La refundación del islam en Francia

Emmanuel Macron y varias organizaciones musulmanas están elaborando varios proyectos de formación de imanes y financiación del islam de Francia, segunda religión nacional

Corresponsal en ParísActualizado:

Emmanuel Macron y varias organizaciones musulmanas están elaborando varios proyectos de formación de imanes y financiación del islam de Francia, segunda religión nacional, cuya «diversidad» y oscura financiación, nacional y multinacional, se han convertido en un problema de fondo.

Los consejeros del presidente de la República están elaborando un proyecto que deberá abordar el otoño que viene todas las cuestiones esenciales: formación de los imanes que predican muy distintas interpretaciones en 2.000 o 3.000 mezquitas y lugares de culto; financiación del culto musulmán, en su diversidad teológica, política y diplomática; economía y fiscalidad del mercado de los productos halal, «alimentos aceptables por la Ley islámica».

Se presta al presidente Macron la intención de «refundar» la organización del islam de Francia (término acuñado por un orientalista célebre, Jacques Berque), con el fin de intentar normalizar un situación que tiene muchos flecos multiculturales inflamables: radicalización yihadista; mala integración social con derivas «tribales»; violencia social…

Todos los gobiernos de izquierda y derecha de los últimos treinta años han intentado organizar en cierta medida el islam de Francia, echando los cimientos de instituciones como el Conseil français du culte musulman (CFCM, Consejo francés de culto musulmán), que no han conseguido evitar conflictos y divisiones teológicas, diplomáticas y políticas de fondo.

Ante el proyecto de «refundación» del presidente Macron, una variopinto relación de asociaciones musulmanas, que llevan muchos años disputándose entre ellas, han creado una Association pour le financement et le soutien du culte musulman (AFSCM, Asociación para la financiación y sostén del culto musulmán), presentándose como una federación de mezquitas y organizaciones «unidas en un proyecto común», por vez primera.

En la AFSCM se integran, entre otras, las siguientes organizaciones reconocidas legalmente: el CFCM, la Gran Mezquita de París (GMP, financiada por Argelia), el Reagrupamiento de los musulmanes de Francia (RMF, financiado por Marruecos), el Comité de coordinación de los musulmanes turcos de Francia (CCMTF, financiado por Turquía), la Unión de las organizaciones islámicas de Francia (UOIF, financiada por los Hermanos musulmanes) la Federación francesa de asociaciones islámicas de África, las Comoras y las Antillas (FFAIACA, de financiación mal conocida).

Según sus portavoces oficiales, la AFSCM se propone «preparar las estructuras responsable de la contribución voluntaria de los creyentes, la economía de los productos halal, comercio de la peregrinación a la Meca, la limosna legal y las donaciones colectivas…». Vasto y complejo proyecto, sin precedentes, ya que, por ahora, las diversas familias del islam de Francia están financiadas de manera no siempre «visible» por Argelia, Marruecos, Turquía, Arabia Saudita, los Emiratos…

Oscura financiación en la frontera

La financiación de las mezquitas y lugares de cultos se realiza de manera legal, autorizada, al menos, por todos los gobiernos de Francia. Pero los intereses políticos, sociales y religiosos de las potencias extranjeras no siempre coinciden, incluso son antagónicos.

Esa financiación autorizada está «complementada» por una oscura financiación en la frontera de muy diversos tráficos ilegales. Se han publicado numerosos informes oficiosos evocando la donación de sumas importantes de dinero negro, transportado en voluminosas maletas, no siempre diplomáticas.

La AFSCM es muy poco prolija en un terreno crucial, muy presente en los sucesivos proyectos gubernamentales: la formación de los imanes que predican muy variopintas versiones de un islam «diverso», incluso antagónico, por momentos.

Sin jerarquía religiosa reconocida, el islam francés roza el «guerra civilismo» religioso desde hace años. Varios imanes partidarios de la integración y la prohibición del velo islámico en las escuelas han sido amenazados de muerte. Numerosos «lugares de culto» han sido cerrados por razones policiales, expulsados de Francia sus imanes, culpables de delitos próximos o semejantes a la «guerra santa».

Jean-Pierre Chevènement, ex ministro del interior (socialista), presidente de la Fundación Islam de Francia (FIF, laica, creada el 2016), considera«indispensable» que los futuros imanes franceses tengan una formación universitaria semejante a la de los sacerdotes católicos: bachillerato, seguido de tres a cinco años de estudios no solo religiosos. La FIF fue creada con la ambición de avanzar proyectos de «integración cultural». Hasta hoy, no ha dado resultados espectaculares.

Se presta al presidente Macron la intención de «integrar» los «consejos» y «experiencia» de la FIF, sin descartar algunas posibles sugerencias de la AFSCM.

Segunda religión nacional, mal integrada, muy diversa, con flecos «guerra civilistas» evidentes, con cierta frecuencia, la religión musulmana está consumando una metamorfosis imprevisible de Francia, la antigua «hija predilecta de la Iglesia».

El Estado y la Conferencia episcopal llevan muchos años intentando ahondar un «diálogo cultural», digámoslo así, de frutos todavía invisibles. Una parte del islam francés, el de los dirigentes de la Gran Mezquita de París (financiada por Argelia), participan con frecuencia en tímidos intentos de diálogo. Pero muchas otras facciones del islam francés tienen una visión imprevisible de su propio puesto en la vida pública nacional.