Manifestante durante las protestas en Egipto - REUTERS

«Si cae Mubarak, Israel quedará completamente aislado»

Tel Aviv teme que un nuevo régimen ponga en entredicho la paz de Camp David

JERUSALÉN Actualizado:

Israel se siente en el ojo del huracán ante los últimos acontecimientos políticos en la región, que parecen abrir cada semana un nuevo frente a la diplomacia de Tel Aviv. Las protestas populares para derrocar a la dictadura egipcia de Hosni Mubarak son sólo el último capítulo. Desde su tratado de paz con Israel, el régimen de El Cairo es un aliado básico para la estrategia israelí de contención frente a sus enemigos en Líbano, Siria e Irán. Y también para su complicado y borrascoso diálogo con los palestinos en el inacabable «proceso de paz».

«Los estrategas israelíes rezan para que las protestas actuales en Egipto se desvanezcan y se evite un prolongado periodo de inestabilidad en el área», declara a Reuters Gidi Grinstein, fundador del prestigioso «think tank» Reut Institute. «Cualquier inestabilidad en Egipto inmediatamente transforma el clima estratégico que se respira en Israel», añade.

Desde hace mucho tiempo, el Estado hebreo ha buscado normalizar sus relaciones con los vecinos árabes, pero sólo lo logró con Egipto hasta los Acuerdos de Oslo de 1993. A partir de ese tratado de paz interino, Tel Aviv pudo lograr una acuerdo con Jordania y con un puñado más de países árabes. No obstante, Egipto —que comparte con Israel una enorme y desértica frontera— sigue siendo con diferencia su socio más importante en todo Oriente Próximo.

Y, además, el Líbano

Las autoridades israelíes afirman en privado que no creen que Hosni Mubarak pueda ser derrocado por las manifestaciones en las calles de El Cairo o Alejandría, tal como se vivió en el caso de Túnez con la dictadura de Ben Alí. Pero en el caso de que cayera, nadie garantiza que el sucesor de Hosni Mubarak —sea quien fuera— vaya a mantener las mismas relaciones cordiales con el régimen de Israel.

La opinión de los egipcios de a pie sigue siendo en general anti-israelí, pese a las tres décadas de acuerdos de paz entre los dos países. Muchos egipcios atribuyen a Israel todos sus males. Se llegó a decir hace poco que los israelíes soltaron a un tiburón asesino en una de las mejores playas egipcias para aterrorizar al turismo extranjero, una de las primeras fuentes de divisas egipcias. La principal fuerza opositora en Egipto, los islamistas Hermanos Musulmanes, no dejan de proclamar que si llegan algún día al poder someterán a referéndum los Acuerdos de Camp David de 1978 —para tumbarlos.

«Si cae Mubarak, Israel se quedará completamente aislado en la región», dice Alon Liel, ex director general de Asuntos Exteriores y antiguo embajador en Turquía. «No sería una amenaza para nuestra seguridad —añade— pero sí un duro golpe político para el gobierno, y un golpe a la moral de la opinión pública israelí».

En público, varios ministros israelíes han tratado de restar importancia a los sucesos en Egipto, para poner en cambio el acento en los últimos acontecimientos en el País del Cedro. «Creo que lo que ocurre en el Líbano es más grave que las protestas en Egipto», ha declarado a la radio pública el viceprimer ministro israelí, Silvan Shalom, al referirse a la caída del gobierno de Hariri y la llegada del candidato de los radicales chiíes de Hizbolá, enemigo acérrimo de Israel.

Israel libró una guerra con Hizbolá en 2006, en la que murieron 1.200 libaneses, la mayor parte de ellos civiles. Partes del sur del Líbano y de Beirut fueron devastadas. Casi dos centenares de israelíes, la mayoría soldados, cayeron en la contienda. Las heridas de ese conflicto armado —para algunas la primera derrota militar del Estado hebreo— están muy vivas en la población de Israel, por lo que la llegada de Hizbolá al gobierno de Beirut atrapa gran parte de la atención. Los sucesos en Egipto podrían ser la puntilla.