Un grupo de chalecos amarillos junto al Arco del Triunfo
Un grupo de chalecos amarillos junto al Arco del Triunfo

Unos chalecos amarillos insultan a una anciana judía en París: «¡Las cámaras de gas no existieron!»

Los hechos tuvieron lugar el pasado sábado en el metro de la capital francesa, cuando los manifestantes se burlaron de la anciana

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Aunque es difícil establecer un perfil, a esta hora parece imposible negar que algunos de los integrantes de los chalecos amarillos militan en ideologías radicales, a veces teñidas de antisemitismo. Como prueba, el pasado sábado, tras las nuevas protestas del movimiento, algunos de ellos insultaron y se burlaron de una anciana judía en el metro de París. La escena fue narrada en Twitter por el periodista Thibault Chevillard, del medio «20 Minutes».

«No tengo costumbre de hablar sobre mi vida personal en Twitter. Pero me ha impactado tanto lo que he visto esta noche en la línea 4 de metro, que siento la necesidad de hablar de ello aquí», escribió Chevillard en su cuenta de la red social. A continuación, explicaba: «Un poco después de las 23h., nos subimos en el metro en Réaumur-Sébastopol. En el interior, tres chalecos amarillos, un poco achispados, gritaban: "¡Macron, dimisión!". Se trataba de hombres de unos cuarenta años, más bien elegantes, que volvían de la manifestación. En el metro, solo se les escuchaba a ellos». Lo grave ocurrió después: los manifestantes comenzaron a hacer la «quenelle», un saludo en apariencia cómico, pero con fondo antisemita, inventado por el muy cuestionado, y de humor cuestionable, cómico Dieudonné. «Una anciana, con el cabello gris y la espalda arqueada, se levantó. Fue hacia ellos y les pidió que pararan. La anciana les dijo: "Este esto es un gesto antisemita. Soy judía, fui deportada a Auschwitz, os pido que paréis". Los tres hombres no pararon, sin embargo. Se rieron. Después, uno de ellos le respondió que las cámaras de gas no existieron». Luego, llegó la bravuconería: «Estamos en nuestro país».

La anciana, según el testimonio de Chevillard, se rindió ante las frases insultantes y descendió del metro cabizbaja.

Contactada luego por el periodista, la anciana, que escogió como nombre ficticio Agnès, y que tiene 74 años y medio, explicó su padre murió en Auschwitz, sin mencionar si ella también estuvo en el campo de exterminio, y negó haberse sentido mal por lo ocurrido: «Eran unos gilipollas que decían tonterías, gente que no tiene educación», declaró a 20 Minutes. Con una singular fuerza de carácter, expresó su alegría por haber tenido el valor de contestar a esos chalecos amarillos, manifestando su orgullo por ser capaz de defenderse sola.

La «quenelle», un saludo inspirado en el fascista, pero con la mano dirigida hacia el suelo, es un invento del humorista Dieudonné, al que los medios franceses califican de «cómico antisemita», no sin motivos. En 2013, ese gesto, realizado por dos militares frente a una sinagoga, encendió una polémica que no se ha apagado del todo.

Respondiendo a la historia de Chevillard, el ministro del Interior, Christophe Castaner, calificó los hechos de «repugnantes», y prometió encontrar a los culpables para que paguen por sus insultos.