Nazanin Armanian en los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo
Nazanin Armanian en los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo - JUAN MANUEL SERRANO ARCE

«Los refugiados sabemos que no hay ni presente ni futuro, y el pasado se ha ido»

La profesora de relaciones internacionales Nazanin Armanian, exiliada iraní, habla sobre la situación por la que pasan las personas que abandonan Siria

SantanderActualizado:

Han pasado más de treinta años desde que Nazanin Armanian logró huir de su país (Irán) y establecerse en España. Esta profesora de relaciones internacionales de la UNED se vio obligada a escapar de una situación que no le permitía sentirse a salvo en su lugar de origen y buscar un hogar en un sitio completamente nuevo para ella. Los momentos que pasó le vuelven ahora a su cabeza al observar cómo los habitantes de Siria están abandonando su país para salvarse de la guerra, «el drama de los refugiados».

Nazanin participa estos días, con su experiencia y sus conocimientos como profesora, en Santander, en el ciclo «Libertad de circulación, derechos humanos y seguridad de las fronteras», organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Imparte la conferencia «No es la dictadura, ni la religión: la geopolítica que ha generado 18 millones de refugiados de Oriente Próximo a Asia Central». Pero esta escritora no solo es experta en teoría, sabe mucho de la práctica.

¿Qué es lo que significa exactamente la expresión «el drama de los refugiados»?

Se suele decir también «el duelo de la emigración». O sea, es que de repente estás en tu casa con unos proyectos, unas ilusiones, con tu gente, con tu familia, y en un minuto, en un segundo, se derrumba todo prácticamente. Es el fin del mundo literalmente. Ya no es solo como lo que se conoce como emigrantes económicos, que es dejar atrás una vida que quizás algún día puedas volver, sino que en el caso de los refugiados, no puedes volver. Primero porque se ha derrumbado todo, ya no hay nada, y no solo el hogar, la casa, sino que has visto cómo ha muerto tu hijo, tu familiar, tu vecino… Muchas de estas personas han perdido a toda la familia prácticamente. Estamos hablando en el caso de Siria de cerca de medio millón de personas que han muerto, y los que morirán y los que están ahí heridos… Porque solo hablamos de los que están muertos, pero no de los heridos, de los mutilados, porque son cinco años de guerra…

Por tanto, cuando estas personas salen, ya es un desgarro de tal dimensión que es inexplicable, ya no solo por lo que has sentido, que parece que estás viviendo una pesadilla, sino también cuando aterrizas y ves la realidad, porque para asimilar lo que ha ocurrido necesitas un periodo de tiempo… Porque aquí hay otro asunto, mucha gente piensa que a las personas que viven o vivimos en Oriente Medio, al estar acostumbrados a la guerra, a la opresión, no nos afecta tanto esta situación, y esto no es así. O sea, un niño que nace en una familia tiene su proyecto, juega, quiere ir a la escuela, quiere ser médico o actriz, y de repente, se acaba todo. Pierde a su madre, a su padre… No se sabe exactamente, pero por los cálculos estimados que hemos hecho hay unos quince millones de huérfanos en todo Oriente Medio por las guerras. Quince millones de niños que no tienen padre, madre, o ninguno de los dos...

En definitiva, una vez que tú te hayas salvado y llegas aquí, sabes que no hay vuelta, porque ves que tu país sigue como un infierno. Los refugiados sabemos que no hay ni presente ni futuro, y el pasado se ha ido… es brutal, es inexplicable.

¿Y qué pasa con estos niños que se quedan huérfanos?

La pedofilia, uno de los negocios más prósperos de las guerras. La droga, la prostitución, y el negocio de pedofilia, que se ha disparado en la zona y está incluso por encima del de la droga. O sea, secuestran a estos niños, los trasladan a distintos países, y luego desaparecen. Salió hace poco una estadística de que en la Unión Europea, de los refugiados que han venido, 10.000 niños han desaparecido. ¿Y dónde están?

Durante su ponencia se ha referido a que «los refugiados también tienen categoría». ¿A qué se refiere?

Económica, como en todas las sociedades. Las sociedades de donde salen los refugiados son sociedades de clases: hay clase alta, trabajadores… de todo. Uno que es banquero o profesor de universidad y tiene un sueldo más o menos digno puede coger un avión, porque además tiene buen aspecto, tiene contactos, pero eso no lo puede hacer un maestro, un agricultor o un obrero, que como máximo puede vender todo lo que tiene y salir e irse a Turquía para salvar a su familia. Hay otros que ni esto, que no pueden ni pagar un coche que les lleve a la frontera, se quedan ahí.

¿La sociedad española está mentalizada de la situación que están viviendo estos refugiados?

Sí, miles de personas han ofrecido sus hogares para acoger a los refugiados que llegan. Además, yo he estado en contacto con muchos españoles que se han ido a los campos de refugiados en Grecia o directamente hacia el mar para rescatar a las personas que vienen en pateras. El pueblo español ha mostrado lo que es, un pueblo absolutamente solidario, magnífico.

¿La acogida que se les da en los centros habilitados para ello es suficiente?

No lo es. Una vez que sales de una situación tan trágica y llegas a una paz, dices, vale. Pero con el tiempo, ves que la situación incluso se empeora, porque van a cerrar estos campos de refugiados, van a devolverlos a su origen… Es en una situación psicológicamente tremenda, físicamente increíble, sobre todo para las mujeres, que muchas están embarazadas, van con bebés… Muchas mujeres, además, son violadas por estos caminos. O sea, este es el drama real de las mujeres en guerra. Las mujeres en guerra son las que pasan lo peor.

¿Por qué?

Porque además, siendo encima de los países musulmanes, se añade el factor de honor. Basta que un hombre ajeno a tu familia te toque para que los hombres de tu familia te repudien, te maten o tú tengas que suicidarte. O sea, es brutal. Hay una foto increíble que lo demuestra, de un bombardeo en Siria. Son tres personas, dos hombres y una mujer. Los hombres van en tirantes y agarran las manos de dos pequeños, y la señora agarra su velo. ¡Está en un bombardeo, pero sabe que no puede soltar el velo!

Usted que tuvo que abandonar su país, al ver esta situación, ¿le vienen los recuerdos?

Absolutamente. Es que yo he vivido aquello y sé lo que se siente. Sé lo que es la desesperación. Cuando salí de Irán me di cuenta de que cada palmo de la tierra tiene dueño. Cuando sales de tu territorio e intentas entrar en otro te das cuenta de que tiene propietario. Por eso la gente se echa al mar, porque todavía los mares son los únicos espacios que no tienen dueño. Hasta el espacio aéreo tiene dueño. Fue un descubrimiento chocante. Que para entrar en cada sitio tienes que pedir permiso. Esto es triste.

¿Por qué tuvo que abandonar Irán?

Bueno, yo salí por razones políticas porque en el año 83 hubo un ataque masivo a las fuerzas progresistas, organizaciones feministas, sindicatos obreros… que habíamos salido después de muchos años de clandestinidad y empezábamos a trabajar para Irán, para que su gente pudiera vivir bien. Pero el país tuvo nuevos amos, y estos nuevos amos no lo querían, entonces empezaron a prohibir los partidos políticos, sindicatos, organizaciones feministas… No solo prohibir, sino perseguir a las personas que trabajábamos en esto.

¿Y cómo fue el camino que tuvo que recorrer hasta llegar a España?

Bueno, como muchos iraníes, cerca de cinco millones que salimos por represión, porque no somos emigrantes económicos, sino que muchas salimos por la persecución de la mujer. Las mujeres perdimos muchos derechos, y las que no queríamos someternos salimos. Bueno, también hay muchas que no quieren someterse pero no pueden salir.

Estuve tres semanas en el camino hasta llegar a España, y aquí ha sido muy muy duro. Me detuvieron en el aeropuerto, y si no fuera por la solidaridad de los partidos políticos, de la gente, de los periodistas que sacaron mi caso, no hubiera salido de ahí. Me decían que me deportaban, y claro, eso para mí hubiera sido pena de muerte. Yo he tenido que hacer todo tipo de trabajos. He sido mantera, cocinera, pinche de cocina, he cuidado niños, ancianos… y paralelamente estudiaba. Es muy difícil, pero lo que he hecho yo, que ahora estoy establecida, no quiere decir que si todo el mundo hace un gran esfuerzo lo consigue. Cada situación es diferente. Las personas que vienen con hijos, con familia o con una enfermedad no pueden. Se trata siempre de las oportunidades que tienes y que te dan, y si puedes aprovecharlas o no, pero primero tienen que dártelas.

Si dice que hay muchas mujeres que no quieren someterse, ¿significa que también las hay que quieren?

Claro, estamos hablando de países como Irán, Irak… Claro que tantos años de guerras, de sometimientos, de opresión, crean a gente que ya no quiere luchar, solo sobrevivir, es el ser humano. La guerra es peor que una dictadura, la gente aguanta años de dictadura, pero ni un solo día de guerra. Es el miedo, el instinto de supervivencia. El ser humano no es suicida, quiere vivir bien, en paz, con felicidad. Te adaptas a cualquier situación para sobrevivir.