Notre Dame, símbolo del catolicismo francés

Incendio en Notre Dame, la Catedral de París: últimas noticias en directo en ABC.es

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El espectacular y pavoroso incendio, cuyas causas aun se desconocen, que ha destruido prácticamente la Catedral de Notre Dame, en Paris, es una tragedia no sólo para Francia sino para todos los amantes de la cultura que siempre han visto en esta joya del gótico, Patrimonio de la Humanidad, además de un monumento emblemático, el símbolo del catolicismo de Francia, conocida como «Hija primogénita de la Iglesia» (Fille aînée de l’Église) desde el bautismo de Clodoveo en el año 496.

Se podría decir que la Catedral o Iglesia catedral es el templo en el cual el Obispo, en quien se continua la sucesión apostólica, tiene su sede o cátedra. La Catedral es la Iglesia principal de una diócesis. Es el lugar desde el que el Obispo anuncia el Evangelio y preside la Eucaristía, rodeado del Presbiterio y de todo su pueblo. Sin esta dimensión, propia de cualquier otro templo religioso, su construcción, originariamente, no hubiera tenido mucho sentido. En la Catedral se hace presente la herencia y el testimonio de miles de hombres y mujeres que la construyeron y mantuvieron, convirtiéndola en una realidad viva.

Históricamente, las Catedrales son el primer lugar donde se impartieron conocimientos de teología, latín y gramática, siendo precursoras, en cierto sentido, de las universidades actuales.

La popularidad y fama universal de la Catedral de Notre Dame, se debe, sin duda, además de a su hondo significado religioso, a la belleza deslumbrante que fascina y conmueve a los visitantes, con la reminiscencia del románico normando y las evoluciones del gótico. El arte, en sus diversas expresiones y manifestaciones, ha logrado en este símbolo de la cultura europea, niveles que parecen insuperables.

Las obras de arte inspiradas por la fe cristiana —pinturas, mosaicos, esculturas, arquitectura, orfebrería, obras de poesía y prosa, obras musicales y muchas otras— tienen un potencial enorme, siempre actual, que el tiempo no logra alterar y que permite comunicar de manera intuitiva y agradable la gran experiencia de la fe, en el que se revela el misterio del amor de Dios y la identidad profunda del hombre.

El desarraigo cultural, propio de nuestra época, cuyas causas son múltiples, hace aparecer por contraste el papel fundamental de las raíces culturales.  De aquí que, el enorme poder de comunicación del arte sacro le hace capaz de superar las barreras y los filtros de los prejuicios para alcanzar el corazón de los hombres y de las mujeres de otras culturas y religiones.

Las obras de arte de inspiración cristiana, como la catedral de Notre Dame, que constituyen una parte incomparable del patrimonio artístico y cultural de la Humanidad, son objeto de un auténtico entusiasmo por parte de multitudes de turistas, creyentes o no creyentes, agnósticos o indiferentes al hecho religioso. Este fenómeno está en continuo aumento y llega a todas las categorías de la población, sin distinción de cultura y de religión. La cultura, en el sentido de «patrimonio espiritual», se ha «democratizado» fuertemente.

En este sentido, es importante multiplicar iniciativas para transmitir, en la cultura contemporánea, el sentido del valor auténtico del patrimonio histórico-artístico religioso, de su belleza y su potencial simbólico, así como la adopción de medidas para proteger este inmenso patrimonio heredado de nuestros antepasados, que impida, con los medios tecnológicos a nuestro alcance y dentro de lo posible, se vuelvan a repetir hechos como la lamentable y triste destrucción de la catedral de Notre Dame.

Silverio Nieto,

Doctor en Derecho

Por Silverio NietoPor Silverio Nieto