajadores sino los más de 200 empleos que desaparecen de un plumazo en una ciudad de por sí muy castigada por el paro y, hoy por hoy, sin perspectivas de nuevos proyectos industriales.

La Consejería de Industria del Gobierno aragonés llevaba meses pendiente de las negociaciones entre Kimberly-Clark y los posibles compradores. En varias ocasiones insistió en que quien adquiriera la factoría contaría con las máximas ayudas posibles por parte de la Administración autonómica.