Manifestantes del movimiento "chalecos amarillos" sostienen pancartas y banderas nacionales durante una protesta en Braga
Manifestantes del movimiento "chalecos amarillos" sostienen pancartas y banderas nacionales durante una protesta en Braga - EFE

Los chalecos amarillos de Portugal cortan el tráfico para protestar por un incremento en el salario mínimo

La mañana reivindicativa comenzó sin apenas incidentes, aunque con un fuerte despliegue policial

Corresponsal en LisboaActualizado:

«No pertenecemos a ningún partido político. Simplemente, somos ciudadanos portugueses que estamos hartos de los agobios que sufre la población en la actualidad y creemos que Portugal se merece unas mejores condiciones de vida». Son las ideas que presiden la protesta de los chalecos amarillos «Coletes amarelos» al otro lado de la frontera, toda vez que la semilla sembrada en las calles de París ha prendido también en el extremo occidental de la península ibérica.

La mañana reivindicativa comenzó sin apenas incidentes, aunque con un fuerte despliegue policial, en vista de que la convocatoria había circulado en las redes sociales con gran profusión. Eso sí, los cortes de tráfico se dejaron sentir en Lisboa, Oporto y Braga. En menor escala, Aveiro, Coimbra y Guarda se despertaron con varios grupos de personas dificultando los movimientos cotidianos.

En la capital, los grupos de inconformistas colapsaron la céntrica Plaza Marqués de Pombal, desde donde pusieron rumbo al Parlamento. El único detenido por incitación a la violencia en las primeras horas se registró en Oporto.

El lema de los manifestantes que más caló fue «Despierta Portugal», con peticiones como la reducción de impuestos (sobre todo, el IVA vigente del 23%) o el incremento del salario mínimo a 700 euros. Una reivindicación, esta última, que se vislumbra muy lejos de la realidad porque justo acaba de aprobarse cifrar esa partida en 600 euros, algo que entrará en vigor a partir del 1 de enero de 2019.

En cuanto a las pensiones, reclaman que la percepción mínima sea de 500 euros y, por el otro lado, que cesen o se rebajen las sumas millonarias que cobran los jubilados de la política o las grandes empresas.

Igualmente, piden medidas concretas para frenar y, en último término, poner fin a la corrupción, así como limitar el número de diputados en la Asamblea de la República y aplicarles un estricto con el fin de vigilar que no se ausenten de las sesiones parlamentarias.

Tampoco se olvidan de la Sanidad y la Educación, dos sectores en guerra, como demuestran las sucesivas huelgas en curso. De hecho, el paro salvaje de los enfermeros de quirófano arrancó el pasado 22 de noviembre y se extiende hasta el 31 de diciembre, con casi 9.000 operaciones canceladas ya que solo se practican las intervenciones consideradas muy urgentes.

Otro de los focos de protesta se dirige contra la burbuja inmobiliaria, que impide a miles de portugueses acceder a una vivienda digna, especialmente en el centro de las ciudades. Los precios de los pisos turísticos no dejan de crecer y empujan a la población hacia la periferia porque resulta muy difícil mantenerse en las zonas mejor situadas.