STRAUSS-KAHN

El señor director Strauss-Kahn se encuentra de orgía

Nunca un político francés había caído tan bajo como el exdirector gerente del FMI: asociado a una banda de proxenetas y prostitutas con quienes tuvo relaciones durante más de una década

PARÍS Actualizado:

Francia está descubriendo con veinte años de retraso la sórdida doble o triple vida, con muchos flecos de violencia sexual y aficiones prostibularias muy negras pagadas con dinero propio y ajeno, de un personaje que fue uno de los financieros más influyentes del mundo, el político socialista más famoso de Francia, Dominique Strauss-Kahn (DSK). Hasta el mes de mayo de 2011, Strauss-Kahn parecía el hombre «providencial», casado con una millonaria, Anne Sinclair, llamado a ser presidente de la República, tras haber triunfado en Washington como presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Gran actor en la escena mundial y personaje recibido con el rango de jefe de Estado, se le veía como el socialista que debía dar a la socialdemocracia europea e internacional un nuevo rostro ejemplar.

Ese formidable castillo de fuegos artificiales, de luminosa brillantez estelar, se derrumbó precipitadamente el 14 de mayo de 2011, cuando una camarera pobre e inmigrante, Nafissatou Diallo, acusó a Strauss-Kahn de intento de violación y violencia sexual. En un primer momento, su esposa y toda la élite socialista francesa, apoyada por casi toda la prensa, comenzaron a gritar «¡Todo es un complot!». Durante los primeros días, Anne Sinclair —la esposa millonaria— y la dirección del Partido Socialista adoptaron una posición altiva, denunciando el funcionamiento de la justicia norteamericana, y lanzando «sospechas» envenenadas contra Nicolas Sarkozy, presunto «beneficiario» de un pavoroso escándalo sexual.

La realidad brutal se impuso con mucha rapidez. Strauss-Kahn tuvo que reconocer que, en efecto, había tenido relaciones sexuales con la camarera. Según él, eran relaciones «consentidas». Según la víctima, se trataba del acoso físico brutal de un personaje de altos vuelos diplomáticos, que intentó violarla por capricho, tras arrastrarla por los suelos, forzándola a una felación que terminó con asco: la víctima escupió el semen de Strauss-Kahn en la moqueta, como probó la policía neoyorquina.

Pero la cosa no quedó ahí. La opinión pública francesa descubrió que quien intentaba convertirse en candidato socialista a la presidencia de la República era, en verdad, un multimillonario con casa propia en Washington, con el dinero suficiente para pagarse una nueva mansión, con piscina y sala de cine particular, en un barrio para millonarios de Nueva York. Ante tales revelaciones, la burocracia política del PS comenzó a alejarse del que hasta unas semanas antes había sido su candidato favorito.

Las primeras investigaciones policiales y judiciales neoyorquinas se toparon pronto con un antecedente que Anne Sinclair, la esposa de Strauss-Kahn, había intentado olvidar. Tres años antes, el Wall Street Journal había descubierto las relaciones extraconyugales de Strauss-Kahn con una de sus subordinadas en el FMI, Piroska Nagy. Cuando estalló aquel escándalo, la esposa traicionada perdonó con rapidez a un esposo, que confesó rápido un «desliz». Pero la policía neoyorquina no olvidaría las declaraciones de la amante forzada a abandonar su puesto: «Este hombre tiene muchos problemas con las mujeres. Es un tipo peligroso, que se cree autorizado a todo y en cualquier momento».

«Compleja afición»

Pronto aparecieron otros deslices, más graves y más antiguos, iluminando la doble o triple vida de Strauss-Kahn en París, Bruselas y Washington, desde sus años de ministro de Finanzas (1997) del gobierno socialista de Lionel Jospin. Mientras la policía de Nueva York seguía instruyendo el escándalo sexual con la camarera negra, en París una joven periodista y escritora, Tristane Banon, desenterró otro escándalo semejante, contando cómo Strauss-Kahn había abusado sexualmente de ella, intentando violarla, años atrás.

La instrucción del escándalo Banon desenterró oscuras complicidades socialistas. En realidad, muchos dirigentes socialistas conocían y habían callado la «compleja afición» de Strauss-Kahn por las mujeres. «Afición» que varios testigos confirmaron dando detalles muy íntimos: su jefe de gabinete como ministro de Economía, entre otros dirigentes y consejeros, estaba al corriente de las «prácticas» del socialista más popular de Francia.

Tristane Banon ha contado con mucho detalle tales «prácticas»: «Me dio su teléfono personal. Me dijo que tenía muchas cosas que contarme. Y me invitó a visitarlo a un apartamento personal. Cuando llegué, en el apartamento solo había una cama deshecha, un televisor y un teléfono fijo. Strauss-Kahn intentó sobarme los pechos. Luego quiso bajarme las bragas. Hasta que se desabrochó la bragueta e intentó violarme».

Tristane Banon y su madre, Anne Mansouret, contaron el comportamiento de Strauss-Kahn a varios dirigentes socialistas. Pero ninguno quiso intervenir. Se trataba, según ellos, de una cuestión «personal». Escandalizada, Anne Mansouret, militante socialista, decidió tirar de la manta, haciendo nuevas revelaciones: «En su día, mi hija me contó el intento de violación de Strauss-Kahn. La creí, inmediatamente, por una razón muy simple: yo misma me vi forzada a aceptar varias sesiones de sexo, en un despacho de la OCDE, para “complacer” a un dirigente socialista que me trató sexualmente con la violencia de un sargento chusquero que no hubiese tenido comercio sexual en varios meses».

Los casos de la camarera negra en Nueva York y de Tristane Banon y su madre en París solo eran la parte menos espectacular de la doble y triple vida de Strauss-Kahn desde años atrás. El capítulo más siniestro de esas vidas paralelas culmina con el escándalo de las prostitutas y los proxenetas del Hotel Carlton de Lille. La policía del norte de Francia llevaba varios años instruyendo, inculpando y encarcelando a varios proxenetas amigos y cómplices del político socialista más influyente del mundo, a finales del siglo XX y principios del siglo XXI.

Imputado por proxenetismo

El caso prostibulario del Carlton de Lille culminó días atrás cuando los jueces que lo instruyen decidieron inculpar oficialmente a Strauss-Kahn por los delitos de proxenetismo y asociación de malhechores con fines proxenetas. Quizá nunca en la historia un político francés había caído tan bajo: asociado a una banda de proxenetas y prostitutas con quienes tuvo relaciones durante una larga década, cuando era el hombre más popular de Francia y uno de los financieros más influyentes del mundo. «Le Monde», «Liberation» y «Le Point» han publicado una relación muy extensa de mensajes telefónicos intercambiados por Strauss-Kahn y sus amigos proxenetas. Los mismos periódicos han resumido con detalle las decalaraciones de prostitutas y proxenetas. Esos documentos iluminan un largo rosario de veladas «libertinas» en Lille, París, Bruselas y Washington con unos detalles muy crudos.

Strauss-Kahn no explica con claridad cuáles eran sus relaciones amistosas con un rosario de personajes de sórdida novela negra: proxenetas, traficantes, mujeres de distinta procedencia; policías corruptos que cobraban en «especie»; prostitutas amantes de proxenetas y policías «encantadas» de ofrecer sus «servicios» al director gerente del FMI, incluso en su propio despacho oficial. Una orgía interminable.